La mujer rota- Simone de Beauvoir.

 

 

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LA MUJER ROTA

Simone de Beauvoir. Editorial Sudamericana, 2002.

Simone de Beauvoir fue una escritora francesa nacida a principios del siglo XX.  Fue reconocida como filósofa, profesora y autora de siete novelas, ocho ensayos y decenas de otros escritos sobre temas políticos, sociales, psicológicos, literarios y filosóficos. Sus libros suscitaron interminables polémicas por diferentes motivos. El más famoso de todos estos fue El segundo sexo que sirvió de marco mundial para el feminismo ya que en ese tratado hacía un detallado análisis de la opresión de la mujer. Promovió, además, el existencialismo junto a su amante eterno, Jean-Paul Sartre. Su vida se vio rodeada de escándalos por la libertad sexual que promovía, por sus posiciones políticas y por sus propuestas filosóficas; más aún, considerando su condición de mujer en una época en que estas vivían sumisas bajo la tradición patriarcal. Junto a otros intelectuales de la época fundó Les Temps Modernes, revista que difundía el existencialismo a través de la literatura. Su novela Los Mandarines, publicada en 1945, recibió el prestigioso Premio Goncourt.

 La mujer rota es una obra que recopila, en realidad, tres narraciones, de las cuales «La mujer rota» es la tercera de ellas. Las otras dos son «La edad de la discreción» y «Monólogo». En los tres cuentos la protagonista es una mujer y enfrenta el fracaso y dolor en su vida.  Obviamente, la autora utiliza la literatura como medio de denuncia para la condición de vida de la mujer, situación en la que a veces se ve atrapada y sin posibilidad de encontrar una salida ya que todo su estilo de vida la encierra en límites estrechos. El estilo de Simone de Beauvoir es realista, mordaz y crudo. La caracterización de sus personajes es extraordinaria. Enfatiza el desarrollo del mundo interior de estas mujeres antes que el de los sucesos externos que la rodean como mostrando que es desde esa psicología que la mujer se encarcela a sí misma. Sabe tocar los puntos álgidos de las emociones femeninas y como feminista señala sutilmente los conceptos claves que determinan la situación negativa de sus vidas. Técnicamente este libro no muestra ninguna sofisticación ─excepto el uso del llamado flujo de conciencia─ pero el contenido de la obra le da un valor inigualable ya que hacer pasar un mensaje que mucha teoría feminista no sería capaz de transmitir con la misma facilidad y alcanza además, por su calidad de literatura, un público más amplio.

El primero de estos cuentos, «La edad de la discreción», narra las reflexiones de una mujer intelectual que ha llegado a la cincuentena de su vida y enfrenta esa etapa de su vida con inseguridad, angustia, confusión e intolerancia. Una vez jubilada, le cuesta aceptar que tal vez su capacidad creativa esté limitada a pesar de que tiene deseos de hacer nuevas propuestas profesionales. Su marido es derrotista en ese sentido. El recuerdo de su vida y realizaciones pasadas tampoco la ayuda. Físicamente, comienza a transformarse. Su hijo Phillippe, a quien ella ha formado proyectando un destino similar al suyo política e intelectualmente, muestra una nueva faceta en su vida. Se independiza escogiendo una novia que para la madre es esnob y según ella parece saber hacer muchas cosas bien sin tener interés en nada realmente.  Phillippe se va alejando de la figura que creó su madre de él, pierde interés en los proyectos que esta le propone, paulatinamente va abandonando sus compromisos con ella para construir su propia vida. Esta actitud destroza emocionalmente a la madre, la encoleriza y la hace reaccionar de tal manera que la relación entre ellos se deteriora y ella se siente más sola que nunca. Se puede interpretar que para esta madre, su hijo es una extensión de ella misma, y al ver que él no se convierte en lo que  ella hubiera esperado, ella se siente no realizada o traicionada. Tiene que procesar esta nueva situación en forma paulatina. Al mismo tiempo tiene discusiones con André, su esposo. Este se aleja momentánea e involuntariamente de ella. El malestar de ella se acrecienta. Ambos son conscientes de que están envejeciendo y sus conversaciones tocan este tema frontalmente. En general esta historia se inscribe en una atmósfera de sentimientos de pérdida y en un tono desalentador.

En «Monólogo» la protagonista vive sola a sus cuarenta y tres años, está desequilibrada psicológicamente, sufre de problemas de insomnio y está llena de rabia y de desesperación. Su infancia fue difícil y sufrió a violencia de parte de sus padres, algo que ella como madre de Sylvie y Francis nunca hizo. Acusa a su madre y a su hermano Nanard de haber realizado juegos sexuales cuando este era niño, a este de haberse convertido en homosexual y a ella en una puta. Habla mal de sus amigas, de Albert y de Tristan, sus exesposos. Utiliza un lenguaje grotesco para hablar de las experiencias sexuales de sus conocidos. Los acosa telefónicamente. Reniega de todo y de todos los que la rodean. A la vez quisiera volver con Tristan como fórmula de acabar con su tristeza. Lo desprecia y hasta lo odia porque él no acepta regresar con ella. De pronto se descubren las razones de su drama. La hondura de estos sucesos explican muchas de sus reacciones, las que parecen no tener límite. Como ejemplo, cito un extracto del monólogo:

«No soy racista pero me importan un pito los árabes los judíos los negros exactamente como me importan un pito los chinos los rusos los yanquis los franchutes. Me importa un pito la humanidad qué es lo que ella ha hecho por mí me gustaría saberlo. Si son lo bastante estúpidos como para degollarse bombardearse tirarse napal exterminarse no gastaré mis ojos llorando. Un millón de niños degollados ¿y qué? Los niños nunca son otra cosas que semillas de canallas y así se descongestiona un poco el planeta reconocen que está superpoblado ¿y entonces qué? Si yo fuera la tierra me daría asco toda esa gusanada en mi espalda me la sacudiría.»

 Así de fuerte vive esta mujer su vida para la que parece no haber ninguna salida…

 «La mujer rota» es el tercer y último cuento de esta obra. Quizá no el más desgarrador ─el «Monólogo» se adjudicaría este título─, pero sí el más penetrante. Es un diario que empieza un 13 de septiembre para contar la historia de un ama de casa que descubre, después de confrontarlo, que su esposo Maurice, doctor de profesión, le es infiel con una brillante abogada después de veinte años de matrimonio. Esta mujer ha estado toda su vida a disposición de su marido y sus dos hijos, Colette y Lucienne. En su indecisión sobre cómo reaccionar, resuelve guardar la compostura y tratar de ser comprensiva. Conversa con su esposo, recurre al consejo de su entorno y toma como medida la tolerancia bajo el supuesto de que se trata de una aventura pasajera que terminará pronto. Ahí empieza el drama de esta mujer que sueña con ver regresar a su esposo, pero no sabe cómo lograrlo. En un proceso psicológicamente lentísimo el lector vivirá la tortura de la vida de esta mujer quien se resiste a creer que podría quedarse sola el resto de su vida después de habérsela dedicado íntegramente a su familia. Ella se verá degradada como persona a medida que evoluciona esta situación. Por añadidura la protagonista siente que su papel de madre parece ser una frustración ya que considera que no ha hecho feliz a sus hijas. Es decir, que se siente fracasada como esposa y como madre.

Nótese que esta obra fue escrita en 1968, década en que se desarrolla la Segunda Ola Feminista por lo cual viene a ser un remezón para todas las mujeres que vivían en hogares donde las figuras masculinas y femeninas estaban claramente delimitadas y diferenciadas. Entre sus denuncias principales estaban que la educación inculcaba la maternidad y el rol de esposa como medios exclusivos o fundamentales de realización de una mujer, dejando de lado su ser político, profesional e intelectual.

 

                                              RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?

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Acerca de ROXANA ORUÉ

Amo las palabras porque amo a los seres humanos y por medio de ellas me siento en intimidad con quienes escriben o quienes me leen. Compartimos nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros modos de mirar, de decir o de sentir. No puedo decir que leí mucho ni que escribí mucho en mi vida pero puedo afirmar que cuando leí o cuando escribí me entregué por entero a esa relación que existe entre escritor y lector. No hubo nada a medias, me vinculé con cada palabra con la misma intensidad con que vivo cada segundo de mi vida.

Publicado el enero 24, 2017 en CRÍTICAS, Sin categoría y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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