Caminando por la paz, un camino interior -─ Mony Dojeiji y Alberto Agraso.

Caminando por la Paz, un camino interior WINNER

CAMINANDO POR LA PAZ, UN CAMINO INTERIOR

Mony Dojeiji y Alberto Agraso. Walking for Peace Publishing, 2012.

Mony Dojeiji nació en Canadá en el seno de una familia libanesa. Vivió sus primeros años entre el Líbano y Canadá hasta que a sus diez años sus padres decidieron alejarse del Oriente Próximo huyendo de la guerra civil que se inició en el Líbano en 1975. Radicada ya en Canadá, obtuvo una maestría en Gestión de Empresas e ingresó a trabajar en la industria de la informática. Pese a su éxito profesional, abandonó ese ámbito en el otoño de 2000 en búsqueda de sí misma y de un sentido para su vida.

Alberto Agraso nació en Cádiz, España. A pesar de haber sentido el llamado al sacerdocio durante su niñez, terminó trabajando en el área de seguros. La ilustración, la pintura y la escultura eran sus principales intereses pero estos fueron relegados a las pocas horas libres que le quedaban después de cumplir con sus obligaciones. Su insatisfacción fue creciendo con los años hasta que tuvo que dejarlo todo: trabajo, familia y amigos, para dedicarse a buscar la esencia de sí mismo.

¿Tengo una necesidad espiritual? ¿Qué es la espiritualidad? ¿Cómo se desarrolla? ¿La espiritualidad necesita una religión que la respalde? ¿Requiere un propósito o un ideal? ¿Supone una posición moral o psicológica? ¿Cómo se vincula con los hechos sociopolíticos? ¿Qué existe en nuestro interior más allá de lo material? ¿Quiénes somos nosotros si miramos por encima de nuestras rutinas? Estas y otras preguntas similares lo invadirán después de haber leído Caminando por la Paz, un camino interior. El ser capaz de generar tales inquietudes y la sensación de que podemos luchar por nuestros sueños son probablemente los dos valores más grandes de esta obra.

El libro no se propone hacer un ejercicio intelectual sobre el tema sino simplemente dar testimonio de cómo dos personas decidieron aventurarse a hacer una larguísima caminata, y qué descubrieron espiritualmente durante ese recorrido. No es una novela ni ningún otro tipo de ficción, la historia es real. Mony y Alberto resolvieron ir a pie desde Roma hasta Jerusalén, atravesando trece países: Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro, Albania, Macedonia, Grecia, Turquía, Chipre, Siria, Líbano e Israel totalizando cinco mil kilómetros. De este extenso trayecto, se pudo haber llenado miles de páginas haciendo del libro una crónica de viajes, pero el enfoque que se le dio fue otro: se intentó más bien compartir una experiencia personal, desplegar sentimientos, mostrar las propias contradicciones y limitaciones, compartir el despertar a nuevas percepciones, etc., todo escrito en un lenguaje sencillo y apropiado, lleno de deseos de trasmitir.

La peregrinación realizada por Mony y Alberto no responde a una ofrenda religiosa sino más bien a una decisión personal. Mony había crecido en un medio que era consciente del conflicto israelí y que asumía que la lucha armada era la única opción para imponer justicia donde no la había; y así lo entendía ella también. Llegó el momento, sin embargo, en que comenzó a cuestionar ese pensamiento y a dar cabida a la idea de llegar a la paz social por otros medios. Tuvo entonces que enfrentar la gran pregunta: ¿qué es la paz? Su decisión de caminar tenía una doble determinación: responder a esa pregunta y cumplir con el anhelo de llevar un mensaje de paz a Jerusalén. Alberto se interesaba también por la paz pero en términos más generales.

Está claro que el camino fue hecho por ambos, que los dos recogieron notas y después compartieron sus diarios y enfoques para narrar la obra, de ahí que sus nombres aparezcan en la autoría del libro. Sin embargo, tanto esta decisión como lo dicho en las primeras páginas ─agradecimientos, introducción y prólogo─ inducen a confusión sobre quién redactó este libro, cuando al leerlo todo indicará que la escritora es Mony. En sus líneas se escucha la voz de una mujer. Ese aporte delicado, sensible, emotivo y complicado con que a veces la mujer marca sus pasos. Las lágrimas y las emociones brotan con frecuencia de la protagonista ─autora del libro a la vez─, inesperadas reacciones que nos recuerdan el sentir de una mujer frente a hechos sencillos o cotidianos. ¿Cómo juzgar ese acento femenino en estos escritos? Pienso que simplemente dejándolo ser. Sin embargo, no es esa la reacción que se observa necesariamente, y por eso me siento en la necesidad de abordar este tema. Mucha literatura está escrita por hombres pero nadie la llama literatura masculina; se evalúa la imprenta personal, la técnica o el contenido que posee la obra, sin importar el género de quien la ha creado. Cuando la escribe una mujer, sorprendentemente, aparecen voces ─normalmente masculinas─ que se concentran en su carácter femenino, cuestionando su estilo. ¿Por qué? Es la pregunta clave. ¿No será que la voz femenina toca una fibra emocional masculina que incomoda al hombre, algo que él preferiría no despertar? ¿O será que la presencia de la voz masculina cubre tanto el ámbito de la narración que cuando se lee la de una mujer, algo parece decir que sus escritos no alcanzan un cierto nivel literario (medido con parámetros masculinos por supuesto)? Digamos que los criterios de evaluación son objetivos y que, en efecto, dicha creación no alcanza los niveles mínimos requeridos para hablar de una buena literatura, ¿por qué no explicar esto con objetividad? El problema no radicaría en que la obra venga de una mujer, ya que mucha narración escrita por hombres tampoco llega a elevarse. Creo que de lo que se trata es de disfrutar la literatura en lo que aporta y quizá señalar las nuevas vías que pudieran desarrollarse pero de ninguna manera bloquear su camino con el argumento de que ha sido escrita por una mujer (o por un hombre) descalificando así las posibilidades de un género. A la literatura le hace falta más manos femeninas que escriban, más mujeres que contribuyan a reflejar en las letras esa otra parte de la humanidad hasta hoy más bien silenciosa en ese ámbito. Un punto más para leer este libro: acérquese a la manera de ver o sentir la vida tal como ha querido compartirla una mujer.

Mony hablará de su preparación mental y emocional para lanzarse a ese recorrido por sí sola. Nos contará sus temores, y después sus sensaciones al saberse acompañada de Alberto; pero sobre todo ─y lo más importante─ irradiará su voluntad, su fe y su transformación personal. Alberto estará presente también pero a través de ella. Desde el primer capítulo el libro dará muestras de cierto pensamiento mágico pero este tomará vigor más tarde hasta convertirse en un pensamiento esotérico. Habrá de todo en ese camino: muchos hechos serán leídos como señales, los términos vida, universo, etc. serán escritos con mayúsculas y se les atribuirá capacidad de comunicación intencional y planificada, los animales serán símbolos, se leerán mensajes en los medios de comunicación masiva,en las pinturas de cuadros y en papeles que llegarán inexplicablemente a manos de los protagonistas, se mencionarán ángeles, magos, guías espirituales, maestros, visiones, etc. Se podría decir que los testimonios de Mony y Alberto están llenos de misticismo. Y esto se vuelve doblemente interesante porque proviene de espíritus libres, de gente que pretende guiarse no por una religión sino por su propia verdad. A Mony muchas de esas creencias no le son propias; es más se resiste a ellas. Es decir, que el libro nos permitirá ser testigos de un despertar interior y de su evolución.Lo que comienza como el deseo de de conocerse a sí misma, de entender el concepto de paz, y esclarecer cómo puede llevarse esta a los demás, terminará siendo el descubrimiento de una “luz interior” y su despliegue; además de la revelación de algo trascendente. Todo se presentará de manera irregular, la fe será a veces muy intensa y otras veces no tanto, los testimonios concretos de la vida terrenal se ligarán a asuntos espirituales pero no siempre, la narración se concentrará en los detalles o pasará muy ligeramente por encima de ellos, entre los protagonistas habrá armonía y desacuerdo, y hasta nos harán partícipes de una historia de amor.

¿Recomendaría leer este libro? Dependerá de usted, de sus necesidades, de sus intereses, de su tolerancia a visiones diferentes del mundo. Que hablemos de amor, de energía, de Dios, de la Hermandad Blanca, de chakras, de buena voluntad, etc. pueden ser maneras diferentes de aproximarse a una misma realidad espiritual. ¿Está dispuesto usted a escuchar una nueva terminología? ¿a tratar de descubrir cómo comprenden la vida otras personas? A mi entender no se tiene que concordar con el lenguaje para llegar a la misma esencia. Es más, es fascinante tratar de entender a las personas y su concepción de la cosmología. Hasta la misma palabra espiritualidad puede cuestionarse, como puede ponerse en duda la opción de recurrir a términos místicos para explicarla; pero más allá de estas disquisiciones intelectuales, más allá de todo análisis, está la necesidad del ser humano de explicarse a sí mismo y al universo. Y este libro lo invita a ello. Si lo lee no podrá resistirse a que una sensación de fe lo toque, y que el deseo de entenderse a usted mismo despierte. Decida usted si eso es lo que necesita.

Para más información, consulte walkingforpeace.com

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Acerca de ROXANA ORUÉ

Amo las palabras porque amo a los seres humanos y por medio de ellas me siento en intimidad con quienes escriben o quienes me leen. Compartimos nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros modos de mirar, de decir o de sentir. No puedo decir que leí mucho ni que escribí mucho en mi vida pero puedo afirmar que cuando leí o cuando escribí me entregué por entero a esa relación que existe entre escritor y lector. No hubo nada a medias, me vinculé con cada palabra con la misma intensidad con que vivo cada segundo de mi vida.

Publicado el julio 20, 2014 en CRÍTICAS y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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