Travesuras de la niña mala – Mario Vargas Llosa

Travesuras de la niña mala

    TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. Escribió este libro, Travesuras de la niña mala, en el año 2006.

Travesuras de la niña mala es una historia de amor. Descontando la obra La tía Julia y el escribidor donde el autor narra la historia real de la relación que lo llevó a unirse a su primera esposa, esta es la primera novela de ficción donde Vargas Llosa trata de una relación amorosa… si se puede llamar amor a ese sentimiento unilateral, tormentoso y doloroso.

El protagonista y narrador, Ricardo Somocurcio, es un traductor profesional, inquieto intelectualmente, un hombre de valores sólidos, que aspira a vivir en París y obtener una cierta estabilidad económica, y lo logra. En su temprana juventud se enamora de una joven que estaría presente en su vida por intervalos irregulares durante cuatros décadas. Nunca más aparecerá otro gran amor en su vida; tampoco formará una familia. Ella se convierte en la mujer de su vida, la única mujer; la busca, la espera, la extraña, la cuida, le ofrece, le da, sucumbe ante ella incondicionalmente; a pesar de que ella no lo merece ni le corresponde.

Ella es una mujer fría que ambiciona poder y dinero desmedidamente. Para conseguirlos, seduce, miente, roba, trafica, manipula, etc., comportamiento que le lleva desgracias de tiempo en tiempo. Ricardo aparece en su vida en esos malos momentos. Ella lo usa temporalmente, y lo abandona cuando ya no lo necesita. Muchos de sus encuentros describen su desamor así como su vida sexual; mientras que sus separaciones dan pie a que ella se involucre en empresas riesgosas. Por ambas razones se ha dicho que esta obra es también una novela erótica o de aventuras. Y es verdad, tiene de ambas. Sin embargo, sigo pensando que el hilo conductor de la obra es la relación de amor que ellos protagonizan; y esto pese a que no se encontrarán escenas románticas ni una profunda exploración de sentimientos o emociones.

De estas dos personalidades tan disímiles nacen los apodos de la niña mala y el niño bueno. Ninguno de los personajes es envidiable pero el lector está invitado a presenciar ambas vidas, y a sentir el desasosiego que ellas producen. Podemos sentirnos distantes o identificarnos con algunos rasgos de sus personalidades, podemos comparar nuestras vidas, recordar, molestarnos, juzgar, detestar, etc., pero no quedaremos indiferentes. Vargas Llosa sabe cómo atraparnos.

La novela se desarrolla en Lima, París, Londres, Newmarket, Tokio, Madrid (barrio de Lavapies) con escenarios de acontecimientos políticos e históricos, así como de transformaciones o características culturales de estas ciudades. El autor introduce, además, varios personajes a los que con pocas palabras les hace adquirir una identidad particular. La historia se enriquece con estas presencias. No hay lugar para aburrirse.

La pregunta nunca respondida en la historia de la humanidad: “¿Qué es el amor?” merodeará en nuestras cabezas al terminar el libro. Percibiremos la vida como corta, delicada y preciosa, donde las cartas mal jugadas pueden llevarnos a la ruina emocional, sentimental y económica. Contrarrestando, nos dejará la sensación de que la vida hay que vivirla y bien, antes de que se vaya o de que nos arrincone.

En cuanto a estilo, es una narración cronológicamente ordenada –algo raro en el autor- con una prosa sencilla, clara, precisa, un vocabulario cultísimo, giros temáticos cautivantes, una trama fascinante llena de sorpresas que hacia el final nos pone el alma en vilo y nos mantiene atados a una sola   pregunta hipnótica: “¿En que terminará tanto enredo?”.

¿RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?

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Acerca de ROXANA ORUÉ

Amo las palabras porque amo a los seres humanos y por medio de ellas me siento en intimidad con quienes escriben o quienes me leen. Compartimos nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros modos de mirar, de decir o de sentir. No puedo decir que leí mucho ni que escribí mucho en mi vida pero puedo afirmar que cuando leí o cuando escribí me entregué por entero a esa relación que existe entre escritor y lector. No hubo nada a medias, me vinculé con cada palabra con la misma intensidad con que vivo cada segundo de mi vida.

Publicado el abril 20, 2014 en CRÍTICAS y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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