Paisajes después de la batalla – Juan Goytisolo

Paisajes

 

PAISAJES DESPUÉS DE LA BATALLA

Juan Goytisolo. Editorial Palabras Mayores, 2013.

Juan Goytisolo nació en Barcelona en 1931. Su madre murió por un bombardeo realizado bajo el gobierno franquista cuando él tenía apenas siete años; con el tiempo sus obras fueron prohibidas bajo dicho régimen.  Goytisolo se autoexilió en París (1956) y en Marrakech, Marruecos (1996). Su vasta obra más de cuarenta novelas, ensayos, entre otros escritos recorre desde el lirismo hasta la crítica de la sociedad, cultura y religión de España. Se le considera el escritor más importante de los llamados “hijos” de la guerra civil española.

Paisajes después de la batalla es un rompecabezas cuyas piezas se escapan  por un mundo a veces imaginario, a veces introspectivo, a veces irónico,  a veces social, a veces político, a veces degradante, y hacen de esta obra un laberinto en el cual el lector no sabe dónde está el comienzo o el final, no puede precisar con facilidad de qué  trata ni cuáles los mensajes que el autor nos quiere transmitir.

Después de un gran esfuerzo de comprensión llegué a clarificar apenas algunas cosas.  Se ambienta a inicios de la década de los ochenta en El Sentier, un barrio parisino atípico ya que en él viven judíos, portugueses, árabes, afganos, paquistaníes, bangladesíes, turcos, etc., estos últimos llegados después del golpe militar en Turquía. El protagonista vive en el séptimo piso de un edificio de ese barrio. Este  hombre, extranjero también, es un misántropo, se ha aislado de todos sus amigos e incluso de su mujer —la cual vive en un departamento vecino. Tiene hábitos desagradables  —como orinar en el lavabo, por ejemplo—, practica el onanismo, declara que le gustan sexualmente los animales, y contesta anuncios eróticos con fantasías pervertidas utilizando el seudónimo de El Reverendo. Para colmo, es un sátiro que mira y seduce niñas. En su lado menos sórdido colecciona artículos de periódico con noticias particularmente interesantes, contribuye con un periódico al que envía artículos que denotan preocupación por asuntos de carácter científico como la acumulación de dióxido de carbono y el calentamiento global, y ama la poesía sufí.

Aparte de este perfil medianamente claro, todo lo demás es desordenado, enmarañado, satírico y sarcástico. El libro se compone de setenta y cuatro artículos que —como el mismo autor lo admite— son una narración “mal hilvanada y dispersa”, “confusa y alambicada”. Por ejemplo, en uno habla de discriminación racial, y a otro lo titula Charles Lutwidge Dodgson (más conocido como Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas) para hablar de su debilidad hacia las niñas. Después trata de teologismo (sic) dialéctico mofándose de Albania, país revolucionario y perfecto. Enseguida se centra en el egocentrismo democrático a través de la ridiculización de la gordura de un dictador. De pronto se interesa en visitar a un vidente, o se aparece en un café donde le entregan propaganda altamente subversiva e ilegal para su difusión; después asiste al cine para ver películas pornográficas. Enseguida hace una parodia de los intereses mercantilistas o cuestiona la Península Ibérica —se puede suponer que a España en particular— por asumirse como el centro del mundo. En otro momento, la policía lo cita, desnuda y acusa de conspirador esperando que haga la revelación de todos los secretos de su organización. Más tarde dos raptores adhieren una carga explosiva a su pecho y le exigen que confiese todas sus verdades. En un acto derivado tal vez de ese momento donde las horas de su vida están contadas, ya hacia el final de la obra el autor parece querer aclarar las cosas y nos habla de su ser fragmentado que lo jala hacia diferentes caminos (ideas, sentimientos, pulsiones), de su desdoblamiento como escritor, narrador y personaje (¿en la obra habla el protagonista o habla él?, ¿el colaborador de El País que escribe sobre ciencia es realmente un presunto homónimo o es él mismo?), nos cuenta que ha inventado a su esposa y que todo el barro que ha echado sobre él —al parecer el protagonista de este libro es el álter ego de Goytisolo— es para develar lo peor de su ser, despertar toda la antipatía y desdén posibles. Ha querido tocar el fondo del abismo. ¿Para qué? ¿Para representar mejor a un ser marginal que además de ser extranjero es víctima de persecución política cuando es el último representante de una comunidad asolada a la cual solo quería defender? ¿Para que al desnudar su ser se vea la complejidad del ser humano? Su excentricidad —así lo dice el mismo autor— es una defensa contra la normalización de la época.

Lo cierto es que el libro anuncia hace treinta años lo que iba a pasar con el París de hoy, donde los inmigrantes penetran paulatinamente a la ciudad, la toman, la revolucionan y dejan paisajes de guerra y alteración detrás de ellos. París desaparece, se transforma. La obra nos deja, además la sensación de decepción sobre los problemas políticos de este mundo, nada parece serio, todo parece absurdo, ridículo, equivocado. Los seres humanos no parecemos saber cómo gobernarnos a nosotros mismos.

Siendo Goytisolo el famoso escritor que es, no es difícil encontrar entrevistas y declaraciones suyas, y conocer a través de ellas sus intereses y pensamientos. Eso puede ayudarnos a entender su obra. Habla el árabe dialectal del norte de Marruecos, conoce y reconoce el mestizaje entre las culturas islámica e ibérica. Defiende los derechos de los inmigrantes. Critica los nacionalismos religiosos y políticos.  Cree que España debería ser el puente entre Europa, Latinoamérica y el mundo musulmán pero que en lugar de asumir esa parte de su identidad rechaza el mundo árabe, no por ignorancia sino por discriminación. Está convencido de que la amalgama de culturas gesta una forma de vida alternativa, siempre más creativa que la que puede ofrecer una sola cultura.

Es extraño que un hombre que se expresa con tanta claridad oralmente enrede tanto sus pensamientos  cuando escribe. Solo se explica de una manera: lo hace intencionalmente. Y esta no es una interpretación personal sino una declaración propia del autor, aquí lo cito: “A mí solo me interesan los libros que me provocan un desafío. Lo que procuro no es tener un gran número de lectores, sino el mayor número posible de relectores”, “porque una obra literaria de enjundia obliga a volver sobre ella y a releerla”. “Tú no puedes contradecir Paisajes después de la batalla porque en él están todas las ideas y al mismo tiempo la negación de estas ideas. Es la duda total. Es enseñar al lector a dudar”.

Aquí llegamos al punto final de nuestras primeras reflexiones sobre este libro. Y me veo en la encrucijada de decidir si el libro es recomendable o no lo es. Supongo que para un intelectual ávido de retos de erudición y reflexión sí lo es, y óptimamente. Para mí, que en la literatura busco arte,  solaz e inquietud –no terremoto– intelectual, no lo es. Tengo una regla muy clara: si debo leer tres veces una obra, no para entenderla del todo sino para comprender al menos sus mensajes principales (¡y quién sabe ni siquiera llegue a esa comprensión!) entonces ese libro no es para mí. Y lo que no recomiendo para mí, no puedo recomendarlo para otro. Confieso, sin embargo, que el autor logró su cometido. Este será un libro inolvidable, me llenó de preguntas y me dejó la sensación de que  debería abrir otras puertas en mi camino. Goytisolo merece toda mi admiración pero preferiría nutrirme de él a través de sus conversaciones —inteligibles todas— antes que de sus intrincados escritos.

¿RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?

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Acerca de ROXANA ORUÉ

Amo las palabras porque amo a los seres humanos y por medio de ellas me siento en intimidad con quienes escriben o quienes me leen. Compartimos nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros modos de mirar, de decir o de sentir. No puedo decir que leí mucho ni que escribí mucho en mi vida pero puedo afirmar que cuando leí o cuando escribí me entregué por entero a esa relación que existe entre escritor y lector. No hubo nada a medias, me vinculé con cada palabra con la misma intensidad con que vivo cada segundo de mi vida.

Publicado el abril 20, 2014 en CRÍTICAS y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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