Flor de Aribabá – Gloria Macher


FLOR DE ARARIBÁ

Gloria Macher. Editorial Verbum, S. L., 2017.

Gloria Macher es una escritora nacida en Perú, país del que emigró para vivir en Brasil durante una quincena de años. Pasó un periodo de su vida en Estados Unidos y luego viajó a Canadá donde radica actualmente. Cuenta con una maestría en Ciencias Económicas de la Universidad de Montreal. Entre sus obras más notables figuran Las arterias de don Fernando (2013), Mi reina (2014), La gringa del parque (2015) y el conjunto de relatos Viajando por precipicios (2016) que a continuación reseñaremos. Ha sido premiada con The International Latino Book Award 2014 por la primera de las obras aquí mencionadas. El libro que aquí nos ocupa ha sido finalista en el Premio iberoamericano Verbum de novela 2017.

Gabriel García Márquez dijo que no se escriben novelas con ideas sino con imágenes o emociones. Con ideas —explicaba— se escriben ensayos, trabajos académicos, etc. La literatura de Gloria Macher, sin embargo, combina mensaje, imágenes y problemas de la sociedad moderna. En esta obra un problema de salud pública sirve para mostrar los entretejidos de las ambiciones económicas y el poder.

Flor de araribá comienza con una imagen terrible. Marcos Pereira dos Santos, doctor en medicina, está encerrado en una celda llena de moho en una cárcel de Mato Grosso, en el Brasil. Este hongo ha llegado a la lengua del doctor Pereira y la ha poblado de una pilosidad negra que le dificulta respirar. El doctor Pereira dos Santos llegó a Matto Grosso desde Río de Janeiro al haber sido nombrado por Médicos sin frontera para participar en un proyecto de contención de una posible epidemia de cólera. Y ahí comienza la historia.

La intervención del doctor se suponía ligada exclusivamente a su profesión, pero terminó siendo una historia de amor, de traiciones y de reacciones despiadadas para proteger intereses económicos. Con este enfoque, la autora subraya una función muy particular de la literatura: la de la sensibilización social para la protección del medio ambiente y la denuncia de los intereses políticos que se protegen a sí mismos en desmedro del bienestar público. Ambas prácticas —la sensibilización y la denuncia— marcan la narrativa de Gloria Macher no solamente en este libro sino en su obra en general.

Un ciento de personas están internadas en el hospital de Vila dos Santos. Se sospecha que el origen de esos males sea el cólera, se solicitan análisis de laboratorio, pero los resultados demoran mucho en llegar. Las aguas del río Gincoporé parecen estar contaminadas, pero las autoridades no muestran ningún interés en confirmarlo. ¿Por qué? Un grupo de inversionistas de una multinacional llamada Molabanto desean comprar unas tierras en Vila dos Santos, y estas se ubican justamente al lado del río Gincoporé. ¿Quieren los compradores que las tierras bajen de precio? ¿O los vendedores quieren ocultar lo que sucede para asegurarse de que las tierras sean compradas?

El doctor Marcos Pereira no quiere ni plantearse estas preguntas. De manera ingenua, se va adentrando a un problema que él considerará un asunto de salud pública. Lo mira con ojos de científico, y no sospechará que su presencia puede despertar y llamar a la acción a quienes detentan el poder político. Estas personas intervendrán para negar el problema e impedir a todo precio que se investigue ese fenómeno. No es que Marcos Pereira no tenga conciencia de la existencia de intereses políticos. Simplemente quiere desligar unos de otros, concentrarse en aquello que le interesa y para lo cual está capacitado. Él está ahí para mejorar el protocolo de los diagnósticos y tratamientos el cólera. Hará su estudio y su propuesta, y partirá sin intervenir en asuntos que no le competen.

Las ceremonias de candomblé, los cantos propios de esta actividad cultural, la vegetación de la región, su fauna, etc. ambientan el recorrido que el doctor hace por la zona. La autora conoce el país suficientemente para presentarnos sus frutos, sus comidas, sus embarcaciones, sus creencias. Leemos la obra y viajamos.

La flor de araribá la lleva en sus largos cabellos negros, una mujer llamada Alcida que cautiva a Marcos desde el primer instante en que se cruzan. Y el lector lo entiende cuando Alcida voltea a mirar a Marcos «mostrando sus labios de miel, sus ojos almendrados de carbón, y bajando la cabeza con gesto cordial». Así comienza la autora a crear un personajes femenino sensual que se mostrará poco a poco como una mujer inteligente. No es de extrañar que Marcos se rinda ante ella, pese a todos los obstáculos.

La trama se va desenvolviendo muy naturalmente. No hay artificialidad en ella, solo realidad. Quizá esta novela no tenga el poderío de los cuentos de Macher, aquellos que leímos en Viajando por precipicios, pero no carece de las cualidades importantes de este género. Los escritores a veces narran cuentos sin poder escribir una novela y, viceversa, escriben una novela sin poder entregarse al género cuentístico. Con este libro, Gloria Macher muestra su versatilidad narrativa demostrando que puede narrar en ambos géneros.

El libro podría elevar su calidad literaria con una buena edición. La autora no se autopublica, cuenta con Editorial Verbum para revisar su obra, pero —inexplicablemente— esta casa editorial publica el libro sin editarlo (o si lo edita, lo hace muy mal). Sucedió lo mismo con Viajando por precipicios. Lástima que se le quite tanto mérito literario a una obra que transciende las temáticas livianas para hacer de la literatura una herramienta de conciencia social. Lástima porque al lector le afecta. Es hora de buscar una solución a este problema. El trabajo más difícil, que es el de escribir una historia con un mensaje esclarecido, basado en el conocimiento, ya está logrado. Ahí está la creación. Lo demás es forma, pero esta cuenta; sino la literatura no sería un arte.

Paraíso a lo cubano – Jocy Medina


PARAÍSO A LO CUBANO

Jocy Medina. Gatineau, 2017. Autopublicación.

Jocy Medina nació en Buena Vista, un barrio de La Habana, en 1974. Salió de Cuba con apenas veinte años y desde entonces vivió en Kenia, China, México y Canadá, país este último donde reside actualmente con su madre y su único hijo. Sus primeros escritos se dieron a conocer a través de su blog Un pedacito de Cuba. En él se pueden leer desde artículos donde se dan consejos a quienes quieren conocer Cuba hasta capítulos de sus libros Habana Dura y Paraíso a lo cubano.

«Por las venas de Jocy Medina borbotea la sangre de una artista. Nada debe detenerla en su deseo de escribir», decía el último párrafo del artículo donde comenté Habana Dura ─el primer libro de la autora. Hoy suscribo esas palabras, y lo hago porque la escritura de Jocy Medina está llena de energía, transmite una dinámica que fluye sin tropiezos, nos muestra la percepción del cubano común y corriente acerca de la Cuba del Periodo Especial así como aspectos de la religión yoruba, tiene una trama clara de donde la autora casi no se desvía y si bien maneja un lenguaje cotidiano, en ocasiones lo trasciende para ofrecernos también metáforas o simplemente la originalidad con que puede describirse cualquier hecho cotidiano. La autora logra todo esto y no es poco.

La obra trata de una joven veinteañera llamada Dalia Salinas, una chica del barrio de Buena Vista apodada la Chica Mermelada a raíz de que su abuela Rosa —mujer que hace de madre para Dalia— gana dinero vendiendo mermelada a sus vecinos. Dalia no estudia ni trabaja ni tiene claro qué desea hacer en la vida. No lleva una vida social agradable y apenas se interesa por el vóleibol. Su vecino, un buen amigo llamado Pedro, merodea alrededor de su vida. Y Waldo. Este es un general del ejército que trabaja para el Departamento de Seguridad del Estado. Además, es responsable de vigilancia, lo que significa que le corresponde informar sobre cualquier acto expresado por los ciudadanos en contra el sistema político. Es un hombre casado y tiene un hijo, casi le duplica la edad a Dalia, pero vive obsesionado con hacerla su mujer. Son vecinos, lo cual facilita su proyecto de conquistarla, pero en realidad él no necesita facilidades porque no reconoce límites físicos ni morales para lograr su propósito. La vida se encargará de responder a tan tremenda obcecación de manera proporcionada. Es de interés la mención del Comité de Defensa de la Revolución (CDR), organismo establecido en cada cuadra para vigilancia y control de los ciudadanos. Una docena o más de ellos conforman el Comité de Zona. Entre el control y las carencias, los cubanos se las tienen que ingeniar para sobrevivir. Cuando la situación económica apremia a Dalia, esta busca salidas sin mucho éxito. El amor comienza a inquietarla y a presentarse como una solución potencial para el estancamiento de su vida.

En términos generales así se resume la historia de este libro, la cual puede verse desde dos perspectivas. Por un lado, nos ofrece la oportunidad de familiarizarnos con la vida de Cuba desde su propio suelo, alejarnos de la mirada del analista político o del turista para observar la vida de una familia que si bien no es típica, es al menos representante de algunos ciudadanos comunes y corrientes de ese país. Ciertos aspectos pueden serle conocidos al lector latinoamericano, pero no basta haber visto de cerca o haber sufrido la pobreza para entender la vida de la isla; para comprenderla hay que haber vivido allí. Jocy Medina puede dar testimonio de ello porque nació y vivió en Cuba, y vuelve a ella cada vez que puede. A través de su narrativa, Cuba se vive no solo en los espacios o en las expresiones lingüísticas propias del lugar, sino que nos hace experimentar lo que es no poder pensar con libertad ni mucho menos decir lo que se piensa. A través de la protagonista se siente esa sensación de no saber qué hacer con nuestras vidas, ese pesar de no encontrar el rumbo. Se recuerda la frustración de no ver los frutos de nuestros esfuerzos porque la sociedad no nos ayuda a hacer realidad nuestros sueños. Es patético sentir que Dalia camina horas tocando la armónica (filarmónica en términos cubanos) para brindar servicios que nadie puede pagar. Los ojos y oídos vigilantes de los encargados de controlar a los ciudadanos y los peligros que esto conlleva limitarán los actos religiosos, los lugares que se puedan visitar, la comida que se lleve a la boca, los amores que una persona se pueda permitir, etc. Toda la libertad estará afectada, y el argumento del famoso libro 1984 dejará de ser una metáfora para convertirse en realidad a través de un monstruo silencioso que parece mirarnos a cada paso.

Por otro lado, el hecho de que los dos libros que ha escrito Jocy Medina tengan como protagonista a una bonita joven veinteañera muy conocida por su sobrenombre, que ambas vivan en la época del Periodo Especial, que enfrenten grandes obstáculos para salir adelante, que se relacionen sentimentalmente con hombres extranjeros y que, en cierta manera, vean en su unión con un hombre la mejor manera de enrumbar su vida nos hace cuestionarnos la capacidad imaginativa y creativa de la escritora. Ambos libros se parecen en la esencia.

Hay un doble desenlace en la obra, uno de amor y otro de odio, ambos poco creíbles. En el primer caso no porque la historia parezca irreal sino por la falta de elaboración de la relación sentimental de la pareja. En el otro desenlace, el del desamor, el final se parece al de un cuento infantil que hasta incluye una moraleja. Es una historia poco convincente desde el punto de vista familiar, moral, policial o de la criminalística.

El cambio de editor hizo que la obra de Jocy Medina mejorara sustancialmente en la puntuación de los diálogos y de las citas. Sin embargo, a su nuevo editor, Joaquín Nuñez Quincot, se le escaparon otras faltas. Persisten los errores a nivel de ortografía (por ejemplo, dejó pasar la palabra callera en lugar de cayera, pág. 35; si en lugar de cuando se afirma, págs. 49, 72, 74, etc.; asechar en lugar de acechar, págs. 50 y 125; frio en lugar de frío, págs. 52 y 103; descocidos en lugar de descosidos, pág. 91; lijera en lugar de ligera, pág. 129; consiente en lugar de consciente, págs. 193 y 200; etc.), los errores mecanográficos, los de maquetación, algunos en las notas de pie de página, la omisión de palabras imprescindibles, etc. Esto nos enfrenta a la clásica pregunta literaria sobre qué importa más cuando se escribe, ¿el fondo o la forma? Respondo junto con Vargas Llosa, quien ha afirmado repetidamente que en literatura todo cuenta: la historia, los personajes, la ortografía, la sintaxis, la elección de las palabras, la puntuación, la técnica literaria, etc. Todo. Jocy Medina tiene grandes cualidades para escribir, pero si le interesa progresar va a tener que reflexionar sobre los aspectos formales de su obra. Como le decía a ella, escritores los hay de todo tipo, pero los mejores autores no escogen desarrollar una de estas áreas, sino que trabajan en todos los ámbitos: tocan el corazón, el espíritu o el intelecto del lector (o mejor aún, los tres al mismo tiempo) a la vez que buscan la excelencia en la forma de narrar. Ese es el reto de este arte tan complejo que es la literatura. Jocy Medina cuenta con talento para conquistarlo, pero solo a ella le compete decir a qué nivel quiere llegar. El futuro nos lo dirá.

¿POR QUÉ FORBES RECONOCIÓ A GILDA PONTBRIAND COMO UNA DE LAS CIEN MUJERES MÁS PODEROSAS DE MÉXICO EN 2018?

Con sus pinturas

Ante todo, recordemos lo que Forbes significa. Allá por 1917, el joven inmigrante Bertie Charles Forbes fundó una revista especializada en negocios y finanzas en Estados Unidos  —la revista Forbes—.  Esta ganó prestigio internacional al publicar la lista de las personas más ricas de Estados Unidos y del mundo  basándose en datos obtenidos a partir de exhaustivas investigaciones. Con los años B. C. Forbes dio nacimiento a una compañía editorial y amplió sus horizontes de interés a ámbitos como el de las comunicaciones, la ciencia, la política, las leyes, etc. Actualmente cuenta con publicaciones en veinticinco países del mundo, México entre ellos.

Pues bien, Forbes México reconoció a Gilda Pontbriand como una de las cien mujeres más poderosas de México en 2018. La declaración general dicta que: «Estas mujeres poderosas destacan por la forma en cómo se han abierto camino en sus terrenos profesionales con maestría y pasión». Escudriñando los motivos más específicos trataremos de dar respuesta a la pregunta con que se titula este artículo. ¿Por qué a Gilda Pontbriand?

Podría ser porque apenas un año después de iniciarse profesionalmente en la pintura ganó sus primeros dos premios. O quizá porque esos premios se multiplicaron a nivel nacional e internacional en el futuro llegando a sumar veintitrés. O tal vez porque a estos se añadieron once más en fotografía, resultando entonces en treinta y cuatro distinciones en total. Sí, esa sería una razón valedera.

Si este argumento no fuera del todo convincente, podríamos sumarle más de ciento cincuenta exposiciones en diferentes países del mundo; dos reconocimientos del Gobierno de Canadá y el Premio Ohtli del Gobierno de México por su trabajo voluntario y por la donación de más de setenta de sus obras a eventos de recaudación de fondos para ayudar a personas, organizaciones o países en necesidad.

Este resumen de apariencia matemática fría, tiene un trasfondo muy humano porque detrás de esos premios encontraremos obras y acciones impregnadas de matices naturales, sociales, espirituales y hasta históricos. La pintura de Gilda Pontbriand, de colores luminosos e intensos, está llena de simbolismos que reflejan la unión de los seres humanos y la naturaleza (tanto una mujer es un árbol, como un árbol es una mujer; o una flor expone toda su belleza mostrando en su centro un rostro humano) y nos presenta entes que parecen comunicarse con un mundo incorpóreo que invita a vivenciar el misticismo. Otros cuadros de apariencia abstracta convocan nuestra identidad latinoamericana ya que se remontan a centenares de años atrás en la historia de México para rescatar elementos de las culturas mayas y aztecas, y traerlos al siglo XXI en un viaje en donde ambas épocas se entremezclan en cada lienzo. ¿No son estas magníficas justificaciones para que la autora se haga acreedora de este valioso galardón?

Pero aquí no acaba la lista de los pilares con que se afianza la decisión de Forbes México. Uno de tremenda importancia es el que Gilda Pontbriand no haya limitado su vida artística a la creación de sus propias obras, sino que haya compartido sus conocimientos iniciando a otras personas en el arte de la pintura, particularmente a niños de escasos recursos.

No es ningún secreto el compromiso activo de Gilda Pontbriand en las actividades de la comunidad latinoamericana de nuestra región. Véase como ejemplo que fundó la primera Asociación de Artistas Latinoamericanos en Canadá o que es miembro fundadora de la Red de Mujeres Latinas Emprendedoras de Ottawa-Gatineau (MELOG), ha impartido talleres de creatividad y pintura en el Museo Canadiense de la Historia, el Kanata Children’s Chorus, el Ottawa School Board, el West Ottawa Children’s Chorus, entre otros. Sin embargo, es menos visible su trabajo con los niños, el cual merece una mención aparte.

De forma voluntaria y por el extenso periodo de veinte años, Gilda Pontbriand viene dando clases de pintura a niños de Canadá y México. Hace cinco años comenzó a impartir talleres de arte a niños de extrema pobreza en San Miguel de Allende, México, a través de una organización llamada Casa Esperanza. Terminadas las obras de estos niños, Gilda se encarga de promocionarlas publicándolas en Facebook con la esperanza de que alguien las compre. El total del dinero recaudado es distribuido directa e íntegramente entre esos niños en partes iguales. Más aún, ella misma se encarga de que ellos inviertan ese dinero en ropa, útiles escolares o juguetes según la preferencia de los pequeños artistas. En palabras de Gilda: «Quiero darles una lección de vida:  si te esfuerzas y eres constante puedes recibir una recompensa y tendrás la posibilidad de forjarte una vida mejor».

Cuánto más no ratificaría Forbes su decisión si supiera —como lo sabe la gente del entorno de Gilda Pontbriand, donde orgullosamente me incluyo— que esta impresionante carrera y este silencioso desprendimiento de la artista ha sido logrado luchando contra la enfermedad del lupus, un mal autoinmunitario que le impide planificar su vida en forma regular. Pero nada puede contra ese inmenso corazón que la acompaña. De ahí su acierto, porque cuando el corazón genera actos de amor, los guía con sabiduría y los conduce al éxito.

Con la letra g se escriben las palabras generosa, grande, gigante, genial. Con la letra g se escribe el nombre de Gilda Pontbriand.,

Viajando por precipicios – Gloria Macher

 

Viajando por precipicios

VIAJANDO POR PRECIPICIOS

Gloria Macher. Editorial Verbum, S. L., 2016.

Gloria Macher es una escritora nacida en Perú, país del que emigró para vivir en Brasil durante una quincena de años. Pasó un periodo de su vida en Estados Unidos y luego viajó a Canadá donde radica actualmente. Cuenta con una maestría en Ciencias Económicas de la Universidad de Montreal. Entre sus obras más notables figuran Las arterias de don Fernando (2013), Mi reina (2014), La gringa del parque (2015) y el conjunto de relatos Viajando por precipicios (2016) que a continuación reseñaremos. Ha sido premiada con The International Latino Book Award 2014 por la primera de las obras aquí mencionadas.

Desde la lectura del prólogo de Viajando por precipicios ya sentía el anuncio de que este libro sería el descubrimiento de una literatura poderosa. Esto se vería confirmado muy pronto leyendo «La bella adormecida», el primer cuento de esta obra, y sería definitivamente sellado con la lectura del segundo cuento, «El Sol de Siqueiros». El nombre de su autora, Gloria Macher, ingresó así, repentinamente, a mi lista de escritores mayores.

En la primera parte de la obra ─«El mundo donde vivimos»─, sus historias no solo trascienden el ser individual, sino que tocan fibras sociales muy sensibles, alojadas en ocasiones en los extremos más dolorosos de nuestras sociedades, poniendo frente a nuestros ojos algunos de los problemas significativos de nuestro tiempo. En la segunda parte del libro ─«El alma donde habitamos»─, la autora entra más bien al mundo de los sentimientos, los deseos, los anhelos, las sensaciones, las obsesiones y las frustraciones del ser humano, para lo cual se sirve de un estilo muy propio.

He debido decir sociedades, utilizando el sustantivo plural, porque la autora no confina sus historias a una localidad exclusiva, conocida para ella, o los lugares más familiares para un latinoamericano sino que nos pone en contacto con la favela Madureira o el barrio Leblon en Río de Janeiro, Brasil; con la ciudad de Montreal o con un pueblo rural en el norte de Canadá; con la ciudad de Roma, con la comuna de Santa Margarita en Génova o con la isla de Caro en el golfo de Nápoles en Italia; con Palma de Mallorca en España; con la ciudad de Ueda en Japón; con la isla Kauai en Hawai; con el pueblo de Pushkar en el estado de Rayastán en la India; con el puerto de Aberdeen en la isla de Hong Kong, además de llevarnos a México y Perú. Podríamos decir que tiene una cierta fascinación por los espacios circundados de agua, pero sería más acertado afirmar que su geografía imaginaria no tiene límites en la Tierra.

Más allá de los sitios en sí, Gloria Macher se acerca a ambientes específicos que nos harán entrar a mundos inusuales. Citemos, para ilustrar esta afirmación, el caso del ritual del mizuage donde una aprendiz de geisha pasa a ser profesional, el encuentro de un hombre con esa gran mancha de basura en el Pacífico llamada la Isla de Plástico, el sórdido mundo de los vagabundos, etc. Esta aproximación es particularmente elogiable porque no la hace explotando tanto su mirada de narradora externa sino que logra que nos acerquemos a esos entornos a través de sus propios   personajes.

Si Mario Vargas Llosa nos enseñó en sus últimos libros que el poder de la técnica literaria era capaz de imponerse por sobre el contenido de la obra, Gloria Macher nos muestra que el argumento puede hacernos prescindir de la sofisticación de la técnica literaria. Lo que a la autora le importa es sacudir al lector, hacernos tomar conciencia de los problemas medioambientales, de la injusticia laboral, del abuso frente a la mujer, de los malos caminos a los que puede conducirnos la limitación de las posibilidades socioeconómicas o, en su defecto, ingresar a la intimidad de las personas. Su escritura es fundamentalmente directa, lineal, natural y dinámica. Su narración se concentra en las historias mismas antes que en engorrosas descripciones o extensos diálogos. Se ocupa de estos, sin embargo, inadvertidamente, con una gran economía de palabras. Lo mismo sucede cuando se trata de entrar al mundo emocional o sentimental de las personas ya que hace uso de los hechos para mostrarlos, de modo que no es tan importante cómo se consume en odio, por ejemplo, uno de sus personajes sino qué hace para exteriorizar esas emociones.

En medio de este mundo tan sujeto a la realidad, donde el conocimiento y la investigación resaltan, Gloria Macher nos sorprenderá con su manejo de lo fantástico al convertir el medioambiente o una armadura de combate en personajes vivientes, o se lucirá con su control de la imaginación cuando trate de sorprender al lector con finales inesperados.

Frente a esta maravillosa literatura no nos es posible entender el que se vea afectada por la falta de edición. Gloria Macher cuenta con un diploma de traducción de la Universidad de McGill, y su escritura irradia talento. No ponemos en duda su capacidad como escritora, pero escribir es un arte extremadamente complejo donde el editor o editora tiene un rol determinante. No existe el escritor que pueda prescindir de un editor. Cuando no se necesite ajustar la estructura de los textos, se necesitará revisar el estilo de comunicación, la veracidad del contenido de la obra o su forma (ortografía, puntuación, gramática, etc.). Esta última parte es la única donde falla este libro, y probablemente la más fácil ─aunque trabajosa─ de resolver. Quien está en cuestionamiento aquí es la casa editorial. ¿Por qué se descuida este aspecto formal tan crucial en el producto final de una obra artística? La respuesta a esta pregunta sigue siendo un enigma para mí.

Un precipicio es un despeñadero por el cual es peligroso caminar. Y sí, descubrir Viajando por precipicios es un peligro; sin embargo, el riesgo al que se somete al lector al leer este libro no es ningún otro que el de hacerlo más humano, un mejor conocedor de nuestro mundo, con la gratificación que esto supone, pero también el dolor que esto conlleva. Esta es una lectura absolutamente recomendable.

Guía triste de París – Alfredo Bryce Echenique

Guía triste de París

GUÍA TRISTE DE PARÍS

Alfredo Bryce Echenique.  Alfaguara / Promoción Editorial Inca S. A., 1999.

Alfredo Bryce Echenique nació en 1939 en Lima dentro de una familia de abolengo de la alta burguesía. Su padre y abuelo fueron banqueros y su bisabuelo materno ostentó el cargo de presidente constitucional del Perú. Su familia rechazó la vocación del escritor lo que lo condujo a estudiar Derecho. Con el pasar de los años, sin embargo, se formó en literatura francesa clásica en 1965 y en literatura contemporánea en 1966 en la Sorbona, Francia. Hizo su primera publicación en 1968 y desde entonces ha escrito doce novelas y ocho libros de cuentos, además de varios ensayos y textos biográficos.

Guía triste de París llegó a mis manos después de haber leído Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez (GGM), y no pude evitar la comparación. Los doce cuentos de GGM son historias lúgubres de extranjeros en Europa. Las de Alfredo Bryce Echenique son catorce relatos que suceden en París, donde la gran mayoría de sus protagonistas son varones peruanos, y aunque el título sugiera que son tristes ─y de hecho esencialmente lo son─ también están llenas de humor. En ambos libros se incluyen cuentos que habían sido previamente publicados como crónicas viajeras o periodísticas. Unifican a los personajes de estos veintiséis cuentos las incómodas experiencias que pueden tenerse al vivir fuera de la tierra natal, pero aquí se detienen las semejanzas entre ellos. Todo lo demás es diferencia.

Para quienes no han vivido en el extranjero, este libro les presentará un claro contacto de lo que puede significar salir del nido y vivir en tierras extrañas. Los protagonistas vivirán el choque de dos mundos: el suyo y el parisiense. Enfrentarán el denominado choque de las culturas. A un joven donjuán le costará aceptar que sus maneras de aproximarse a las mujeres no funcionan en París y no solo por el desconocimiento del buen manejo de la lengua francesa sino porque culturalmente esos modos no son aceptados en París; a otros personajes, la relación de pareja en las llamadas relaciones mixtas fracasarán, etc.  Otros serán gobernados por la inseguridad, la frustración, la soledad o la depresión; esto se verá, por ejemplo, en el caso de un joven a quien una alemana le robará el corazón y algo más; o en el caso de un humilde hombre a quien el acercamiento hacia una mujer le será esquivo, o a la inversa cuando la protagonista es mujer; o cuando a otro personaje le cae todo el peso del dolor. El lector se enterará también de otras experiencias miserables más simples y cotidianas, pero que no dejan de fastidiar la vida del extranjero. Por otro lado, y en contraste con lo mencionado, no faltará el contacto con la picardía latina en un medio que no la entiende.

 Todo esto dicho en medio de los más versátiles recursos y las variadas expresiones de la cultura de la época: el recuerdo del título o letra de canciones populares, el nombre de cantantes u otras personas de la farándula, el nombre de periódicos de la época, títulos de libros, la utilización de incorrectas pero naturales maneras de hablar («mamasel mamacita», «garsón»; «silvuplé»; etc.); citas de poetas o escritores; etc.

Humor, autenticidad y sensibilidad son las tres palabras con que describiría el estilo de Alfredo Bryce Echenique si me limitara a decirlo todo en tres vocablos. Un humor natural, que cae frecuente e inadvertidamente, cuando uno menos lo espera, en una palabra, en un apodo, en una escena. Un humor inacabable y muy suyo, sin copias. Un humor que no parece buscado, sino que parece brotar del escritor. Y autenticidad ─quizá ambas cualidades ligadas─ porque no parece estar escogiendo o inventando escenarios. Estas historias dan la impresión de ser reales, si no lo son. Y tanto mejor para el autor si son inventadas, porque el lector no se enterará de ello al leer los cuentos. La tercera cualidad, que muy bien podría ser la primera, es la sensibilidad y esta se muestra al ingresar al corazón de los protagonistas con movimientos lentos, avances profundos y, en ocasiones, muy emotivos.

Dado que no estoy forzada a limitarme a esos tres términos, añadiré dos observaciones más: su muestra de libertad y su homenaje a la imaginación. Que el autor es libre se muestra en el cuento titulado «Retrato de escritor con gato negro» donde el final tiene dos versiones.  Toda literatura es un homenaje a la creatividad o a la imaginación, pero el cuento «Debbie Lágrimas, Madame Salomon y la ingratitud del alemán»  honra esta cualidad muy particularmente.

París es así una ciudad, que bien podría ser otra ciudad de Europa, o una canadiense, o cualquier otro lugar muy ajeno a nuestra tierra de origen, donde algo se ahoga, donde reír no es tan fácil, donde no se sabe si se vive o si se está encarcelado, donde la nostalgia nos invade sin que nos demos cuenta. Rodear esto de naturalidad, sarcasmo, ironía, humor, ingenio, es la marca literaria de Alfredo Bryce Echenique.

¿RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?

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Doce cuentos peregrinos – Gabriel García Márquez

Doce cuentos peregrinos

DOCE CUENTOS PEREGRINOS

Gabriel García Márquez. Editorial Oveja Negra, 1992.

Gabriel García Márquez (GGM) nació en Colombia, departamento de Magdalena, municipalidad de Aracataca, en marzo de 1927. A los 55 años, en 1982, recibió el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca justificó esa decisión diciendo que el autor había logrado mezclar lo fantástico con lo real mientras presentaba los conflictos de Latinoamericana. Se referían al estilo que GGM hizo famoso y que se denomina realismo mágico. GGM fue reconocido también por sus posiciones políticas ya que manifestó abierta simpatía por la revolución cubana y fue amigo de Fidel Castro. También fue mediador entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano, entre el grupo M-19 y el gobierno de Betancourt, y entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Andrés Pastrana.

La obra Doce cuentos peregrinos bien podría haberse titulado Doce cuentos siniestros o Doce cuentos lúgubres, pero hizo bien el autor en titularla con el adjetivo que utilizó porque es un término que se presta a jugar con la palabra. Peregrino es alguien que anda en tierras extrañas, y todos los protagonistas de este libro son extranjeros. Peregrino es también alguien que por devoción va a visitar un lugar santo, lo que se cumple en un par de estos cuentos. Es peregrina el ave que va de un lugar a otro, y eso es justamente lo que pasó con estos cuentos, los cuales se escribieron  en el transcurso de casi dos décadas y hasta llegaron a perderse definitivamente, teniendo el autor que rescatar de su memoria a los más afortunados. Algo peregrino es también algo raro, y en estos cuentos hay mucho de extraño. Los dos títulos que sugerí al inicio de este artículo habrían tenido solo la ventaja de advertir al  lector las emociones que le esperaban al leer el libro. No teniendo la suerte de ser prevenida, solo me quedó hundirme inadvertidamente en esta ciénaga de historias funestas.

Son aciagas porque de las doce historias, diez aluden o tratan directamente sobre la muerte. En realidad ningún cuento parece salvarse de este destino porque en uno de los restantes la protagonista termina como muerta viviente y en el otro se dedica a dormir, eliminando así toda interacción vital con su coprotagonista, casi como negando la vida. Es curioso que García Márquez haya enfocado desde ese ángulo las anécdotas de los extranjeros en Europa, pero desde alguno tenía que hacerlo. Este libro tuvo su génesis en un sueño donde el autor asistía a su propio velorio, algo que le hizo cuestionar su propia identidad. Ni él mismo entiende por qué. Lo que sí queda claro es que GGM escribió un cuento sobre ese sueño, historia que sería parte de esta antología, pero nunca llegó a publicarlo. Tampoco es un secreto que tenía toda la intención de convertir estas historias en una novela o, más tarde, en cuentos pero no aislados sino con una consistencia interna en el estilo y el tono. Es comprensible, entonces, que haya escogido un contenido y un ambiente fúnebre para casi todos ellos.

                Para quienes aman las reseñas, aquí les dejo una muy breve de cada uno de los doce cuentos:

  1. Buen viaje, señor presidente: Un viudo de setenta y tres años, enfermo, busca recuperarse en Ginebra, Suiza, pero la nostalgia del Caribe se impone en su vida.
  2. La santa: Una niña fallecida a los siete años de edad es desenterrada once años más tarde para ser encontrada intacta, con la piel tibia y tersa y comprobar que su cuerpo no tiene peso. Su padre decide llevarla a Italia, desde los Andes colombianos, para obtener un veredicto del Vaticano, y así inicia su aventura kafkiana.
  3. El avión de la bella durmiente: Un hombre se alista a tomar un avión en el aeropuerto Charles de Gaulle en París con destino a Nueva York cuando ve a una mujer bellísima y se enamora de ella. La casualidad quiso que terminaran sentados juntos en el mismo avión.
  4. Me alquilo para soñar: Una colombiana viaja a Viena, Austria y explota sus facultades adivinatorias para poder sobrevivir.
  5. «Solo vine a hablar por teléfono»: El auto de María de la Luz Cervantes, mexicana de veinticuatro años, sufre una avería en un paraje desolado de Barcelona. Al buscar ayuda, tiene la desdicha de terminar en un manicomio para sufrir el peor de los dramas.
  6. Espantos de agosto: Cuento de horror y fantasía sufrido por una pareja que viaja a la Toscana, Italia, acompañada de sus dos hijos pequeños.
  7. María dos Prazeres: Portuguesa de setenta y seis años, vive en Cataluña, convencida de la inminencia de su muerte, y se prepara para ella. La vida le dará, en cambio, una sorpresa inesperada.
  8. Diecisiete ingleses envenenados: Prudencia Linero, colombiana de Riohacha, viaja a Roma, Italia, para cumplir el sueño de su vida: conocer al Papa. Antes de lograrlo, casi es testigo de la muerte de muchas personas, salvándose de ella gracias a su intuición.
  9. Tramontana: Unos suecos llevan a la fuerza a un joven de Barcelona a Cadaqués, donde ocurre una tragedia.
  10. El verano feliz de la señora Forbes: Una institutriz alemana llega a Sicilia, Italia para encargarse con extremo rigor del cuidado de dos niños.
  11. La luz es como el agua: Despliegue de la fantasía infantil de dos niños colombianos radicados en Madrid, imaginación donde ingresan también elementos trágicos.
  12. El rastro de tu sangre en la nieve: Historia desdichada de amor de una pareja adinerada que viaja a París para vivir su luna de miel.

Viniendo estos cuentos de uno de los merecedores del premio Nobel de Literatura, y con excepción de un par de ellos, estas historias dejan un sinsabor, como si algo en ellas no estuviera a la altura de este grandioso escritor. No se trata del lenguaje ni de la información con que ambienta las historias, ya que ambos elementos son de singular calidad. Tampoco de su sintaxis ya que en cada frase se constata el esmerado trabajo de un profesional que domina excepcionalmente su lengua. No se trata de la atmósfera ─muy bien lograda─ ya que el autor deja a través de sus letras triste o desagradablemente silencioso al lector. La desazón parece provenir del enfoque estilístico de las historias. Hay mucho de fantástico e irreal en la mayoría de estos cuentos, debido a lo cual los críticos han hablado de la evidencia de la corriente literaria del realismo mágico en ellos. Es aquí, sin embargo, donde creo que se presenta la contrariedad. El realismo mágico no se caracteriza por transmitirnos hechos no creíbles sino por darles verosimilitud interna a historias increíbles. Y eso solo se logra en el quinto y último de estos cuentos. Los demás son ya sea totalmente creíbles o definitivamente increíbles. Esto en sí no los descalifica como buena literatura, solo que si se esperaba coherencia estilística entre los cuentos, como el propio autor anuncia en la introducción del libro, es desconcertante no encontrarla.

A propósito del prólogo del libro, leer esta obra habría valido la pena si tan solo fuera por enterarse de esta íntima confesión del sentir y proceder de Gabriel García Márquez en cuanto a la escritura. Es un maravilloso regalo para el lector.

Vivir o sobrevivir. Psicología conductual, cognitiva transpersonal – Guillermo Machado

 

Vivir

VIVIR O SOBREVIVIR. PSICOLOGÍA CONDUCTUAL, COGNITIVA TRANSPERSONAL.

Guillermo Machado. Amazon Digital Services LLC, 2016.

Desde las tesis monistas ─con sus concepciones mecánico-formales o vitalistas─ y las tesis del dualismo hasta las aproximaciones hermenéuticas, el ser humano lucha por entenderse a sí mismo. Filófosos, antropólogos, psicólogos, sociólogos, astrólogos, místicos, etc. han tratado de explicar el sentido de la vida y la naturaleza humana a partir de sus observaciones, hipótesis o teorías sobre el comportamiento humano echando mano, en ocasiones, de los conocimientos de ciencias más exactas como los de la biología, la química, la astronomía, las ciencias atmósfericas y más recientemente, de los de la física cuántica, así como de sus creencias religiosas y cosmogónicas.

Guillermo Machado utiliza en esta obra un enfoque holístico donde prácticamente todos los elementos que acabamos de mencionar juegan un rol en su intento de brindarnos una guía práctica para vivir una vida en paz, en equilibrio interno y en armonía con el mundo que nos rodea. Ese es, sin duda, un libro de autoayuda que bien podría encajar en el movimiento de Nueva Era o New Age. Se basa en una compleja concepción y visión del ser humano; sin embargo, el autor se esforzará en simplificar su perspectiva, en ser metódico y en usar un lenguaje comprensible para invitarnos a revisar nuestra conducta, valores, ambiciones, limitaciones, necesidades, sentimientos y emociones. Analizará diferentes tipos de comportamientos enfocándose en aquellos que, al parecer, nos ayudarán a ser felices. Nos brindará consejos para orientarnos sobre el qué, cuándo, dónde y cómo hacer bajo la asunción de que solo nosotros somos responsables de cómo nos sentimos. Tocará muchas áreas: la moral, la religiosa, la intelectual, la del lenguaje, la de las relaciones humanas, la actitudinal, la de nuestros hábitos comportamentales, la emocional, la del cuidado corporal (físico y nutricional), la de las enfermedades psicosomáticas, la de nuestra relación con el tiempo así como con la muerte y el medio ambiente y hasta las de la planificación de nuestra vida y nuestra economía.

Respondiendo a su formación psicológica, Guillermo Machado nos hablará también de la relación entre el ego, la mente y las emociones, y de la importancia de conocer los orígenes de los patrones inadecuados que se instalan en nuestra personalidad para poder deshacernos de ellos. Asimismo, hacia el final del libro dará una mirada a las teorías psicológicas contemporáneas más reconocidas actualmente en lo que respecta a la explicación del comportamiento humano.

Las ideas centrales que se nos presentan en este libro son las siguientes. Los seres humanos somos en esencia energía universal y, como tal, nunca moriremos. Todos somos una sola energía y podemos considerarnos seres divinos. El cuerpo que nos acompaña no es más que un vehículo temporal en el que encarnamos al llegar a la Tierra. Este vehículo pretende gobernarnos a través de los pensamientos, del lenguaje y de las emociones. Para encontrar el silencio, la paz y la dicha tenemos que encontrarnos a nosotros mismos, esencia de amor y de creatividad. Eso se logra en la consciencia desde donde somos capaces de controlar a nuestro impertinente cuerpo. A la vez deberíamos confiar en la vida, en la providencia porque todo lo que sucede tiene una razón de ser y, a la vez, es anecdótico ya que nuestra vida aquí no es permanente. Nuestro camino es inmenso, iremos a otros planetas e incluso a otras dimensiones. Estos conceptos tiene como marco ciertos principios de la doctrina filosófica del budismo de la que toma sus más difundidos conceptos, utilizando la terminología sánscrita, para retransmitírselos al lector.

El autor otorga una gran importancia a la meditación la cual es considerada esencial en el camino espiritual junto con la entrega de amor. Recopila resultados de investigaciones que nos muestran los estados que produce en el cerebro el meditar y las consecuencias que esto genera en nuestra vida diaria. Es uno de los temas mejor desarrollados en la obra.

El acercamiento de Occidente a la filosofía oriental comienza a fortalecerse en la segunda mitad del siglo pasado, pero su homologación con las ciencias físicas ─particularmente la mecánica cuántica─ se popularizó a partir de la década de los ochenta. Hoy en día sus adeptos se han multiplicado y esta visión pareciera estar en su apogeo. Se hace masoterapia, terapias físicas, terapias psicológicas, etc. aplicando estos conceptos. La comunidad científica, sin embargo, ha marcado sus límites no dando validez a ninguna de estas posiciones, afirmando más bien que entran en el ámbito de la pseudociencia. Quienes apoyan el misticismo cuántico consideran que los científicos no ven el panorama completo y que tratan de reducir la explicación de lo que es un ser humano. Afirma, además, que a veces hacen esto solo en respuesta a intereses económicos.

Guillermo Machado se identifica con este misticismo cuántico, se aferra a él y lo divulga para dar apoyo a su teoría de comprensión de la vida. Extrañamente, el misticismo parece necesitar el reconocimiento de la ciencia. Es verdad que la ciencia no ha podido explicar ni la psicología ni la espiritualidad del ser humano con la solidez con que ha explicado su biología, su química, etc. Nada más cierto. ¿Para qué recurrir entonces a una parte de ella para hacerse validar? En este afán, los no científicos, recurren a resultados de experimentos o conocimientos que no entienden muy bien ─porque no es su ámbito─ y los utilizan para dar apoyo a sus creencias. Y justamente allí es donde más fallan.

Machado afirma, por ejemplo, que de acuerdo a la resonancia Shumman la Tierra ha aumentado su grado de vibración, lo que no tiene sustento científico ya que estas ondas electromagnéticas no están en aumento sino que varían contantemente dentro del rango de los 8 a 12 hertz y, más aún, desaparecen en los momentos en que no se producen relámpagos en el planeta. El autor, en otros casos, maneja conceptos de la tercera y cuarta dimensión ajenos a la ciencia y los asocia con los hemisferios cerebrales y el comportamiento humano. Cita al Hospital Hopkins como promotor de la terapia de muerte a las células cancerígenas con ayuda de los nutrientes en desmedro de la quimioterapia, pero sus referencias provienen de blogs e ignoran que el Johns Hopkins Kimmel Cancer Center ha hecho un desmentido oficial de esta divulgación. Otra información equivocada es la de que los envases plásticos al calentarse liberan dioxinas que causan cáncer. O aquella de que beber agua en botellas de plástico es peligroso por el antimonio que se desprende de estas con el calor, cuando ya se ha establecido que estos químicos están por debajo de los límites aceptables establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Se apoya en estudios pseudocientíficos del agua para afirmar que esta escucha, tiene memoria, se estresa, elimina el odio, la malicia, etc. Entre sus referencias aparecen los importantes, pero cuestionados estudios del Dr. Masaru Emoto acerca de que los pensamientos o la música alteran las moléculas de agua. Lamentablemente, los métodos que llevaron al Dr. Masaru a dichos resultados no han pasado la prueba del rigor de la comunidad científica y, en consecuencia, sus conclusiones no han sido respaldadas en sus reconocidas publicaciones.

Debemos admitir que en este libro el autor ha intentado ofrecer todo tipo de herramientas para vivir mejor confiando en sus estudios, su experiencia y su intuición. Es un esfuerzo encomiable. Los lectores no necesariamente aceptarán todas estas, pero puede que se identifiquen con algunas o muchas de ellas, porque siempre habrá algo de lo dicho que necesitemos escuchar. Más importante aún, Guillermo Machado toma una clara posición al lado del bien, del amor, del optimismo, de la fe, en una época en que tanto necesitamos defenderlos de lo contrario. Responde al deseo de transcender y no dudamos de que este es el mismo sentir de muchos que encontrarán en estas páginas un lugar donde conocerse, reconocerse y desarrollarse con miras a su felicidad.

Desobediencia civil – Henry David Thoreau

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DESOBEDIENCIA CIVIL

Henry David Thoreau. Babel, 1949.

Henry David Thoreau (1817-1862) estadounidense de nacimiento, descendiente de inmigrantes franceses fue profesor, filósofo, naturista y literato. Se considera que él es uno de los fundadores  de la literatura de Estados Unidos ya que en aquella época esta recién surgía. Es famoso por haber propuesto una forma de rebelión contra el Estado llamada la desobiencia civil. También es célebre por haber vivido durante algo más de dos años en una cabaña aislado en un bosque, para experimentar la vida en la naturaleza, experiencia que reflejó en un libro titulado Walden ya que su vivienda estuvo ubicada cerca del lago Walden Pond. Thoreau cuenta con más de treinta obras siendo las más conocidas Desobediencia civil (publicada inicialmente como Resistencia al Gobienor civil) (1849) y Walden (1854). Además, participó en la actividad clandestina de transportar esclavos hacia Canadá para otorgarles su libertad.

Desobediencia civil es un ensayo que se dictó como conferencia en 1848 con el nombre Los derechos y obligaciones del individuo con el Gobierno. Este bosquejaba el pensamiento de Thoreau respecto a la relación que debería tener el individuo con el Estado. Este vínculo no era, por supuesto, ni la sumisión ni la obediciencia a ciegas. Era, más bien, una propuesta de autonomía donde el criterio moral jugaba un rol crucial, ya que al ser ejercido permitía cuestionar al Estado si sus leyes o decisiones eran evaluadas como injustas y, por consiguiente, tomar medidas contra ellas. No pretendía la abolición del Estado ─aunque juzgaba ideal la ausencia de este, lo consideraba como un sueño utópico─ sino que el ciudadano se permitiera rebelarse contra él cuando lo juzgara necesario.

El camino legal para cambiar a un Gobierno ─como el de la votación que equivale a que la mayoría perciba un problema, cambie de opinión y la exprese por ese medio, o el de la utilización de los recursos legales para cuestionarlo─ no es considerado una opción desde el punto de vista de Thoreau por el tiempo requerido para ejercerlo. La conciencia es según el autor la que prima por encima de la legislación. «Creo que deberíamos ser hombres primero y después súbditos. Lo deseable no es que se cultive el respeto a la ley, sino a la justicia». Porque la ley no es siempre justa.

Cuestiona así, por ejemplo, que un hombre se convierta en soldado y pelee en una guerra cuando su conciencia y su sentido común le digan que no es justo hacerlo. «¿Qué son?, ¿realmente hombres? ¿O son polvorines móviles y fuertes en miniatura al servicio de algún mando militar sin escrúpulos? […] no ejercen con libertad ni su capacidad de juicio ni su sentido moral. […] Otros ─como muchos legisladores, políticos, abogados, ministros y funcionarios─, sirven al Estado fundamentalmente con sus cabezas, y […] son capaces de servir igual al diablo, sin tener intención de hacerlo, que a Dios». A diferencia de muchos ciudadanos, Thoreau no considera que el Gobierno tenga que ser totalmente ineficaz o tirano para rebelarse contra él.

¿Cómo pueden miles de personas estar en contra de la esclavitud y de la guerra y no hacer nada para acabar con ellas? Para entonces, una sexta parte de la población vivía bajo el yugo de la esclavitud y México era agredida. Y esto se aceptaba pasivamente.  Thoreau reconocía, a la vez, que «un hombre no tiene el deber de dedicarse a la erradicación de las injusticias, por monstruosas que estas sean» pero, al menos, «tampoco ha de concederles su apoyo en los hechos», debe asegurarse de que no se está «montando sobre los hombros de otros hombres» mientras persigue sus propios objetivos. Eso como mínimo. Pero proponía además acciones de fuerza, como por ejemplo disolver su unión con el Estado negándose a pagar impuestos al Tesoro o incumpliendo la ley en cuestión como pudiera.

El razonamiento que lo regía era que «la acción que surge de los principios, de la percepción y ejecución de lo justo, transforma las cosas y las relaciones. Es esencialmente revolucionaria […]». ¿Que entonces esa acción conllevaría a disturbios? Sí. Pero despertaría otras conciencias y presionaría al Gobierno para que actúe cambiando las leyes.

«Si la injusticia […] es de tal naturaleza que nos exige convertirnos en agentes de la injusticia para otros, entonces yo digo: incumplamos la ley. […] Estoy convencido de que si mil o cien o diez hombres a quienes pudiera ahora nombrar, si solamente diez hombres honestos, incluso si un solo hombre honesto en este estado de Massachussets dejara en libertad a sus esclavos y rompiera su vínculo con el Gobierno nacional, y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, ese acto significaría la abolición de la esclavitud en América. Lo que importa no es qué tan pequeño sea el comienzo; lo que se hace bien una vez, se hace para siempre». «Bajo un Gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para un hombre justo es también la prisión. […] Si alguien sospecha que su influencia se perdería allí, que su voz dejaría de importunar […] no sabe cuánto más fuerte es la verdad que el error. […] Esta es, de hecho, la definición de una revolución pacífica».

Es importante entender que este cuestionamiento se hace desde la aceptación de la Constitución, las leyes, los tribunales, el Gobierno federal y el del estado de Massachussets a los que respeta y encuentra, de muchas maneras, admirables. Sin embargo, insiste: «Si nos dejáramos guiar exclusivamente por la ingeniosa labia de los legisladores del Congreso, sin el contrapeso de la oportuna experiencia del pueblo y sus reclamos, Estados Unidos no tardaría en perder su rango entre las naciones» ya que «ningún Estado podrá jamás ser realmente libre e ilustrado sino hasta que reconozca al individuo como un poder superior e independiente, del que se deriva su propio poder y autoridad, y lo trate en consecuencia».

Durante largo tiempo este escrito no tuvo mayor repercusión en su medio, pero en el siglo XX llegó a ser fuente de inspiración para Mahatma Gandhi (1869-1948) en su campaña de resistencia contra la ocupación británica de la India, Martin Luther King (1929-1968) en su lucha contra la discriminación de la población negra, en la objeción de conciencia ante el servicio militar y en muchos movimientos que luchaban y luchan por los derechos humanos incluyendo a los más recientes que utilizan la electrónica como medio de desobediencia civil.

 

La náusea – Jean-Paul Sartre

La náusea

 NÁUSEA 

Jean-Paul Sartre. Editorial Época S. A., 2008.

Jean-Paul Sartre estudió en la Escuela Superior Normal de París donde se gaduó de doctor en Filosofía. Sirvió en el  Ejército Francés entre 1929 y 1931 y en la Segunda Guerra Mundial. Al liberarse como prisionero de guerra se involucró en los acontecimientos más importantes de su época. Apoyó la lucha contra el colonialismo francés en Argelia, se opuso a la Guerra de Vietnam, difundió los crímenes de guerra de Estados Unidos, etc. Escribió El ser y la nada (1943), El existencialismo es un humanismo (1946), Manos sucias (1948), La crítica de la razón dialéctica (1960). Entre sus libros de más impacto están La náusea, su primer libro (1938) y los incluidos en su triología Los caminos de la libertad (1945-1949) compuesta por tres libros: La edad de la razónEl aplazamientoLa muerte en el alma.

La Náusea es una obra filosófica antes que una obra literaria y, por añadidura, un texto de muy difícil comprensión dado que es el primer libro que escribió Sartre y, al parecer, en él intentó abarcar todo su pensamiento filosófico no del todo maduro para entonces. Cuando el autor hizo la primera versión del libro, contaba con veintiséis años, pero no la publicaría hasta siete años más tarde. Cuando finalmente se publicó se habían eliminado decenas de páginas de la versión original, lo cual debe haber contribuido a su falta de consistencia interna. Para entender este libro es aconsejable, entonces, contar con información previa sobre la corriente filosófica existencialista ya que es esta la visión que la novela prentende plasmar. A continuación intentaré hacer un resumen de este pensamiento antes de abordar la mencionada obra en sí.

El existencialismo parte del concepto de que no todo lo que existe en realidad existe. Los objetos, las plantas y los animales al carecer de lenguaje no pueden pensar ni decidir sobre su vida. Únicamente los seres humanos tenemos esa capacidad y cuando la ejercemos utilizamos nuestra conciencia y solo así podemos, por lo tanto, existir. Al existir definimos la esencia   de nuestro ser porque esta se forma por nuestros actos. Lo que hagamos o dejemos de hacer determinará quiénes somos, es decir nuestra esencia. La esencia, entonces, se construye. No nacemos con ella.

Los conceptos de libertad y responsabilidad juegan así un rol importante según este pensamiento filosófico. El ser humano es libre y puede decidir su destino. En el existencialismo hay también un reconocimiento de que otros factores ajenos a nuestra voluntad influyen en nuestro sino, pero aun en estos casos se le otorga a la voluntad consciente una posibilidad de cambiar el rumbo de la vida. El concepto de libertad se impone a otros. Somos, además, responsables de nuestra vida y de todos los demás seres humanos porque al elegir nuestros valores proyectamos una imagen de lo que los demás deberían ser.

Finalmente, el existencialismo da mucha importancia a las emociones. Al ser libres y responsables de nuestra decisiones, sentimos angustia, ansiedad, desamparo, desesperación, confusión, inseguridad, cuando debemos decidir nuestro rumbo.

En este contexto intentemos, ahora sí, presentar la novela La Náusea. Su protagonista es Antoine Roquentin, un hombre de treinta años, historiador, lleva una vida solitaria, llena de cuestionamientos y temores. Es muy consciente de todo lo que le rodea y llega a extremos de sentir, por ejemplo, el paso de los segundos o que los objetos lo tocan, como si tuvieran vida, y al hacerlo le trasmiten repugnancia. Frente a estas experiencias, la gente es su refugio inicialmente, pero después ni ella lo salva de sentir la náusea. Esa sensación inicialmente está afuera de él, a su alrededor, pero después se instala en él, lo posee. Se desprende de ella difícilmente, con la música por ejemplo o en algún otro momento donde siente que vive.

Roquentin observa que la gente necesita llenar su tiempo con cualquier actividad que lo distraiga, que lo aturda de ver el absurdo o la sinrazón de la existencia: jugar naipes, pasear en un bulevar, etc. Lo que desea es que le suceda algo inesperado, una aventura. Define a esta como «un acontecimiento que sale de lo ordinario sin ser forzozamente extraordinario». No es, por ejemplo, un viaje que se planifica sino un suceso. Pero, la verdad, es que «cuando uno vive no sucede nada». A veces buscamos realizar proyectos que en realidad son solo nuestros pretextos, nuestras justificaciones, para no sentir nuestro ser. Desembarazados de esas farsas, nos encontramos con nosotros mismos. Al pensar, al sentir asco, al odiar.

La angustia de escoger lo persigue, porque todo el tiempo decide y cuando hace esto renuncia  a todo aquello que no escogió. Se pregunta qué habrá dejado de vivir. Recuerda que la pérdida de un amor lo dejó con un sentimiento de vacío. Para evitar vivir ese vacío ─dice─ la gente vive de sus recuerdos, los atesora y si es posible los encierra en sus casas. La vida de la gente pasa sin que se den cuenta de lo que están haciendo, cuatro décadas más tarde dicen que tienen experiencia y pretende aconsejar con lo “que saben”. Lo cierto es que esta es una máscara con lo cual quieren esconder que están solos, ignorándolo  todo, con una inteligencia y cuerpo que se deterioran. El pasado, en realidad, equivale a la nada, no existe. Mirando cuadros reflexiona sobre la vida, los derechos de la gente, lo que les tocó ser y la manipulación con que las élites logran que nadie se escape del rebaño. Invita así a que nos miremos a nosotros mismos y anuestra vida como parte de lo que más tarde podría ser otro cuadro del pasado.

La vida tiene sentido si uno quiere dárselo. Los humanistas lo hacen, el de izquierda, el católico, el filósofo humanista, el jocondo, el sombrío, etc. Pero en el fondo, ellos también están solos aunque no se den cuenta. Percibir esa mentira en que viven da miedo y náuseas, vivir esa enceguecedora evidencia es la náusea. La existencia tiene que pesar en nuestros corazones, invadirnos para que la vida signifique algo.

Habana Dura – Jocy Medina

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HABANA DURA 

Jocy Medina. Ottawa, 2016.

Esta autora nació en Buena Vista, un barrio de la Habana, en 1974. Salió de Cuba con apenas veinte años de edad y desde entonces vivió en Kenia, China, México y Canadá, donde reside actualmente con su madre y su único hijo. Sus primeros escritos se dieron a conocer a través de su blog Un pedacito de Cuba. En él se pueden leer desde artículos donde se dan consejos a quienes quieren conocer Cuba hasta capítulos del libro que aquí comentamos y de otras dos obras que aún están en desarrollo: Habana por la libre y Amigos del enemigo.

Con Habana Dura, Jocy Medina demuestra que se acerca a la escritura con personalidad: sabe a dónde va,  tiene una historia que contar y no se pierde en ella, derrocha energía, naturalidad y espontaneidad, muestra con orgullo su identidad cubana, despliega recursos narrativos propios y, como la protagonista de esta novela, intenta con valentía abrirse camino en la vida, esta vez en el mundo de la literatura, mediante la autopublicación de este su primer libro.

A María, la atractiva protagonista de esta novela, la llaman María Mariposa porque sueña con volar. En este intento, a los veintidós años,  huye de Holguín a La Habana y allí empieza su camino para convertirse en mujer. Esto sucede en una particular época de la historia de Cuba, conocida como el Período especial en tiempos de paz o, simplemente, el Período Especial. Este consistió en una serie de restricciones y cambios como consecuencia de una crisis económica derivada del colapso de la Unión Soviétiva en 1991 y del recrudecimiento del embargo estadounidense en contra de Cuba desde 1992. ¿Por qué es importante subrayar esto? Porque durante esos años la sociedad cubana sufrió grandes transformaciones económicas y morales y justo en ese momento, llega María Mariposa a la capital de la isla.

Lo que vivirá María nos dará una buena noción de lo que era la vida en Cuba en los años noventa, época marcada por la adopción de nuevas formas de gestionar el turismo internacional para ganar divisas extranjeras y por el auge del jineterismo (relaciones interesadas con turistas, mayormente de caracter sexual). La novela nos mostrará también la presencia de la economía informal, las limitaciones en los servicios de educación, salud y electricidad y, sobre todo las transformaciones morales (más difíciles de percibir a primera vista, pero no por ello menos importantes). Resulta muy interesante constatar que Jocy Medina nos permite acercarnos a dichos fenómenos casi desapercibidamente, no los analiza, ni siquiera los enumera, simplemente nos los presenta a medida que narra la vida de esa joven.

El foco de la novela, antes que centrarse en los problemas socioeconómicos, apunta a las inquietudes personales de María Mariposa, los obstáculos que se le presentan para alcanzar sus metas, las inesperadas puertas que se le abren en el camino y sus enredos sentimentales; todo esto dicho con una gran medida de autenticidad, sensualidad y erotismo. La sensualidad se refleja en la importancia que la autora da a los sonidos y a la humedad que se impregna en el cuerpo de María, o al juego del viento en su piel o en su ropa, en su sensibilidad ante los aromas, desde los del café o de la comida, los  del perfume de jazmín o de las colonias varoniles hasta el olor a campiña. El erotismo o la violencia sexual ocupan un lugar no menos relevante en esta obra, más aún porque son descritos en forma metafórica eludiendo exitosamente la vulgaridad. Cito algunos ejemplos: «Arrimó la dura ternura masculina» (p. 37), «La escena empuñó un cañón en los pantalones de […]» (p. 66), «Al […] reventar sus acumuladas ganas» (p. 68), «En cuanto desenganchó su anzuelo» (p. 68), etc.

Esas metáforas se encuentran también fuera del área sexual (ej. «[Él] fue a la piscina a soplar un poco de humo a la luna» (p.118)) y confirman el acercamiento que Jocy Medina tiene hacia lo poético, lo cual le da a su escritura un toque muy personal que ella utiliza con sabiduría. Así la encontramos dándole vida a objetos inanimados o, algo más singular aún, uniendo  dos palabras (como el color de los ojos de un personaje con un participio, un sustantivo u otro adjetivo) para expresar a través de esa fusión el estado de ánimo de la persona (ej. El azuldestrozado, el azulherido, el azulhambriento, el azuldescorazonado, el azulcuchillo, etc. de sus ojos) y así sintetizar el discurso. Eso hace una artista, una creadora que no tiene miedo a explorar nuevas formas  de expresión.

Lo que no hace una artista de la escritura es descuidar su herramienta más elemental: la gramática.  Y la autora falla en eso. Se equivoca en la utilización de los tiempos verbales, en la concordancia de estos, en la puntuación de los diálogos, en la precisión del significado y ortografía de ciertos términos, reutiliza algunos vocablos innecesariamente, etc. Escribir es muy difícil y editar también. Como dice Daniel Gascón describiendo la primera regla de Gardner Botsford (exeditor del The New Yorker) en lo que a edición se refiere: lo que no logra el escritor, lo logra el editor si invierte tiempo suficiente. «Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. […] Por eso un buen editor es un […] artesano, mientras que un buen escritor es un artista». No le vendría mal a esta escritora trabajar más en este dominio o en hacer multiplicar las revisiones de sus textos. Podría también explorar técnicas literarias para enriquecer su ya declarado talento añadiéndole, por poner apenas un ejemplo, un manejo más complejo de los tiempos, que en este libro son lineales.

Por las venas de Jocy Medina borbotea la sangre de una artista. Nada debe detenerla en su deseo de escribir y regalarnos ese impetuoso y espectacular mundo que vive en ella.

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