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Habana Dura – Jocy Medina

HABANA DURA 

Jocy Medina. Ottawa, 2016.

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Esta autora nació en Buena Vista, un barrio de la Habana, en 1974. Salió de Cuba con apenas veinte años de edad y desde entonces vivió en Kenia, China, México y Canadá, donde reside actualmente con su madre y su único hijo. Sus primeros escritos se dieron a conocer a través de su blog Un pedacito de Cuba. En él se pueden leer desde artículos donde se dan consejos a quienes quieren conocer Cuba hasta capítulos del libro que aquí comentamos y de otras dos obras que aún están en desarrollo: Habana por la libre y Amigos del enemigo.

Con Habana Dura, Jocy Medina demuestra que se acerca a la escritura con personalidad: sabe a dónde va,  tiene una historia que contar y no se pierde en ella, derrocha energía, naturalidad y espontaneidad, muestra con orgullo su identidad cubana, despliega recursos narrativos propios y, como la protagonista de esta novela, intenta con valentía abrirse camino en la vida, esta vez en el mundo de la literatura, mediante la autopublicación de este su primer libro.

A María, la atractiva protagonista de esta novela, la llaman María Mariposa porque sueña con volar. En este intento, a los veintidós años,  huye de Holguín a La Habana y allí empieza su camino para convertirse en mujer. Esto sucede en una particular época de la historia de Cuba, conocida como el Período especial en tiempos de paz o, simplemente, el Período Especial. Este consistió en una serie de restricciones y cambios como consecuencia de una crisis económica derivada del colapso de la Unión Soviétiva en 1991 y del recrudecimiento del embargo estadounidense en contra de Cuba desde 1992. ¿Por qué es importante subrayar esto? Porque durante esos años la sociedad cubana sufrió grandes transformaciones económicas y morales y justo en ese momento, llega María Mariposa a la capital de la isla.

Lo que vivirá María nos dará una buena noción de lo que era la vida en Cuba en los años noventa, época marcada por la adopción de nuevas formas de gestionar el turismo internacional para ganar divisas extranjeras y por el auge del jineterismo (relaciones interesadas con turistas, mayormente de caracter sexual). La novela nos mostrará también la presencia de la economía informal, las limitaciones en los servicios de educación, salud y electricidad y, sobre todo las transformaciones morales (más difíciles de percibir a primera vista, pero no por ello menos importantes). Resulta muy interesante constatar que Jocy Medina nos permite acercarnos a dichos fenómenos casi desapercibidamente, no los analiza, ni siquiera los enumera, simplemente nos los presenta a medida que narra la vida de esa joven.

El foco de la novela, antes que centrarse en los problemas socioeconómicos, apunta a las inquietudes personales de María Mariposa, los obstáculos que se le presentan para alcanzar sus metas, las inesperadas puertas que se le abren en el camino y sus enredos sentimentales; todo esto dicho con una gran medida de autenticidad, sensualidad y erotismo. La sensualidad se refleja en la importancia que la autora da a los sonidos y a la humedad que se impregna en el cuerpo de María, o al juego del viento en su piel o en su ropa, en su sensibilidad ante los aromas, desde los del café o de la comida, los  del perfume de jazmín o de las colonias varoniles hasta el olor a campiña. El erotismo o la violencia sexual ocupan un lugar no menos relevante en esta obra, más aún porque son descritos en forma metafórica eludiendo exitosamente la vulgaridad. Cito algunos ejemplos: «Arrimó la dura ternura masculina» (p. 37), «La escena empuñó un cañón en los pantalones de […]» (p. 66), «Al […] reventar sus acumuladas ganas» (p. 68), «En cuanto desenganchó su anzuelo» (p. 68), etc.

Esas metáforas se encuentran también fuera del área sexual (ej. «[Él] fue a la piscina a soplar un poco de humo a la luna» (p.118)) y confirman el acercamiento que Jocy Medina tiene hacia lo poético, lo cual le da a su escritura un toque muy personal que ella utiliza con sabiduría. Así la encontramos dándole vida a objetos inanimados o, algo más singular aún, uniendo  dos palabras (como el color de los ojos de un personaje con un participio, un sustantivo u otro adjetivo) para expresar a través de esa fusión el estado de ánimo de la persona (ej. El azuldestrozado, el azulherido, el azulhambriento, el azuldescorazonado, el azulcuchillo, etc. de sus ojos) y así sintetizar el discurso. Eso hace una artista, una creadora que no tiene miedo a explorar nuevas formas  de expresión.

Lo que no hace una artista de la escritura es descuidar su herramienta más elemental: la gramática.  Y la autora falla en eso. Se equivoca en la utilización de los tiempos verbales, en la concordancia de estos, en la puntuación de los diálogos, en la precisión del significado y ortografía de ciertos términos, reutiliza algunos vocablos innecesariamente, etc. Escribir es muy difícil y editar también. Como dice Daniel Gascón describiendo la primera regla de Gardner Botsford (exeditor del The New Yorker) en lo que a edición se refiere: lo que no logra el escritor, lo logra el editor si invierte tiempo suficiente. «Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. […] Por eso un buen editor es un […] artesano, mientras que un buen escritor es un artista». No le vendría mal a esta escritora trabajar más en este dominio o en hacer multiplicar las revisiones de sus textos. Podría también explorar técnicas literarias para enriquecer su ya declarado talento añadiéndole, por poner apenas un ejemplo, un manejo más complejo de los tiempos, que en este libro son lineales.

Por las venas de Jocy Medina borbotea la sangre de una artista. Nada debe detenerla en su deseo de escribir y regalarnos ese impetuoso y espectacular mundo que vive en ella.

Bailar con la más fea – Jorge Carrigan

Bailar con la más fea

       BAILAR CON LA MÁS FEA 

Jorge Carrigan. Editorial Atom Press, In., 2010

He ahí una novela. Creo que debemos complacernos de tener a su autor viviendo en nuestra  región. La novela es intrigante, profunda, creativa, valiente, y musical (y esto último no tanto por los varios extractos de canciones que presenta sino por la melodía de muchas de sus frases; no en vano el escritor es también un poeta).

La novela nos llevará al pasado usando un lenguaje en el tiempo futuro; disfrutaremos de palabras elegantes y coloquiales pero dichas en un tono simple, auténtico; sentiremos que las escenas han sido capturadas natural y complicadamente, sin esa rigidez que muchos escritores se empeñan en inventar como si algo en la vida fuera lineal; pero sobre todo el escritor nos introducirá a una sociedad ajena a la nuestra para hacernos percibir algo de lo que nos es imperceptible a la distancia. No esperemos movimiento, especialmente en su inicio, porque más que de acción esta novela está llena de emoción, de reflexión, de sentimiento. Sus desaciertos están ahí pero son aspectos menores que pueden perfeccionarse más tarde.

¿Su autor? Jorge Carrigan, un cubano que ya debería borrar los signos de interrogación de aquella pregunta que escribe en su perfil de Facebook cuando se le pide definir su profesión: “¿Soy escritor?” Si algo tenía que demostrar, ya lo hizo con esta obra. Ahora debería sentirse orgulloso de sí mismo, confiar en él, continuar su creación y ofrecernos su talento.

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Muñequita linda – Jorge Carrigan

Muñequita linda

           MUÑEQUITA LINDA

Jorge Carrigan, escritor nacido en Regla, La Habana, Cuba en 1954. Ha escrito más de una docena de obras de teatro, cuenta con una vasta obra poética y en el año 2010 incursionó en la novela con su exitoso libro Bailar con la más fea. Su segunda novela Muñequita Linda  acaba ser lanzada al público en noviembre de 2011 en Ottawa, donde actualmente reside.

Con esta obra Jorge Carrigan se reafirma como escritor una vez más. Si bien la descripción de lo que es una buena novela depende mucho de las intenciones de su autor, de su público lector y de la época o el lugar donde se escriben, podemos afirmar que esta novela es de calidad. Sus cualidades son múltiples: originalidad, agilidad, humor, sátira, atrevimiento, sencillez, claridad de expresión, riqueza léxica sin llegar a la exquisitez y, como si todo esto fuera poco, es una novela que nos invita a reflexionar sobre la sexualidad, la valoración de  la mujer y las repercusiones que el avance de la tecnología podría traer a la humanidad.

El tema es muy original: la ciencia ha producido un novedoso juguete erótico, ha creado una muñeca que lejos de ser de caucho o parecer artificial, semeja a un ser humano. Ella es la Muñequita Linda cuyo nombre es Laura. No solamente habla y siente sino que piensa, y por todo ello entabla un juicio a su marido –o sea su comprador- por maltrato, solicitando se le separe de él. Esa es la trama principal de esta obra.

La contracubierta  del libro así como el póster creado para su presentación enfatizan que el objetivo de la obra es poner “en tela de juicio, literalmente, nuestra capacidad para juzgar la moral y la ética de nuestros semejantes partiendo de nuestras experiencias”, afirmación con la cual voy a discrepar. Muñequita Linda es un libro más marcado por el erotismo que por una reflexión ética, y no veo razón para tratar de disfrazar su naturaleza. Los tiempos en los que hablar de erotismo era reprobado tal vez  no hayan acabado del todo, pero eso mismo da un valor adicional a este libro. No es muy difícil introducir una escena erótica en cualquier obra, pero lo que aquí hace el autor es presentar reiteradamente situaciones eróticas sin caer por ello en lo obsceno ni perder el hilo de la historia que se narra.

Aquello de que Laura nos cuenta historias de la vida sexual de los personajes de la novela para mostrar que no están capacitados para juzgarla casi no  se sostiene. Para empezar el único que realmente tiene que juzgar si el trato recibido por Laura fue moral o no, es el juez; quien a fin de cuentas parece dar un fallo acertado. Los abogados de quienes se dice protegen los valores sociales, parecen perder este derecho a partir de las historias de sus propias experiencias sexuales, pero uno de ellos la defiende y el otro –al igual que el marido- está más interesado en proteger la propiedad privada que en juzgar a la demandante. Fredy, el dueño de la tienda en la que vendieron a Laura, actúa como comerciante. El Sr. Matsuda, creador de Laura,  está enamorado de ella. Después aparecen nuevos personajes: un exsacerdote y su pareja, dos monjas lesbianas y un animador de televisión, ellos nada tienen que ver con el juicio; sin embargo,  el autor nos expone parte  de la vida sexual de cada uno de ellos. Jorge Carrigan no está empeñado en  reflexiones éticas sostenidas por una argumentación que busque determinar lo que es moral y lo que no lo es, o para demostrar quién tendría el derecho de juzgar o no. Él quiere hablar de asuntos eróticos. Este tema le interesa, como lo muestra también mucha de su poesía donde el autor se aproxima con acierto al mundo de lo sensual. Bien por el erotismo. Y dejemos descansar a la ética.

Muy buen trabajo, excepto por imprecisiones en el manejo  del lenguaje, particularmente en la ortografía fina y en el respeto de refinadas reglas de sintaxis. Podría decirse que esto es imperdonable en un escritor, pero personalmente voy a pasarlo por alto, probablemente por última vez, ya que sus atributos son muchos y justamente los más difíciles conquistar. A nosotros nos toca leer este libro como al autor le toca seguir escribiendo.

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Historias no autorizadas de Cuba – Jorge Carrigan

Historia no autorizadas de Cuba

HISTORIAS NO AUTORIZADAS DE CUBA

Jorge Carrigan. Editorial Unos y Otros, Inc., 2012.

Jorge Carrigan, escritor nació en Regla, La Habana, Cuba en 1953, y reside actualmente en Ottawa. Ha escrito más de una docena de obras de teatro, cuenta con una vasta y bella obra poética y en el año 2010 incursionó en la novela con su exitoso libro Bailar con la más fea. Su segunda novela Muñequita Linda se publicó en noviembre de 2011 en Ottawa. En el 2012 apareció su última obra Historias no autorizadas de Cuba de cuya crítica me ocuparé en este artículo.

 ¿Qué es la literatura si no un arte? Es decir una visión sensible del mundo que busca transmitir —por medio de la palabra— calidad estética en lo que comunica. Como todo arte necesita de mucho esmero, de talento y de gran conocimiento para alcanzar a cautivar los sentidos, las emociones y/o las mentes de los lectores. Esta última obra de Jorge Carrigan está muy lejos de haber tocado ese nivel, y es sin duda la menos afortunada de sus tres recientes publicaciones. En su defensa podríamos aducir que no se puede comparar una serie de relatos con una novela —como lo son sus dos primeras obras— lo cual es parcialmente cierto, de modo que evitaré volver a hacerlo. Concentrémonos entonces en sus relatos, un género literario caracterizado por un número de páginas poco extenso donde pueden obviarse los momentos de tensión, a diferencia del cuento y la novela. Estas características son relevantes para la apreciación de esta obra ya que si no las tomáramos en cuenta podríamos juzgar negativamente la falta de un argumento elaborado, la ausencia de indicios, de un nudo y/o de un desenlace en estas historias, lo cual sería injusto porque un relato precisamente puede carecer de todo ello.

Historias no autorizadas de Cuba nos presenta un conjunto de escritos relacionados con la vida de Cuba de la segunda mitad del siglo XX y, por lo tanto, nos ilustra sobre la conducta y el proceder de ese país. Estos dieciocho relatos son estampas que retratan las restricciones a la libertad de expresión bajo el régimen cubano, sus sistemas de control, las particularidades de sus relaciones exteriores, las carencias de productos alimenticios y otros artículos básicos en la vida cotidiana de los cubanos y, finalmente, nos ilustra sobre la ignorancia, la astucia y los encantos de su pueblo. Hasta aquí el libro es interesante ya que cumple con la función de retransmitir extractos de la cultura oral y popular cubana que de otro modo podrían perderse.

 El autor recurre a diferentes técnicas que constituyen ya su imprenta estilística. Una de ellas es su buen sentido del humor —probablemente su mejor cualidad— plasmada también a través de diferentes recursos, entre ellos la ironía, la sátira y otros más originales como, por ejemplo, su introducción al  cuarto relato que en realidad está constituida por cuatro preámbulos, uno detrás de otro. Muy cómico. Otros atributos de Jorge Carrigan son la riqueza de su vocabulario y la fuerte energía que trasmite en sus escritos; de esta última deriva un dinamismo agradable en gran parte de la obra. Son de apreciar también sus juegos con los tiempos verbales (ocasionalmente habla en presente para referirse al pasado y  en futuro para referirse a lo sucedido después de aquel pasado). Usa además un lenguaje lleno de cubanismos y de locuciones típicas de ese país que nos hacen compenetrarnos con la personalidad cubana. Interesante.

La debilidad de este libro no está entonces en su cometido —muy loable por cierto sino en ciertos aspectos de su estilo, en su diagramación y en su gramática.

Empecemos con el estilo, con la parte inconsistente del estilo. En general, Jorge Carrigan parece querer comunicarnos sus historias de una manera espontánea y sencilla, de modo que su lectura le resulte fácil al lector. Esto podría considerarse como una cualidad ya que permitiría que sus escritos  lleguen a un público más extenso y cumplan, además, con una función de entretenimiento. No veo allí ningún inconveniente. El problema lo percibo en que dicha preferencia deviene a veces en exceso de simpleza, haciendo sentir que no hay mayor esfuerzo en elevar el lenguaje coloquial a un nivel que —sin que atente contra su naturalidad— lo convierta en literario. Esta contrariedad ocurre solo ocasionalmente, no es algo crítico, pero es un elemento que cuando aparece marca un agudo descenso en la onda en que se va acomodando cada historia.

El dinamismo del autor, al que acabo de referirme positivamente, es por momentos cambiante. A veces parece que la lectura nos quiere atrapar pero de pronto da largas vueltas sobre temas que, además, no parecen ser del todo relevantes o que de serlo podrían presentarse de forma más sintética. Véase, como ejemplo, el primer relato. En sus dos primeras páginas expresa una larga y enrevesada opinión sobre los riesgos de la síntesis en el lenguaje publicitario —entre otros comentarios— antes de dar inicio a la historia propiamente dicha. Ciertamente, el relato trata sobre la síntesis del lenguaje pero no del publicitario, no es obvia la necesidad de tal prolegómeno. Si de hacer una introducción se trataba quizá hubiera sido más pertinente elaborar sobre el intento de hacer inmaculado al régimen comunista o a su líder. Además está el problema de la dilatación, hasta el propio autor parece sentirla cuando anuncia en tres ocasiones que ya va a iniciar la historia. Tal vez no sea justo pero no puedo dejar de evocar a Ricardo Palma, magistral escritor peruano, quien escribiera cuatrocientos cincuenta y tres relatos cortos y satíricos que fueron compilados en la célebre publicación titulada Tradiciones Peruanas. Recurro a este autor como prueba del excelente nivel que puede alcanzarse en este género, incluyendo incluso preámbulos. ¿Podría ser que esta no sea la aproximación literaria que le conviene al autor?

¿Qué problema presenta la diagramación? Algunos y muy serios, suficientes como para causar una mala impresión cuando su función es justamente la contraria: la organización armoniosa de los elementos gráficos. Ejemplos: el texto de la página (p.) 19 es cortado en su primer párrafo –dejando un gran vacío- para continuar en la p. 20; una frase de la p. 10 y otra de la p. 33 son cortadas dando un salto hacia el siguiente renglón; varias líneas son duplicadas al final de la p. 87; el segundo párrafo de la p. 91 es ininteligible, alrededor de una docena de palabras empiezan inmediatamente después de un punto, sin dejar espacio entre ellos, etc. ¿Que este es problema de la editorial y no del escritor? Sí, es posible. Le tocaría al autor determinarlo.

La responsabilidad de los errores gramaticales podría ser también compartida pero me temo que el autor tendrá que hacer un examen de conciencia y asumir la mayor parte de estos, si no todos. ¿Que es difícil revisar un texto o hacerlo revisar antes de enviarlo a imprenta? Es posible que lo sea. Sin embargo, no es una tarea imposible. El avance tecnológico nos brinda un valioso apoyo alertándonos sobre muchos de estos problemas que a veces no denotan ignorancia sino distracción, y que pueden ocurrirle a cualquier escritor. ¿Ejemplos de estas imprecisiones? Los hay variados, básicamente de sintaxis pero también de ortografía, incluyendo la puntuación:

p. 7         “muchos menos” por “mucho menos”.

p. 8         “la gente que la habitan son” por “la gente que la habita es”

p. 9         “frente alguno” por “frente a alguno”

p. 37      “me ha gustado la historia” por “me ha gustado la Historia”

p. 78      “un grupo […] se habían convertido” por “un grupo […] se había convertido”

p. 89      “eso me toca a mi” por “eso me toca a mí”

p. 100    “vidéo” por “vídeo” o “video”; etcétera.

Ninguna de las limitaciones  enumeradas constituye un problema gravísimo en sí pero —para decirlo en palabras de Vargas Llosa— “nada deja de tener importancia en el dominio formal y son los pequeños detalles acumulados los que deciden la excelencia o la pobreza de una factura artística”. Es el conjunto de estas particularidades el que nos obliga a clasificar este trabajo por debajo de un nivel medio. Jorge Carrigan tiene potencial de escritor pero debe trabajar sobre estas debilidades si quiere conquistar tal título.

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Señores, ¡yo no me dedico a eso! – Antonio Llaca

Señores, ¡yo no me dedico a eso!

   SEÑORES, ¡YO NO ME DEDICO A ESO!

Antonio Llaca Busto. Editorial Horizonte C.A., 2013.

Antonio Llaca nació en La Habana, Cuba en 1953. Médico cirujano, activista político y sindical, despliega sus dotes de escritor en la revista Desafíos ─medio informativo de la organización Solidaridad de Trabajadores Cubanos (STC)─ escribiendo desde Venezuela, país al que había emigrado. Escribe posteriormente artículos de opinión y trabajos literarios que se publican en diferentes países tales como Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, Argentina, Suecia, España, etc. Señores, ¡yo no me dedico a eso! es su primera novela recientemente presentada en el local de la Universidad Nacional Autónoma de México en Hull, Canadá.

Los libros ─como cada persona─ tienen la posibilidad de introducirnos a mundos simples, cultos, sofisticados, humorísticos, fantasiosos, realistas, etc. con un manejo del lenguaje que se pasea por todo lugar, no teniendo límites cuando de estilo se trata. Lo que Antonio Llaca nos ofrece en Señores, ¡yo no me dedico a eso! es espléndido: un viaje a La Habana ─permitiéndonos acercarnos a su historia e identidad─, una mirada profunda a la condición de ser mujer, la inspección de los monumentos de la Habana y referencias a la obra de García Lorca, la observación de algunos experimentos sociales cubanos y un vistazo a la relación entre Constitución, sistema legal y justicia en Cuba. Bastante más de lo que podría esperarse de un escritor no célebre.

La obra trata de un juicio realizado en el Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana contra Martica, una hermosa mujer acusada de jineterismo (prostitución), escándalo público, actividad económica ilícita, ocupación ilegal de una vivienda, etc. El juicio nos es presentado etapa por etapa poniendo al descubierto todas las triquiñuelas con que viene envuelto un tal proceso.

La Habana se nos presenta por medio de un lenguaje natural, lleno de regionalismos que capturan con frescura el modo de ser cubano y que no despistan al lector ya que se le ofrece al pie de página sus significados en español castizo. Aparecerán así su modo de transporte, sus viviendas, sus creencias, su economía, los ciudadanos más pintorescos, sus turistas, etc. creando la impresión de estar adentrándose a la idiosincrasia de La Habana.

La descripción de los monumentos cubanos aporta la sensación de estar caminando por las calles habaneras, y las referencias a la obra de García Lorca amplían la mirada hacia el mundo. Aparecen así la estatua de José Martí, de Cristóbal Colón, de Neptuno, de la Giraldilla, las que decoran el Capitolio de La Habana, la fuente de las Ninfas, de la India, de los Leones, etc. tanto en fotografía como en los detalles de su construcción, y se insertan en el texto de una manera tal que casi no interrumpen el discurso. Mostrando un gran apego por la obra de García Lorca cita oportunamente la Yerma, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, etc. Ambas decisiones contribuyen a hacer de la lectura de este libro un deleite.

El lenguaje utilizado por el autor es apropiado, rico, sin afectaciones innecesarias y responde en general a una gramática adecuada. No está exento de errores ─como casi ningún libro que no haya sido revisado por un editor profesional lo está─ pero son descuidos menores que no afectan el evidente refinamiento de la prosa de Antonio Llaca. Más notorio e inconveniente, a mi particular parecer, es el hecho de que el autor escriba respetando las reglas de ortografía tradicionales en lugar de las modernas. No podemos señalar esto como una falta, de ninguna manera, hace solo cuatro años que se han cambiado las reglas ortográficas de nuestro idioma (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa, 2010).Estimo que la asimilación de estas nuevas normas tomará al menos una nueva generación. Sin embargo, son justamente los editores, los periodistas, los profesores de español, los escritores, etc. quienes deben estar a la vanguardia de los cambios en el uso de la lengua y asumir la responsabilidad de difundir el actual manejo de nuestro idioma. Puede que nadie más lo advierta pero ese es justamente el problema: que nadie se entere de los cambios acordados por las Academias. ¿Algunos ejemplos de las novedades en el uso del español? La eliminación de la tilde en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos (este, esta, aquella, etc.), la escritura de los prefijos que deben aparecer unidos a la base (ex, pre, pro, super, etc.), la prescindencia de la mayúscula en las profesiones u oficios (juez, fiscal, abogado, ministro, presidente, etc.).

Sobre el estilo narrativo podríamos decir que hay agilidad, autenticidad, vida, energía, etc. Es un libro que se leerá velozmente, de esos que capturan por su dinámica. Sin embargo, el autor debería tal vez ─y solo a veces─ frenar tanto ímpetu y echar mano de los puntos seguidos para permitir pausas al lector, y ayudarlo así a seguir una lógica que de tan larga y compleja suele perderse en el camino. Hay párrafos de una extensión con la que es difícil lidiar; porejemplo, el iniciado en la página trece y terminado hacia el final de la página catorce sin un solo punto de por medio a pesar de que empieza hablando del juicio de Martica y termina disertando sobre Cuba y el socialismo.

No quisiera terminar estos comentarios sin hacer una mención a la portada de libro, inspirada en el Interrogatorio, extraordinaria obra de Nicolay Bessonov, y al sobresaliente prólogo escrito por María B. Rivadulla quien enmarca la obra en el sentir cubano, y subraya el rol de la mujer cubana antes de la revolución y después de esta. Hace referencia en particular a las llamadas escuelas del campo y al jineterismo ya que ambos fenómenos sociales tocarán la vida de la protagonista.

Es con una inmensa complacencia que descubrimos y presentamos a Antonio Llaca como un nuevo escritor latino-canadiense en la región Ottawa-Gatineau. Invitamos no solo a los cubanos sino a todos los latinoamericanos a leer este libro que tanto dice de la peculiar manera de ser de nuestras sociedades. Antonio Llaca tiene todas las cualidades de un buen escritor: desborda cultura, observa, investiga, mezcla realidad con ficción, tiene humor, no tiene miedo a experimentar, logra dar vida diferenciada a personajes diversos, despierta la curiosidad, consigue elaborar una trama alrededor de una temática central, sabe conectarse con el lector; en fin, cuenta con todas las herramientas para hacer de la literatura lo que debería ser: un arte.

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