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Corazón tan blanco – Javier Marías
CORAZÓN TAN BLANCO
Javier Marías. Editorial Alfaguara, 1992.
Javier Marías nació en Madrid en 1951. Durante su niñez vivió en su ciudad natal y en Estados Unidos. Comenzó a escribir a los once años, a los quince ya había escrito una novela que nunca publicó y a los diecinueve salió a la luz su primer cuento y su primera novela. Dedicó su vida profesional a la traducción, la edición y la escritura. Es miembro de la Real Academia Española desde el año 2006. Además de ser reconocido internacionalmente como escritor lo es también como traductor. Corazón tan blanco ha recibido el Premio de la Crítica 1992, el Prix L’Œil et la Lettre 1993 y el International Dublin Literary Award 1997. Es su novela más leída y más traducida. A título de ejemplo menciono que se ha vendido más de un millón de ejemplares de esta obra tan solo en la lengua alemana.
La necesidad de callar, la importancia de los secretos, el poder de la palabra, el de un acto o de una intervención verbal, la responsabilidad del que escucha, el sentimiento de culpa, la aparente inexistencia de los hechos silenciados, la libertad cuestionada por el hecho de que estemos obligados a comportarnos según la decisión de otros, la delicadeza de un sentimiento puro y los riesgos del amor de pareja son los principales temas tratados en esta obra.
El título “Corazón tan blanco” alude a una frase de Macbeth ─tragedia escrita por William Shakespeare─ en la que nunca queda claro si con esa metáfora el autor quiere referirse a la inocencia, a la cobardía o quizá a ambos conceptos. Creo que Marías juega con esa ambigüedad pero que el énfasis de la novela no radica en un sentimiento o el otro sino en la relación de la palabra –o el silencio- con ellos. Señala, por ejemplo, que alguien caracterizado por una gran pureza sería incapaz de aceptar una felonía o un crimen; atención, no dice de cometerlos sino enterarse de que alguien los ha cometido. Si se enterara deberíamos prepararnos para presenciar una gran transformación. Ver, escuchar, saber, callar, indagar cobran una gran importancia en las reflexiones del autor.
El argentino Oscar Calvelo ha hecho un traslado del enfoque de esta novela al de la historia española. De acuerdo a su análisis, el padre del protagonista y narrador de esta historia ─Juan Ranz─ fue un sobreviviente de la Guerra Civil y del franquismo e hizo su fortuna con medios moralmente cuestionables. Calló muchas cosas durante cuarenta años aunque al final demostró que estaba dispuesto a hablar ante su nuera, cuya curiosidad era muy decidida. Antes nadie había demostrado tanto interés por descubrir su pasado. Deduzco ─enmarcándome en ese paralelo─ que así se calla o se descubre mucha parte de la Historia. Hay quienes se interesan en develar sus secretos como los que no. Las consecuencias de indagar sobre la historia (la del padre de Juan) o la Historia de España o de no hacerlo ─la protección que da la ignorancia o el olvido─ son parte de las reflexiones de este libro. La comparación tiene mucho sentido si tomamos en cuenta que al padre del autor, el filósofo Julián Marías, se le negó el derecho a dar clases en la Universidad franquista por no haber firmado los principios del Movimiento y fue encarcelado por ser republicano, de lo que puede deducirse que en esa familia hay mucho que callar o decir sobre la represión franquista. Interesantísimo.
No queda claro si el protagonista es considerado un curioso o un apático. Observa, fisgonea y piensa todo el tiempo aunque no pregunta ni actúa mucho, pero me parece que no tiene nada de indiferente. Lo que observa en “el aquí y el ahora” le dice tanto que se resiste a abrir nuevas puertas que podrían resultarle inmanejables. ¿Podría ser esa la actitud de algunos ante la Historia? Juan estaría representando a los que callan, su esposa a los que indagan. En la novela ambos mantienen conversaciones sobre este tema.
La importancia que Marías le da a la influencia que una acción pueda tener en nuestras vidas se muestra claramente en las últimas páginas de la novela, donde se retoma una de las primeras escenas importantes del libro para cambiarle de curso. Es decir se repite el inicio de la historia pero enseguida se anuncia otro guion y ahí termina la obra. Con ello nos quiere mostrar una vez más cómo un pequeño movimiento puede cambiar el curso de una vida. Esto se constata también en la falsa traducción que Juan ─intérprete que trabaja para organismos internacionales─ hace del diálogo de dos altos cargos políticos (la crítica ha sugerido que se refiere a Margaret Thatcher y Felipe González), entre otros ejemplos.
Esa es la novela, pero sucede algo particular. El autor introduce algunas historias a manera de ensayos, historias que son ajenas al tema central. Técnicamente esto es lo que se ha dado en llamar el hibridismo genérico. Así, al leer esta novela parece que estuviéramos leyendo adicionalmente algunos ensayos. Por estos nos enteramos de la vida profesional de los traductores, de la forma cómo un experto internacional de arte puede hacer fortuna con su profesión y de la peculiar manera cómo una amiga y colega del narrador busca conocer un hombre en su vida. Mientras tanto nos distraemos del núcleo de la historia. La pregunta es: ¿esto es bueno o malo? Para una purista como yo esto no es agradable porque las ramificaciones restan concentración y emoción. Sin embargo debo confesar que hay algo genial en el trabajo de Marías porque introduce sucintas narraciones tan completas que por muy ajenas que sean a la novela terminan enriqueciéndola. Además sospecho que el autor añade estos ensayos intencionalmente, como parte de su manejo del suspenso. Y las emociones aparecen allí, en la espera de volver al núcleo. Nos obliga a vivir con interés otros momentos, como la vida nos obliga a veces a distraernos de nuestros objetivos centrales haciéndose cada vez más compleja e interesante. La purista deja de serlo con este escritor.
Por último debo mencionar dos características técnicas adicionales en la narrativa de Marías: una es el manejo de los tiempos en cámara lenta y la otra es la extraordinaria y detallada descripción de algunos personajes o hechos ─como aquel de la escena inicial o el padre, entre tantos otros. Permítanme citarles parte ─aunque muy recortada─ de una de estas descripciones como prueba de lo que afirmo:
“Ranz, mi padre, me lleva treinta y cinco años, pero nunca ha sido viejo […] ofrecía la imagen de un hombre mayor presumido y risueño, complacidamente juvenilizado, burlona y falsamente atolondrado […] él ha llevado siempre el abrigo echado sobre los hombros, sin meter nunca las mangas […]. Todo en él ha sido siempre agradable […], desde su mirada vivaz (como si todo le divirtiera, o a todo le viera la gracia) […] Tenía unas facciones no del todo correctas, y sin embargo pasó siempre por un individuo guapo, al que le gustaba gustar a las mujeres […]. Lo más llamativo de su rostro eran sus ojos increíblemente despiertos, deslumbradores a veces por la devoción y fijeza con que podían mirar, como sí lo que estuvieran viendo en cada momento fuera de una importancia extrema, digno no solo de verse sino de estudiarse detenidamente, de observarse de manera excluyente […] Esos ojos halagaban lo que contemplaban. Esos ojos eran de color […] castaño tan pálido que a fuerza de palidez cobraba nitidez y brillo […] eran móviles y centelleantes, adornados por largas pestañas oscuras que amortiguaban la rapidez y tensión de sus desplazamientos continuos, miraban con homenaje y fijeza y a la vez no perdían de vista nada de lo que ocurría […] Y aún había un tercer rasgo, las cejas pobladas y siempre enarcadas […]. Mi padre levantaba las pobladas cejas […] por cualquier motivo o incluso sin motivo […]. De ese modo me ha mirado siempre […] con la ligera ironía de sus cejas como sombrillas abiertas y la fulgurante fijeza de sus pupilas, manchas negras de sus iris solares, como dos centros de una sola diana”
Solo por una de esas caracterizaciones Javier Marías merecería otro premio internacional y nuestro compromiso de hacer todo lo posible por leerlo. Con lo primero él ganaría más del reconocimiento que merece, con lo segundo nosotros viviríamos una experiencia inolvidable. Leer a Marías debería constituirse en una meta o un sueño para todo buen lector.
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El loco de los balcones – Mario Vargas Llosa
EL LOCO DE LOS BALCONES
Mario Vargas Llosa. Editorial Seix Barral, 1993.
Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. El tema de sus obras varía ampliamente desde testimonios personales hasta novelas históricas. El loco de los balcones es una de las seis obras teatrales escritas por Mario Vargas Llosa.
Una obra de teatro magistral, al punto de la perfección. Su autor nos enfrenta a la valoración de dos ópticas diferentes del mundo: la tradición versus el progreso, el romanticismo versus el practicismo y el pasado versus el futuro. Podemos juzgar todas estas dicotomías como innecesarias o falsas pero hay que reconocer que nos son presentadas descarnadamente, como invitándonos a tomar una decisión. En ese intento Vargas Llosa despliega contundentes argumentos para ambas partes, utilizando impactantes imágenes del Rímac ─distrito histórico donde Pizarro fundara la ciudad de Lima─ y haciendo confrontarse a personajes que defienden diferentes intereses de acuerdo a dichas posturas: por un lado, la conservación del patrimonio histórico colonial y por otro lado, la reconstrucción de una ciudad hacinada, ocupada de inmuebles vetustos. Como lectores, sin darnos cuenta, sentimos la necesidad de elegir entre las dicotomías ya mencionadas.
Así nace un extraordinario homenaje a los balcones limeños. El protagonista de la obra, el profesor italiano Aldo Brunelli, consciente de que los balcones virreinales fueron inspirados por los originarios balcones de Egipto, Córdoba, Granada, Esmirna y Bagdad, y sabiendo que el diseño de los planos de la mayoría de los balcones limeños provenía del taller de Sevilla Santiago de Olivares y Girando, España, ve en los balcones limeños su propia originalidad y hace apología de ellos. Rescata el trabajo de sus ejecutantes ─los artesanos del litoral o de la sierra y los esclavos africanos─ afirmando que los carpinteros, ebanistas y talladores que esculpieron las maderas de esos balcones dejaron en ellos huellas escondidas de sus propias culturas. Valoriza también la historia de vida que cada balcón lleva consigo y la majestuosidad que estos le dieran al centro histórico de Lima, hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por ello les entrega su vida y hace una cruzada por su protección congregando adeptos a su causa. Descuelga o hace descolgar cada balcón que le es posible rescatar, y se dedica a limpiarlos, a acabar con la polilla y la humedad que los atacan, a barnizarlos y a clasificarlos.
¿Significa esto que Vargas Llosa sugiere en esta obra que los valores históricos deberían primar por encima de la llamada modernidad? No, fiel a su posición ideológica, el autor se encarga de transmitir un mensaje a favor de la modernidad; lo podemos ver en título de la obra, en las batallas que el profesor pierde, en su desaliento, en el reclamo que le hace su hija y en los actos destructivos de la quema de los balcones y su intento de suicidio. El profesor fracasa. La obra, por el contrario, podría contribuir a engrosar el más de un centenar de premios y distinciones ya recibidos por este sorprendente escritor que es Vargas Llosa.
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Los amigos que perdí – Jaime Bayly
LOS AMIGOS QUE PERDÍ
Jaime Bayly. Anagrama, 2000.
Escrito con un carácter totalmente intimista, no se puede evitar pensar que este libro no solo relata pasajes de la vida de Jaime Bayly sino que es, de alguna manera, la continuación de su primer libro, obra cuya publicación alborotara y escandalizara a Lima si no al Perú entero allá por 1994 ─No se lo digas a nadie─ tanto por los temas tratados como por el vínculo evidente que se podía hacer entre los personajes de su novela y renombradas figuras de la televisión, el teatro y la vida política peruana.
Publicada en el año 2000, en esta nueva obra el protagonista, Manuel, recuerda a entrañables y antiguos amores y amigos que pasaron por su vida, y cuya relación se rompió por diferentes circunstancias pero especialmente después que él escribiera y publicara testimonios de las relaciones íntimas que vivieran juntos, incluyendo en ciertos casos detalles de sus relaciones sexuales, fueran estas heterosexuales u homosexuales.
A través de largas cartas dirigidas a sus examigos, Manuel despliega hermosos sentimientos de admiración, de nostalgia, de amor y de ternura hacia ellos, expresa arrepentimiento, les pide perdón y abre las puertas de la reconciliación. Al mismo tiempo, entre sentimiento y sentimiento, el protagonista evoca nuevos recuerdos de los momentos que compartieran juntos, se extiende en ello y no duda en hacer resaltar los defectos de sus amigos o en lanzarles reproches. Hace esto con el desparpajo, cinismo y comicidad que caracterizan a Bayly; haciendo uso de un lenguaje apropiado, ofreciéndonos agilidad narrativa y una sólida estructura interna en cada una de sus cartas. Punto. No es poco, pero no es una novela donde se observe un esfuerzo creativo mayor, no deslumbra por su calidad estética ni nos deja la sensación de que estamos frente a un escritor talentoso en evolución. Es simplemente ─y nada menos─ Jaime Bayly.
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Inés del alma mía – Isabel Allende
INÉS DEL ALMA MÍA
Isabel Allende. Plaza & Janés Editores, 2006.
Una novela histórica donde se recrea la vida de Inés Suárez y a través de ella se describe la llegada de los españoles al territorio chileno en el siglo XVI. Es una obra compacta que sigue la vida de Inés desde que viviera en España hasta el fin de sus días en Chile mostrando una visión española, femenina y personal de aquellos hechos históricos. La novela se basa en hechos reales y relatos fidedignos, sin dejar por eso de ser subjetiva como lo es mucho conocimiento histórico.
Se reivindica así la presencia de Inés Suárez en la expedición de Pedro de Valdivia y en su lucha por la conquista de Chile, y con ello se reivindica el rol de la mujer en la época de la conquista española. Los mapuche aparecen como inciertos vencidos y hasta como una resistencia indestructible frente a los españoles, los yanaconas (nativos esclavos) como la fuerza sacrificada y desapercibida de esas batallas, y los españoles como audaces, valientes y aventajados guerreros, aunque a veces como hombres ambiciosos y despiadados.
La obra merece leerse por lo real, por lo imaginario y por la liviana belleza de su prosa. No esperaba menos de Isabel Allende.
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Salón de belleza – Mario Bellatin
SALÓN DE BELLEZA
Mario Bellatin. Tusquets Editores, 2000.
Es una novela alegórica que muestra el poder de la muerte por sobre el de la vida. El protagonista es homosexual y travesti, dueño de un salón de belleza al que convierte más tarde en un moridero. Allí recibe a personas desahuciadas a muerte para ayudarlas durante la última fase de su enfermedad, una peste a la que nunca pone nombre pero que pareciera ser el sida. ¿Por qué alegórica? Porque las ideas no se exponen directamente, sino que se alude a ellas a través de imágenes; porque los desahuciados a muerte se encierran en un espacio artificial aislándose totalmente del mundo, por ciertas escenas de la calle y de los baños de vapor, y por último y principal motivo, por los acuarios.
Explico. La muerte nos aparece apartada de toda otra influencia que la pretenda contrarrestar. El narrador cree que nada ni nadie podrá hacer recuperar la salud a esos enfermos, y bajo esta convicción no quiere que se les ofrezca falsas esperanzas, ni que se invierta tiempo ni recursos en una causa inútil, ni siquiera se les permite la visita de sus seres queridos. La muerte nos aparece así en su total crudeza y dominio. Así la acepta el narrador, sin luchar contra ella, acompañando impasiblemente a los enfermos a recibir su muerte, nada más.
En la calle, las imágenes de los «matacabros», ciertos actos de la Policía y la intolerancia o incomprensión de algunos ciudadanos así como las relaciones entre los hombres que asisten a los baños de vapor son muestras de la violencia sufrida por los homosexuales en su vida cotidiana; la dureza de esta carga de violencia se constata cuando esta llega incluso a terminar en muerte.
La alegoría de la muerte es más evidente aun cuando observamos que los acuarios y lo peces ocupan un espacio importante en la novela y que el narrador pasa de los enfermos a los peces y viceversa como si hablara de una misma secuencia, como si no estuviera cambiando de tema. ¿Y qué dice de ellos? Nos habla de su ambiente, ese encierro en sus propias paredes (los acuarios) y fundamentalmente de su mortandad, ya sea por falta de cuidados, por el ataque de los peces más fuertes a los más débiles, o porque alguna enfermedad se apodera de ellos.
El hecho de que el narrador sea travesti, que viva en un barrio pobre, y que solo reciba enfermos terminales, al parecer todos homosexuales, en la última etapa de su mal, podría ser otro empeño para enviarnos imágenes de desamparo. Esta novela es, sin duda, lacerante y nos enfrenta a la injusticia y a fragilidad de la vida.
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Bailar con la más fea – Jorge Carrigan
BAILAR CON LA MÁS FEA
Jorge Carrigan. Editorial Atom Press, In., 2010
He ahí una novela. Creo que debemos complacernos de tener a su autor viviendo en nuestra región. La novela es intrigante, profunda, creativa, valiente, y musical (y esto último no tanto por los varios extractos de canciones que presenta sino por la melodía de muchas de sus frases; no en vano el escritor es también un poeta).
La novela nos llevará al pasado usando un lenguaje en el tiempo futuro; disfrutaremos de palabras elegantes y coloquiales pero dichas en un tono simple, auténtico; sentiremos que las escenas han sido capturadas natural y complicadamente, sin esa rigidez que muchos escritores se empeñan en inventar como si algo en la vida fuera lineal; pero sobre todo el escritor nos introducirá a una sociedad ajena a la nuestra para hacernos percibir algo de lo que nos es imperceptible a la distancia. No esperemos movimiento, especialmente en su inicio, porque más que de acción esta novela está llena de emoción, de reflexión, de sentimiento. Sus desaciertos están ahí pero son aspectos menores que pueden perfeccionarse más tarde.
¿Su autor? Jorge Carrigan, un cubano que ya debería borrar los signos de interrogación de aquella pregunta que escribe en su perfil de Facebook cuando se le pide definir su profesión: “¿Soy escritor?” Si algo tenía que demostrar, ya lo hizo con esta obra. Ahora debería sentirse orgulloso de sí mismo, confiar en él, continuar su creación y ofrecernos su talento.
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La Virgen de los sicarios – Fernando Vallejo
LA VIRGEN DE LOS SICARIOS
Fernando Vallejo. Alfaguara, 1993.
Tremenda novela. Empecemos por la temática. El protagonista, un hombre maduro llamado Fernando, gramático de profesión, homosexual y querellante, regresa a Medellín, su ciudad natal, después de haber vivido fuera de Colombia durante muchos años (nótese que todas estas características, sin excepción, coinciden con la del autor, Fernando Vallejo, lo cual no es extraño pues muchas de sus obras son autobiográficas). Fernando conoce a Alexis, un muchacho menor de edad con quien decide convivir, y de quien descubre que es un sicario. Acompañado de Alexis, camina por la ciudad y es testigo de una serie de crímenes que éste comete sin experimentar el menor remordimiento y bajo total impunidad. De ellos nos habla, al mismo tiempo que nos muestra la gran transformación que ha sufrido su ciudad desde la época en que él viviera allí.
Su enfoque es aun más sorprendente que los mismos hechos. O el autor es un brutal provocador, irónico y sarcástico al extremo, o es un racista, clasista, suerte de neofascista o neonazi; a menos que sea una mezcla de ambos. Veamos algunas de sus perlas: Dios no existe, y si existe es malo, es el Diablo; los funcionarios de hoy en día no tienen imaginación como no sea para robar; el gen de la pobreza se trasmite, por razones genéticas el pobre no tiene derecho a reproducirse; no hay plaga mayor sobre el planeta que el campesino colombiano, no hay alimaña más dañina; en Medellín no hay inocentes, todos son culpables y si se reproducen más, padecen de una vileza congénita, crónica, es una raza envidiosa, rencorosa, embustera, traicionera, ladrona. ¿Soluciones? Cortar de tajo, cianurarles el agua, o instaurar un paredón donde pueda aplicarse un fumigador, y de ahí al pudridero; el Estado está para reprimir y dar bala, no más libertad de hablar, de pensar, de obrar, de ir de un lado a otro, lo demás es demagogia, democracia.
Suficiente. Demasiado. Así se expresa el autor. Sólo queda preguntarnos: ¿cuánto de esto piensa Fernando Vallejo realmente? ¿es pura ironía? ¿o lo que busca es despertar nuestras conciencias, inducirnos a la polémica?
Al margen de la bellísima estética de su lenguaje, de la ágil dinámica de su narrativa y de la desafiante complejidad con que transmite sus mensajes, esta novela es profundamente dolorosa y deprimente. Conlleva un cuestionamiento existencial de la vida del ser humano, la que al parecer de su autor no tiene ningún valor ni razón de ser. Vallejo transmite en esta novela desesperanza total, decadencia, nihilismo. Allá usted si se atreve a leerla (aunque yo no me la perdería).
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Muñequita linda – Jorge Carrigan
MUÑEQUITA LINDA
Jorge Carrigan, escritor nacido en Regla, La Habana, Cuba en 1954. Ha escrito más de una docena de obras de teatro, cuenta con una vasta obra poética y en el año 2010 incursionó en la novela con su exitoso libro Bailar con la más fea. Su segunda novela Muñequita Linda acaba ser lanzada al público en noviembre de 2011 en Ottawa, donde actualmente reside.
Con esta obra Jorge Carrigan se reafirma como escritor una vez más. Si bien la descripción de lo que es una buena novela depende mucho de las intenciones de su autor, de su público lector y de la época o el lugar donde se escriben, podemos afirmar que esta novela es de calidad. Sus cualidades son múltiples: originalidad, agilidad, humor, sátira, atrevimiento, sencillez, claridad de expresión, riqueza léxica sin llegar a la exquisitez y, como si todo esto fuera poco, es una novela que nos invita a reflexionar sobre la sexualidad, la valoración de la mujer y las repercusiones que el avance de la tecnología podría traer a la humanidad.
El tema es muy original: la ciencia ha producido un novedoso juguete erótico, ha creado una muñeca que lejos de ser de caucho o parecer artificial, semeja a un ser humano. Ella es la Muñequita Linda cuyo nombre es Laura. No solamente habla y siente sino que piensa, y por todo ello entabla un juicio a su marido –o sea su comprador- por maltrato, solicitando se le separe de él. Esa es la trama principal de esta obra.
La contracubierta del libro así como el póster creado para su presentación enfatizan que el objetivo de la obra es poner “en tela de juicio, literalmente, nuestra capacidad para juzgar la moral y la ética de nuestros semejantes partiendo de nuestras experiencias”, afirmación con la cual voy a discrepar. Muñequita Linda es un libro más marcado por el erotismo que por una reflexión ética, y no veo razón para tratar de disfrazar su naturaleza. Los tiempos en los que hablar de erotismo era reprobado tal vez no hayan acabado del todo, pero eso mismo da un valor adicional a este libro. No es muy difícil introducir una escena erótica en cualquier obra, pero lo que aquí hace el autor es presentar reiteradamente situaciones eróticas sin caer por ello en lo obsceno ni perder el hilo de la historia que se narra.
Aquello de que Laura nos cuenta historias de la vida sexual de los personajes de la novela para mostrar que no están capacitados para juzgarla casi no se sostiene. Para empezar el único que realmente tiene que juzgar si el trato recibido por Laura fue moral o no, es el juez; quien a fin de cuentas parece dar un fallo acertado. Los abogados de quienes se dice protegen los valores sociales, parecen perder este derecho a partir de las historias de sus propias experiencias sexuales, pero uno de ellos la defiende y el otro –al igual que el marido- está más interesado en proteger la propiedad privada que en juzgar a la demandante. Fredy, el dueño de la tienda en la que vendieron a Laura, actúa como comerciante. El Sr. Matsuda, creador de Laura, está enamorado de ella. Después aparecen nuevos personajes: un exsacerdote y su pareja, dos monjas lesbianas y un animador de televisión, ellos nada tienen que ver con el juicio; sin embargo, el autor nos expone parte de la vida sexual de cada uno de ellos. Jorge Carrigan no está empeñado en reflexiones éticas sostenidas por una argumentación que busque determinar lo que es moral y lo que no lo es, o para demostrar quién tendría el derecho de juzgar o no. Él quiere hablar de asuntos eróticos. Este tema le interesa, como lo muestra también mucha de su poesía donde el autor se aproxima con acierto al mundo de lo sensual. Bien por el erotismo. Y dejemos descansar a la ética.
Muy buen trabajo, excepto por imprecisiones en el manejo del lenguaje, particularmente en la ortografía fina y en el respeto de refinadas reglas de sintaxis. Podría decirse que esto es imperdonable en un escritor, pero personalmente voy a pasarlo por alto, probablemente por última vez, ya que sus atributos son muchos y justamente los más difíciles conquistar. A nosotros nos toca leer este libro como al autor le toca seguir escribiendo.
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Travesuras de la niña mala – Mario Vargas Llosa
TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA
Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. Escribió este libro, Travesuras de la niña mala, en el año 2006.
Travesuras de la niña mala es una historia de amor. Descontando la obra La tía Julia y el escribidor donde el autor narra la historia real de la relación que lo llevó a unirse a su primera esposa, esta es la primera novela de ficción donde Vargas Llosa trata de una relación amorosa… si se puede llamar amor a ese sentimiento unilateral, tormentoso y doloroso.
El protagonista y narrador, Ricardo Somocurcio, es un traductor profesional, inquieto intelectualmente, un hombre de valores sólidos, que aspira a vivir en París y obtener una cierta estabilidad económica, y lo logra. En su temprana juventud se enamora de una joven que estaría presente en su vida por intervalos irregulares durante cuatros décadas. Nunca más aparecerá otro gran amor en su vida; tampoco formará una familia. Ella se convierte en la mujer de su vida, la única mujer; la busca, la espera, la extraña, la cuida, le ofrece, le da, sucumbe ante ella incondicionalmente; a pesar de que ella no lo merece ni le corresponde.
Ella es una mujer fría que ambiciona poder y dinero desmedidamente. Para conseguirlos, seduce, miente, roba, trafica, manipula, etc., comportamiento que le lleva desgracias de tiempo en tiempo. Ricardo aparece en su vida en esos malos momentos. Ella lo usa temporalmente, y lo abandona cuando ya no lo necesita. Muchos de sus encuentros describen su desamor así como su vida sexual; mientras que sus separaciones dan pie a que ella se involucre en empresas riesgosas. Por ambas razones se ha dicho que esta obra es también una novela erótica o de aventuras. Y es verdad, tiene de ambas. Sin embargo, sigo pensando que el hilo conductor de la obra es la relación de amor que ellos protagonizan; y esto pese a que no se encontrarán escenas románticas ni una profunda exploración de sentimientos o emociones.
De estas dos personalidades tan disímiles nacen los apodos de la niña mala y el niño bueno. Ninguno de los personajes es envidiable pero el lector está invitado a presenciar ambas vidas, y a sentir el desasosiego que ellas producen. Podemos sentirnos distantes o identificarnos con algunos rasgos de sus personalidades, podemos comparar nuestras vidas, recordar, molestarnos, juzgar, detestar, etc., pero no quedaremos indiferentes. Vargas Llosa sabe cómo atraparnos.
La novela se desarrolla en Lima, París, Londres, Newmarket, Tokio, Madrid (barrio de Lavapies) con escenarios de acontecimientos políticos e históricos, así como de transformaciones o características culturales de estas ciudades. El autor introduce, además, varios personajes a los que con pocas palabras les hace adquirir una identidad particular. La historia se enriquece con estas presencias. No hay lugar para aburrirse.
La pregunta nunca respondida en la historia de la humanidad: “¿Qué es el amor?” merodeará en nuestras cabezas al terminar el libro. Percibiremos la vida como corta, delicada y preciosa, donde las cartas mal jugadas pueden llevarnos a la ruina emocional, sentimental y económica. Contrarrestando, nos dejará la sensación de que la vida hay que vivirla y bien, antes de que se vaya o de que nos arrincone.
En cuanto a estilo, es una narración cronológicamente ordenada –algo raro en el autor- con una prosa sencilla, clara, precisa, un vocabulario cultísimo, giros temáticos cautivantes, una trama fascinante llena de sorpresas que hacia el final nos pone el alma en vilo y nos mantiene atados a una sola pregunta hipnótica: “¿En que terminará tanto enredo?”.
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Los años con Laura Díaz – Carlos Fuentes
LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ
Carlos Fuentes. Alfaguara, 2008.
Carlos Fuentes, panameño de nacimiento y mexicano de nacionalidad. Ha tenido una vida cosmopolita desde su niñez, en la que su padre -diplomático de profesión- lo llevara a residir en varias ciudades latinoamericanas. No obstante, México siguió siendo el terruño al que volvía siempre, el palpitar de su corazón. Ha escrito novelas, relatos, cuentos, ensayos, teatro, libretos de ópera y guiones para películas, obra por la cual ha recibido el Premio Rómulo Gallegos, el Cervantes y el Premio Príncipe de Asturias, entre otros.
Los años con Laura Díaz es una obra monumental, de temática global y estilo altamente sofisticado, no apta para los que recién incursionan en la literatura. Contrariamente a lo que el título sugiere, la vida de Laura Díaz no es su objetivo principal, diría más bien que es su pretexto. La obra trata de la historia de México, a la vez que presenta el retrato de sus encrucijadas, desde inicios del siglo pasado hasta comienzos de los setenta.
La obra es global o total porque aborda la complejidad de una sociedad en varios aspectos, a saber: sus luchas políticas, su producción cultural y su relación con los eventos internacionales más relevantes de la época; además -como si esta pretensión fuera poca- se sumerge en la vida de una mujer para hilar esos hechos. El autor ha declarado que parte de la obra se inspira en la historia de su familia; es decir que maneja tres enfoques al mismo tiempo: el social, el familiar y el individual.
Se ha dicho que la novela está escrita tratando de rescatar el punto de vista femenino ante el acontecer mexicano, planteamiento que no me resulta convincente. Laura Díaz está allí, a mi entender, porque su presencia facilita los contactos sociales y políticos sobre los que Carlos Fuentes quiere hablar. Podríamos decir, sin embargo, que un protagonista hombre hubiera podido también cumplir este rol. ¿Por qué entonces eligió a una mujer? ¿Porque el autor buscaba una mirada externa y le resultaba más fácil apartar a una mujer de los eventos socio-políticos e históricos? ¿Porque una mujer se presta más a representar al ser que observa, siente, se confunde y reacciona ante esos hechos?
Lo cierto es que Laura Díaz escuchará hablar de Pancho Villa y de Emiliano Zapata, tendrá un hermano que morirá joven en defensa de sus convicciones políticas; se casará con un líder del movimiento obrero revolucionario, tendrá un amante español -representante de la República Española en México- que participó en las batallas de invierno de 1937 en el Jarama – uno de los episodios más célebres de la guerra civil española-, trabajará para Diego Rivera y Frida Kahlo, se relacionará con víctimas de la persecución macartista –negro capítulo de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre los años 1950 y 1956-, amará a un estadounidense residente en México que al parecer no puede vivir en su país de origen por las razones que acabamos de mencionar, etc. ¡Qué conversaciones no escuchara la protagonista provenientes de los fundadores y dirigentes del sindicalismo obrero, de los inmigrantes españoles que huían del régimen franquista, y de artistas e intelectuales mexicanos, entre otros!
Dada la importancia que Carlos Fuentes le da al aspecto cultural, Laura no basta para introducirlo en la trama. De modo que el autor, aprovechando el poder del narrador omnisciente, se encarga de enfocar y ensalzar la cultura: aparece la música, la poesía, el cine, la novela, la pintura, el teatro, la fotografía; todos acompañados de nombres o títulos concretos que el autor se encargará de hacernos conocer o recordar.
No faltarán reflexiones sobre el papel de la iglesia católica y recriminaciones a ésta; el repudio a la Alemania nazi, referencias a filósofos reconocidos mundialmente como Husserl y algunos de sus discípulos, la denuncia de la masacre de jóvenes estudiantes acaecida el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, pinceladas de la idiosincrasia mexicana; en fin, una novela de nunca acabar, escrita en seiscientas densas páginas.
El estilo literario de la novela no es menos grandioso. Dentro de las técnicas más conocidas en la literatura encontramos: la recopilación, la repetición, la circularidad (vuelve a los comienzos) y la intertextualidad (por ejemplo, en la obra aparece Artemio Cruz). Menos comunes serán los momentos deslumbrantes en que el autor parece olvidarse de que está narrando y se desliza hacia el campo poético inadvertidamente. Bellísimos relámpagos.
Aparte de las referencias que venimos de nombrar, no hay nada normal en la novela, lo más simple de la obra ya es complejo: la intriga. Es obvio que Carlos Fuentes tiene un objetivo detrás de cada historia, tan obvio como que no quiere decírnoslo. Lo oculta, se empeña en que no sea claro. Preguntará, volverá a cuestionar y regresará sobre las interrogantes; pero no les dará respuesta. ¿Qué estas pueden leerse entre líneas? Es posible. Entonces habrá que leer tres veces este libro para encontrarlas, no menos. No hay reseña que pueda alcanzarlo, es una novela podría servir como tema de muchas tesis doctorales.
Acerquémonos ahora a lo más sofisticado. La novela cuenta con veintiséis capítulos, digamos veinticuatro ya que el primero y el último actúan como prefacio y epílogo respectivamente. Cada uno de ellos está titulado con el nombre de un lugar –de los cuales solo dos se repiten- y una fecha. Esto es lo que en literatura se ha dado por llamar cronotopo (crono viene de tiempo y topo de espacio), término extrapolado de la física, y que es –por decirlo de una manera simple- una manera de organizar la narración, se escoge un lugar y un tiempo para enmarcar los hechos.
Esta aproximación que pudiera parecer inocente tendría con Carlos Fuentes una explotación completa. Para ilustrar esto propongo como ejemplo el capítulo XVII en el que Laura romperá definitivamente con el gran amor de su vida. Sucede en Lanzarote, una isla del archipiélago canario en España, lugar al que Laura tiene que viajar cruzando el océano Atlántico. ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿por qué no una ciudad de España si de ir al otro continente se tratara? … Para darnos soledad, para aislarnos, para que con solo ver a Laura pisar ese lugar, ya sintamos incomunicación y desamparo, sin saber ni siquiera lo que va a suceder. Las metáforas inundarán los primeros párrafos de ese capítulo, y aunque no estemos seguros de a qué se están refiriendo, el agobio entrará en nosotros y sabremos que algo hondamente doloroso está por pasar. Ellas se referirán a cambios históricos y a cambios en la naturaleza cuando tal vez desean aludir a las transformaciones de este hombre (cronotopo de la metamorfosis). Imposible que nuestras emociones permanezcan neutras. El autor tiene demasiados recursos para impedirlo.
Finalmente subrayaré el concepto de la mimesis que caracteriza a toda la obra. La mimesis es un modo de abordar la realidad la cual, aunque parezca ser una, puede atraparse de muchas maneras. En la mimesis la realidad no se captura textualmente, se crea una nueva realidad que se parece a la original para hablar de esta. La realidad, así, puede ser creada a partir de una teoría, de un cuadro, de una película, etc. Veamos algunos ejemplos. Los dos hijos de Laura recorrerán caminos opuestos en sus vidas, uno se dedicará al arte y el otro a los negocios. A mediano y a largo plazo ambas opciones resultarán en mundos diferentes. Esto que parece ser simplemente la vida de dos personajes, apostaría a que tiene otros mensajes. Creo que ellos simbolizan la pugna de dos visiones del mundo por las que los jóvenes mexicanos tenían que optar. No doy otros detalles para no develar más la trama, pero si leen el libro observen los que esas vidas podrían estarnos diciendo de ambos enfoques. Hay muchos más ejemplos, y a veces más evidentes, como es el caso de un sacerdote que lleva en él todos los males que se le atribuyen a la iglesia católica; el caso del esposo de Laura que representaría al movimiento obrero y sus dilemas; el caso de Laura misma cuando se dedica a la fotografía y nos muestra a través de esta las partes más crudas de la sociedad mexicana. Es decir, que se habla de la historia de México en dos niveles: el que menciona los hechos de la Historia –nivel que ocupa poco espacio en la obra- y el que está implícito en la vida de cada personaje.
O todo esto es producto de mi imaginación, o Carlos Fuentes es un genio de la literatura.
¿RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?
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