Archivos Mensuales: octubre 2016

¿Merece Bob Dylan que se le haya otorgado el Premio Nobel de Literatura 2016?

¿MERECE BOB DYLAN QUE SE LE HAYA OTORGADO

EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2016?

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Muchas reacciones ha suscitado la controversial y dubitativa decisión de la Academia Sueca de otorgar el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, músico de profesión e ícono de nuestros tiempos. Los comentarios provienen de músicos y letristas tanto como de los escritores profesionales, pero también de los amantes de la música y de la poesía, quienes ─y con todo derecho─ se han sentido invitados a dar su opinión.

Una de las polémicas más reiteradas ha sido la de si la letra de las canciones se puede considerar literatura o no. La discusión ha llevado a una conclusión que para algunos de nosotros era obvia: sí, la letra de una canción puede ser poesía. Sí, algunos compositores de canciones pueden ser calificados de poetas. La historia de la literatura muestra cuán unida ha estado la poesía a la música, ambas dueñas de ritmo y melodía. De hecho, la poesía lírica tomó su nombre en Grecia debido que al declamársela era acompañada por las notas de la lira. En Europa, ¿qué eran los trovadores y los juglares medievales si no músicos y poetas? Queda claro también que no toda canción es poesía y que la música al unirse a letra le da una fuerza especial, pero en ocasiones puede restarle poder a la palabra.

Recuérdese también que la literatura ha existido con anterioridad a la escritura. Se ha creado poesía, cuento, tradiciones, leyendas, mitos, etc. en culturas en las que se desconocía cualquier representación gráfica de la palabra, teniéndose este arte que transmitirse oralmente. Al publicarse en papel, en una manera similar a como la conocemos actualmente, desde hace apenas cinco siglos, la poesía se fue alejando de las multitudes, menos capacitadas o interesadas en leer las palabras que en escucharlas, más atraídas a la música o, mejor aún, en la música acompañada de letra; estructura que parece ser su favorita

Para abrirse un camino que la acerque a la gente nuevamente, la poesía busca hoy formas que no estén ligadas solo a su lectura en papel sino a una declamación que se apoye en la actuación, en el movimiento o en la tecnología. Ejemplos de este esfuerzo son el slam, la videopoesía, la ciberpoesía, la poesía electrónica, la poesía visual, la polipoesía, etc. Bob Dylan no forma parte de este movimiento, pertenece a otra época. Sin embargo, la Academia Sueca le otorga el máximo galardón de la literatura mundial «por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense». La pregunta es entonces ¿cuáles son esas nuevas expresiones poéticas? ¿Y estas contribuciones literarias justifican hacerse acreedor del premio literario más importante de nuestros días?

Bob Dylan ha escrito dos libros. En el primero, titulado Tarántula, utiliza el llamado flujo de conciencia para expresar lo que parece ser la angustia existencial del autor. Fue escrito en 1966 y ha sido considerado ininteligible y un fracaso literario. Para muestra baste un botón: en el capítulo titulado «Pistolas, el libro oral del halcón y el gato con tajo impune» nos dice: «El abogado que lleva un cerdo con una correa se para a tomar un té y se come la rosquilla del censor por error». En su segundo libro Crónicas. Volumen 1., escrito en 2004, le fue mejor. Se trata de una obra autobiográfica donde habla de sus inicios como cantante. Sin embargo, la misma Academia Sueca lo dice, el autor ha sido premiado por la letra de sus canciones, no por la de sus libros.

Es consenso que la trayectoria musical de Bob Dylan lo ha elevado a un lugar mitológico. Esto debido a que innovó la música popular desde la década de los 60 comenzando por sus exploraciones con el folk, y más tarde con otros estilos como el blues, el country, el góspel, el rock and roll, el jazz y el swing. Su creatividad no tuvo límites. Tocando la guitarra, la armónica y hasta los teclados rompió esquemas como solo los grandes artistas pueden hacerlo e influyó en el desarrollo de la música contemporánea como pocos. Dos otras características han contribuido a erigirlo como leyenda: su particular voz nasal y muy especialmente la letra de sus canciones. Aunque esta ha sufrido cambios a medida que Bob Dylan pasaba por diferentes etapas musicales está claro que no ha llegado al lugar que ha llegado solo por su música. Sus composiciones son muy realistas y emotivas. Se ha permitido muchas formas de expresión: la tristeza, la agresividad, el sarcasmo, el humor, la denuncia, la opinión, etc. Su lenguaje a veces ha sido simple y a veces críptico, y ambos han impactado en la gente. Cuando lo entendía porque reconocía vivencias reales. Cuando no lo entendía, y aquí incluyo su periodo surrealista, porque la gente creía identificar en esas palabras sus propias dudas existenciales, sus reflexiones religiosas o sus inquietudes sociales. Eso cambió el rumbo de la canción que se escuchaba hasta entonces, muy alejada de la realidad. Y sí, de ahí que Bob Dylan sea un ícono.

Al respecto bastaría mencionar su asociación inicial con el folk comprometido para darle un alto lugar en la historia de la música contemporánea. Sus canciones acompañaron la lucha por los derechos civiles, protestaron contra las armas nucleares, la guerra, la pobreza, la esclavitud, las injusticias de la ley, etc. Insuperable contenido. También escribió sobre inquietudes religiosas, reflexiones filosóficas y mucho sobre el amor. Algunas de sus canciones han sido emblemáticas como aquella extraordinaria y sencilla poesía llena de contenido social y humano que es Blowing in the wind, o ese tierno y hermoso poema que es Sad Eyed Lady Of The Lowlands. Pero encontraremos también letras tan poco literarias como la de If not for you: “Without your love, I’d be nowhere at all. Oh! What would I do if not for you” («Sin tu amor no estaría en ningún sitio. ¿Qué haría yo si no fuera por ti?») o en Idiot Wind (“Idiot wind, blowing every time you move your teeth. You’re an idiot, babe. It is a wonder that you still know how to breath”) («Viento idiota, soplando cada vez que mueves los dientes. Eres idiota, chica, es un milagro que todavía sepas cómo respirar»).

Más allá del impacto que Bob Dylan haya tenido en muchas generaciones ─difícilmente igualable, hay que reconocerlo─, reclamamos que la evaluación de su contribución poética (y aquella no tan poética), con música o sin ella, pase a competir con la literatura de los escritores que parecían ser los favoritos para recibir el Nobel. Citemos apenas media docena de ellos: Ngugi Wa Thiong’o (Kenia), autor de más de treinta obras (novelas, ensayos y cuentos) donde aborda las tensiones entre blancos y negros y las contradicciones políticas y sociales del continente africano, posición que lo llevó a ser encarcelado y exiliado, presenciar la violación de su mujer y sufrir quemaduras en su rostro, y nos dice, por ejemplo que: «Nuestras vidas son un campo de batalla en la que se enfrentan en una guerra continua las fuerzas que se han comprometido a confirmar nuestra humanidad y aquellos que se determinan en su desmantelamiento»; Ali Ahmed Saïd Esber, Adonis (Siria), poeta con más de veinte publicaciones de fuerte compromiso político, también prisionero, y para quien «frente a la razón, vencida por el oscurantismo y la devastación, queda la poesía»; César Aira (Argentina) autor de más de setenta novelas cortas que cuestionan todo estilo literario y que dan forma a una teoría sobre la estética y el arte, que opina que «la literatura no es algo menor, sino el arte supremo»; Joyce Carol Oates (Estados Unidos), novelista, cuentista, editora y crítica, autora de más de cien libros con una fuerte crítica social: «…nuestras vidas están hechas de vidrio, y no hay nada que podamos hacer para protegernos a nosotros mismos»; Philip Roth (Estados Unidos), autor de más de treinta obras sobre la historia moderna de su país («Rivalidad, competencia, envidia, celos, todo lo malo del carácter humano lo alimenta este sistema») donde retrata la asimilación e identidad de los judíos y examina el deseo sexual y la decadencia del cuerpo y Javier Marías (español), autor de doce novelas y más de cincuenta relatos, donde muestra ─entre otros atributos─ ser un maestro del manejo de los tiempos en cámara lenta y en la descripción («Sabré aguardar como aguarda esa luna insistente»).

De la decisión de la Academia Sueca pueden rescatarse dos consecuencias: la primera, haber generado una gran discusión sobre el significado y el valor de la poesía en nuestros tiempos y la segunda, el silencio de Bob Dylan ante este anuncio, debajo del cual pueden leerse tantas palabras. Como dice un colega mío: «Su silencio… ese que sí merece ser premiado».

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