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Mañana en la batalla piensa en mí – Javier Marías

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MAÑANA EN LA BATALLA PIENSA EN MÍ

Javier Marías. Editorial Alfaguara, 1994.

Javier Marías nació en Madrid en 1951. Durante su niñez vivió en su ciudad natal y en Estados Unidos. Comenzó a escribir a los once años; a los quince ya había escrito una novela que nunca publicó, y cuando tenía diecinueve años salieron a la luz su primer cuento y su primera novela. Dedicó su vida profesional a la traducción, la edición y la escritura. Es miembro de la Real Academia Española desde el año 2006. Además de ser reconocido internacionalmente como escritor lo es también como traductor. Mañana en la batalla piensa en mí ha recibido el Premio Rómulo Gallegos (premio reservado para los escritores latinoamericanos hasta entonces) y el Fastenrath de la Real Academia Española.

Un tema terriblemente escabroso ─la muerte de una mujer infiel en brazos de su amante─ se convierte en una escena de desconcierto y casi detectivesca que servirá de pretexto para reflexionar sobre temas de la psicología humana, de la ética y de la filosofía de la existencia. Javier Marías de comienzo a fin, inequívocamente.

Es probable que no haya inicio más espectacular para una novela que el de Corazón tan blanco (del mismo autor): «No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola», pero este se le acerca mucho: «Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos […] Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado». Ambas entradas son  magistrales, y con cualquiera de ellas podríamos haber adivinado quién es el autor si tan solo nos hubiesen mostrado los párrafos aquí mencionados.

Vivir una experiencia como esta significará para el protagonista ─Víctor Francés─ quedar en estado de encantación, no poder olvidar a «su» muerta ni desentenderse del entorno que ella dejó. Él buscará su desencanto, volverá para adentrarse en ese mundo. Lo que hasta ahí podría ser una novela muy interesante, se convierte desde ese momento en una historia psicológica donde se exploran lenta y repetitivamente algunos aspectos comúnmente desapercibidos de la experiencia humana. Eventualmente el autor regresa a la historia de la novela, pero esta vuelve a  naufragar entre las reflexiones que tratan de entender el engaño, los recuerdos y la muerte.

Javier Marías parecerá pensar a través del protagonista, en ese estilo suyo tan observador y tan profundo; y una vez más volverá a semejarse a Corazón tan blanco en el sentido de darle importancia a la comunicación, al poder de la palabra. Se diferenciará, sin embargo, porque en vez de subrayar la necesidad de callar, se ocupará de la necesidad de hablar.

La muerte es otro tema de meditación. Se nos recordará que todo es efímero y que puede acabarse en cualquier instante, aunque por algún momento dejará una estela en quienes sobreviven a la persona fallecida, quien después de muerta parecerá decirnos: «Mañana en la batalla, piensa en mí», cuando ya no esté, excepto en ti, donde viviré por algún periodo; sé que te será difícil entender que ya no estoy, adaptarte a la vida sin mí, «mañana en la batalla, piensa en mí».

El eje de estas reflexiones será, en cambio, el engaño permanente en el que vivimos, queriendo creer que todo es verdad o que hay estabilidad, cuando en realidad mucho de lo que nos rodea es mentira. La realidad se transforma apenas pasa, y más aún cuando se la cuenta con palabras. Podremos tratar de ser objetivos, pero siempre transmitiremos una realidad parcial y desdibujada; la narraremos de diferentes maneras a cada persona; y un segundo testigo la contará desde otra perspectiva. En parte será cierta, y en parte falsa, una mentira, aunque solo fuera por lo que no se contó.

Lo mismo pasa cuando hablamos de nosotros mismos, cuando desaparecemos partes de nuestra historia, y vemos nuestra vida de una manera recortada, evocando solo los hechos que preferimos recordar. Y eso le sucede también a los demás al presentarse ante nosotros. No sabemos a quién tenemos enfrente. Engañamos y nos engañan. Lo hacemos al compartir la historia de nuestra vida, al igual que nuestra cotidianeidad. Hay, sin embargo, engaños más grandes que otros, mentiras más conscientes. En general, no soportamos el desengaño, y muy particularmente si las mentiras son mayores; podemos soportar la sospecha, sí, pero no la certeza de que somos engañados. Por esa misma razón, cuando algo cambia notablemente en nuestras vidas ─un accidente automovilístico, una operación, etc.─ no podemos dejar de comunicárselo a las personas allegadas a nosotros, queremos que lo sepan de inmediato, no queremos mantenerlas en el engaño. De no hacerlo, vivirían en la mentira por un momento, los estaríamos engañando abiertamente. Y eso no se perdona. La mentira perdonable es más sutil, aquella de la que no somos conscientes.

Si todo lo que hasta aquí ha sido dicho no fuera suficiente para animarles a leer Mañana en la batalla, piensa en mí, existe un argumento adicional: en las nuevas ediciones se añade el discurso que Javier Marías pronunciara durante la ceremonia del Premio Rómulo Gallegos en 1995, recibido justamente por la publicación de este libro. Se trata de la explicación más preclara que yo haya leído o escuchado nunca sobre el porqué de la existencia de la literatura: la necesidad del ser humano en  revisar lo no vivido, lo no realizado, lo no dicho, de contarnos otra historia. Secundaré a Javier Marías cuando dice: «Y me atrevo a pensar que es precisamente la ficción la que nos cuenta eso».

Existe también un argumento para desanimarles. El autor, literariamente hablando deja mucho que desear. Marías parece burlarse de la lengua cuando escribe. No se preocupa por la exactitud de las palabras, menos aún por la composición gramatical e ignora los signos de puntuación. Sus digresiones  son excesivas, divaga durante la mitad del libro y, con ello, confunde al lector. Si no fuera el famoso profesional que es, si no lo hubiera escuchado hablar con propiedad, pensaría que es un mal escritor. Sin embargo, todavía me pregunto, si no hace todo esto intencionalmente; en un afán por darle a la escritura libertad, una frescura que la acerque a la oralidad o al desarrollo natural del pensamiento. ¿O es dejadez? No lo sé, tendría que leer algo de él bien escrito que me permita comprobar que sabe hacerlo. Solo así podría confirmar que lo que hace es intencional. Mientras tanto, la duda permanece. ¿A pesar de eso es un libro recomendable? Sí, porque la literatura es mucho más que el dominio de las formas.

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Cuentos de Edgar Allan Poe

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CUENTOS DE EDGAR ALLAN POE (1809-1849)

¿Quiénes escribían literatura en Estados Unidos en el siglo XVIII? Pues, casi nadie. Se documenta la existencia de apenas tres escritores conocidos: Charles Brockden Brown (1771-1810), nacido en Philadelphia,  Washington Irving (1783-1859) de Nueva York, y James Fenimore Cooper (1789-1851) nacido en Nueva Jersey. Este último fue el más prolífico y célebre entre ellos ya que escribió treinta y cuatro novelas de aventura, particularmente conocido por su novela El último de los mohicanos.

Poco después nació el genio creador de Edgar Allan Poe. Fue a comienzos del siglo XIX, en Boston. Su vida fue corta ya que falleció a los cuarenta años, pero fue él quien dio un vuelco a la historia de la literatura estadounidense. Fue primero en muchos aspectos: fue un maestro del cuento, inventó el relato detectivesco, incursionó en el género de la ciencia ficción y dominó magistralmente la escritura de historias de terror, sin contar que fue el primer literato que trató de vivir de la escritura. La importancia de su obra y estilo es reconocida nacional e internacionalmente habiendo influido en grandes escritores como Baudelaire, Dostoyevski, Faulkner, Kafka, Guy de Maupassant, Borges, Cortázar y Darío.

Aquí les recomiendo y comento ocho de sus cuentos; todos estos aparecen completos en la Red, en las impecables versiones traducidas por Julio Cortázar. Los pueden imprimir en papel, o convertirlo en alguna versión que les posibilite leerlos en un libro electrónico o en alguno de los tantos dispositivos electrónicos que hoy permiten leer no solo cuentos sino novelas enteras.

CUENTOS CORTOS

  1. WILLIAM WILSON (1839)

La voz de la conciencia de William Wilson cobra la forma de una persona que está a su lado constantemente sin que William sepa que se trata de él mismo. William piensa que es alguien que se le parece, y lo persigue durante toda su vida… hasta que William decide enfrentarlo. Queda claro que no se puede acallar la voz de la conciencia. Curiosamente, William Wilson nace un 19 de enero, al igual que el autor, lo cual nos indicaría el lugar que la conciencia de Poe tenía en su propia vida.

  1. LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE (1841)

Se trata del primer relato de detectives en la historia de la literatura. En él queda magníficamente desplegada la agudeza del autor para mostrar el misterio, y la forma de develarlo. Que no es un género claramente establecido es evidente desde la primera página en la que Poe presenta una larga disquisición sobre la capacidad analítica, a la vez que nos hace conocer a Aguste Dupin, el personaje que hará de detective, y más tarde inspirará  el nacimiento de Sherlock Holmes. Algunas curiosidades: 1) Poe no conocía París cuando escribió este cuento, 2) en su manuscrito se ve que cambió el nombre original de la calle por el más tenebroso de Morgue, y 3) este fue su primer cuento traducido a otra lengua (francés).      

  1. NUNCA APUESTES TU CABEZA AL DIABLO (1841)

Es una de sus obras sardónicas. Intenta hacer frente a la crítica recibida entonces de que no  escribía nada que tuviera moralejas. Poe defiende la tesis de que toda novela o cuento las tiene aunque no sean explícitas. Sin embargo, para evitar todo cuestionamiento, escribe el mensaje moral del cuento en su  título. No ha faltado quienes vean en el protagonista de esta historia ─Toby Dammit, un niño irritante─  un posible reflejo del autor, y en el cuento hasta la premonición de su propio destino.

  1. LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA (1842)

Una peste devastadora se lleva la vida de los pobladores de un país imaginario. El príncipe de aquel país, y sus escogidos,  se aíslan de esa enfermedad en el palacio real, el cual está rodeado de una muralla infranqueable. Se dedican a la vida placentera, hasta que la muerte aparece en un baile de disfraces. Los colores de las siete habitaciones iluminadas y decoradas en forma particular, a las que no se puede acceder más que respetando un orden obligado, merecen una interpretación; pero ¿cuál? ¿Los diversos momentos de la vida que conducen inevitablemente al momento final de la muerte? De tiempo en tiempo la muerte se encargaría de recordar su presencia para desesperación de las personas que la escuchan. Sin importar los muros de la fortaleza, la muerte llegará siempre a cumplir su trabajo…

  1. EL POZO Y EL PÉNDULO (1842)

La espeluznante historia de un hombre atrapado y torturado por la Inquisición, se le aterroriza, y es consciente  de la cercanía de su muerte. Los temas que se tocan son los sentimientos de impotencia, de  desesperanza, de terror, así como los deseos de supervivencia.

  1. EL ESCARABAJO DE ORO (1843)

Este cuento de misterio presenta una vez más al detective que hay en Poe pero en un contexto de aventura. Se trata de encontrar un supuesto tesoro. Ya en esa época Poe se interesaba en la criptografía, así que en esta historia introdujo un criptograma. El cuento ganó un premio en un concurso convocado por el periódico Philadelphia Dollar Newspaper. Lo merecía.

  1. EL GATO NEGRO (1843)

El cuento trata sobre el drama de un hombre casado y amante de los animales que se convierte en alcohólico. Antes vivía una vida apacible y feliz  con su esposa. Entre los animales que criaban, había un gato, al cual él amaba especialmente. Con el al alcohol este hombre se volvió irritable y violento, lo que lo llevó a matar a su gato, y buscar a otro que lo reemplace para aplacar su dolor. Sus tormentos se acrecentaron y terminó por cometer otro crimen, en el cual el gato juega un rol crucial.

  1. LA VERDAD SOBRE EL CASO DEL SEÑOR VALDEMAR (1845)

El narrador nos transmite su interés por conocer los efectos de la hipnosis en el proceso de muerte. Un amigo suyo, Ernest Valdemar, diagnosticado con tuberculosis tenía un pronóstico que anticipaba una muerte cercana. El señor Valdemar se prestó para que cuando llegara su momento final, se experimentara con él este procedimiento. El cuento nos relata los pormenores y resultados de esta intervención. La historia trata, pues, de desafiar a la muerte, de medir su poder, de incursionar en ese lugar desconocido, peligroso y tenebroso. Poe la escribió con tal realismo que muchos llegaron a creer que era un caso de la vida real. Se le considera el gran antecedente de la ciencia ficción.

A un inventor, a quien hace nacer algo, no puede recomendársele a medias. A los iniciadores hay que reconocerlos en toda su magnificencia. Que después los que le suceden perfeccionen lo que inventó el maestro es meritorio, pero menos. Edgar Allan Poe tiene más allá de la máxima puntuación que podría dársele a cualquier literato. Me temo,

sin embargo, que para el siglo XXI sus cuentos puedan parecer limitados en aspectos de contenido o hasta técnicos. Solo por eso, me reservo un punto de duda al recomendárselo a ustedes. Pero si quiere acercarse a la genialidad, léalo.

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Bajo la misma estrella – John Green.

The fault in our stars

BAJO LA MISMA ESTRELLA 

John Green. Nube de Tinta, 2014.

John Green es un escritor de literatura juvenil que nació en Estados Unidos en 1977. En 2006 ganó el Printz Award por su novela Looking for Alaska. En 2007 lanzó, juntó con su hermano, el canal VlogBrothers en Youtube, y es el promotor de eventos como Project for Awesome, VidCon y el canal educativo de literatura, historia y ciencia Crash Course. Antes fue asistente editorial y publicó críticas de libros y materiales audiovisuales para la revista Booklist y para el The New York Times Book Review.  De los seis libros que ha escrito, The Fault in Our Stars o Bajo la misma estrella es el más exitoso.

Como si hubiera planeado un homenaje a este libro, lo fui leyendo de a pocos mientras me desplazaba por varias ciudades. Sus hojas recibieron la luz de Gatineau, Ottawa, Calgary, San Francisco, Los Ángeles, Panamá y Lima; y siento que de esta manera lo hice de un poco más infinito, como merecía. ¿Cómo que «un poco» más infinito? ¿No es que algo es infinito o no lo es? El libro juega con la noción matemática y metafórica de que hay muchos infinitos, y de que algunos son más grandes que otros. Los pequeños infinitos ─por ejemplo, una corta historia de amor, un buen libro, un bebé que acaba de nacer y recién hoy entra a formar parte de nuestro hogar─ podrían ser eternos si ingresaran a nuestro mundo interior más profundo, un lugar de donde no saldrían nunca porque allí estarían impregnados haciendo de esa experiencia un pequeño infinito.

La historia que se narra en este libro es la de dos adolescentes, de dieciséis y diecisiete años, que se conocieron en un grupo de apoyo para jóvenes con cáncer que se reunían semanalmente. Ella, Hazel Grace, tuvo inicialmente un cáncer de tiroides, el cual más tarde se diseminó creándole un cáncer de pulmón metastásico, por lo que usaba permanentemente un dispositivo artificial para procurarse oxígeno para respirar. Su vida no sería muy larga; es más, se la habían extendido milagrosamente gracias a un medicamento experimental que funcionaba en su caso. Él, Augustus Waters, había sido diagnosticado con un osteosarcoma en el pasado, pero cuando conoció a Hazel se encontraba sin evidencias de cáncer, aunque la enfermedad ─antes de retirarse de su cuerpo─ lo había obligado a amputarse una pierna. El día de su encuentro  Hazel y Augustus comenzaron su inolvidable aventura.

Los muchachos se enamoran, de modo que el libro podría ser catalogado como una novela de amor, lo cual no sería muy apropiado ya que su relación no se concentra en los sentimientos. Similarmente, el hecho de que los protagonistas y sus amigos sufrieran de cáncer invitaría a clasificar la obra como una de las tantas que tratan sobre este mal, pero una vez más es difícil afirmar esto cuando el autor le da poco espacio a los detalles sintomáticos o a la evolución de la enfermedad. ¿Qué es entonces si no es una novela romántica o que trata sobre el cáncer? En realidad es una novela de amor, de cáncer, de juventud , de psicología y de filosofía, todo junto.

Quizá de esa visión provenga el hecho de que la crítica hiciera de este libro un best-seller ─se vendió un millón de ejemplares solo en el primer año de su publicación─ : no se focaliza en un único punto de vista sino que toca varios temas a la vez, entretejiéndolos de manera muy natural e inteligente. Veamos algunos ejemplos. Cuando se enfoca en el romance, la obra no es estereotipada (excepto que Augustus es un muchacho guapísimo, de ojos azules y que se porta como todo un caballero delante de los padres de Hazel). El afecto de estos jóvenes se inicia inadvertidamente, compartiendo intereses, reflexiones, temores y decisiones. Su sexualidad es tocada tangencialmente. Los unen, más bien un caprichoso objetivo, profundas palabras y sus deseos de vivir. Cuando trata sobre el cáncer, el autor evita que el tema se convierta en el eje de las vidas de Hazel y Augustus y, además no cae en el espejismo que caricaturiza a quienes tiene este mal como los seres más fuertes, valientes y admirables del mundo. Su crítica al respecto es explícita: « ¿No me digas que eres una de esas personas que se convierten en su enfermedad? » (p. 23) y ─refiriéndose a alguien con cáncer─ «se convirtió en [una persona] que quería desesperadamente no dar lástima, que gritaba y lloraba» (p. 147).

El libro está escrito para jóvenes. El autor captura de muchas maneras las inquietudes y personalidades juveniles. Sin embargo, los protagonistas están llenos de ironía, de finas percepciones psicológicas y de inquietudes filosóficas que hacen dudar que Green haya atinado con perfiles propios de esa edad. Solo podría justificarlo considerar que la sombra o cercanía de la muerte haría filosofar a cualquiera o, por lo menos, ver la vida con mayor perspectiva. A esa edad, Hazel y Augustus conversan sobre el miedo no tanto de morir sino de no dejar huella después de la muerte (el anhelo de perpetuidad), de lo absurdo de temer lo inevitable (el olvido),  del derecho de amar o ser amados considerando la realidad de sus limitaciones físicas, del temor de hacer sufrir a los demás, etc.

Leí el libro en inglés y español, además de ver la película que se le ha dedicado. Como casi siempre, las letras superan al cine, y la versión en la lengua original a su traducción. Con respecto a esto último, critico sobre todo su excesivo españolismo amén de ciertas imprecisiones. Como prueba basta un botón,  deténganse en el título: Bajo la misma estrella, cuando en el original ─The Fault in Our Stars─ lo que autor quiere resaltar ─refutando una cita de uno de los personajes de Shaskespeare─ es que la falla muchas veces está en las estrellas, y no en nosotros mismos. Tener la misma suerte (o estar bajo la misma estrella) refleja ese mensaje de manera muy débil.

El video corto de The Fault in Our Stars contaba en Youtube con más de veintisiete millones de vistas en agosto de 2014; el libro ha aparecido en la lista de los más vendidos del New York Times con más de nueve millones de copias y ha sido traducido a cuarenta y siete lenguas, pese a lo cual no puedo catalogarlo de excelente ni a nivel técnico ni a nivel de contenido. John Green se ha especializado en Filología inglesa y Ciencias de la religión, lo escuché hablar en Los Ángeles, sospecho que es un hombre brillante. Su mejor libro está por aparecer.

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De conventos, cárceles y castillos – Camila Reimers

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DE CONVENTOS, CÁRCELES Y CASTILLOS 

Camila Reimers. Lugar Común Editorial, 2014 

Camila Reimers escritora canadiense nacida en Chile, es autora de tres novelas: Hijos de lava (2005), Tres lotos en un mar de fuego (2007) y De conventos, cárceles y castillos. Ha escrito numerosos cuentos en español e inglés, destacando las colecciones Cuentos de autoamor y de autopistas (2009) y Chakra Number Eight: Tales of Humour and Soul (2010) en inglés. Locutora de radio CHIN Ottawa 97.9 FM a cargo del programa infantil que en 2013 ganó el premio Canadian Ethnic Media Association al mejor programa radial étnico en Canadá. En 2014 uno de sus cuentos fue seleccionado para un proyecto auspiciado por la UNESCO entre los seis mejores cuentos infantiles recibidos a través de cuatro años para el concurso Rainbow Caterpillar Kid Lit Award.

Con esta novela comienza a perfilarse el estilo y las preferencias temáticas de Camila Reimers como novelista. Ya en su primera obra, Hijos de Lava, nos mostró su interés por ahondar en la búsqueda interna de nuestro verdadero ser. Para ello nos contó la vida de una persona paralizada por ataduras de las que quería liberarse, lo que implicaba enfrentar sus miedos, sus culpas, su silencio y su soledad. Esa mirada espiritual estaba apoyada en hechos de la vida real pero también en símbolos, además de estar  rodeada de fenómenos imposibles y del empeño de presentarlo todo como una unidad.

En Tres Lotos en un mar de fuego el tema es diferente: la crudeza de una extrema violencia sufrida por tres mujeres, pese a lo cual resalta la espiritualidad a través de la comunicación entre ellas tres. Esto a pesar de que estas mujeres viven en lugares y épocas diferentes (otra vez lo imposible se convierte en realidad, como queriendo demostrar que sí es posible).

De conventos, cárceles y castillos presenta la biografía de una mujer que busca comprenderse a sí misma y que habla con Teresa de Ávila, una monja que vivió en España en el siglo XVI y a quien la autora admira.  Se repite entonces la fascinación por la búsqueda interior del ser, la atracción por el diálogo entre mujeres que viven en lugares y épocas diferentes y el recurso de mezclar hechos reales con irreales, siempre en medio de una atmósfera espiritual.

El objetivo de esta obra, tal como lo menciona la autora en la introducción de su libro, es integrar a nuestra época las enseñanzas de Teresa de Ávila. Para ello recurrirá a su bagaje cultural ─un gran conocimiento sobre la vida y obra de la monja, su experiencia en la India y sus estudios y prácticas  budistas─ y a la utilización de metáforas y símbolos, muchas veces provenientes de la propia visión mística de la santa.  Para quienes tienen una formación e información similar no debe ser difícil entender la relación que Camila Reimers forja entre la vida de Sonsoles y el saber de la monja. Para los demás puede resultar una historia un poco enrevesada, lo cual no es necesariamente algo negativo, significa simplemente que no es una novela de entretenimiento sino el tipo de novela que he dado en llamar inteligente, es decir, aquella que nos hace pensar, analizar y nos invita a estudiar.

Después de leer este libro investigué algo sobre la vida y pensamiento de Teresa de Ávila en un intento por comprender mejor lo que Camila nos había narrado en él, y me encontré con dos herramientas teóricas fundamentales para facilitar la comprensión de este trabajo. Una es la metáfora entre la oración y el riego de un huerto. Para Teresa se puede regar de cuatro maneras: acarreando agua, con una máquina hidraúlica (noria), con canales o con la lluvia. Análogamente, el esfuerzo que requiere la oración va de mucho a poco (o a nada). En el proceso de desarrollo de la capacidad de orar se comprometen el silencio, la concentración, la memoria, la imaginación y la razón, hasta que todo esfuerzo cede, y rezar se convierte en un gozo que nos llena de virtudes. La segunda herramienta es el libro El castillo interior donde Teresa habla de su percepción del mundo espiritual del ser humano, semejándola a un castillo con siete moradas que se pueden ir conquistando progresivamente: 1) La primera morada es la etapa en que la persona decide entrar a su interior (abrir las puertas del castillo); 2) la resistencia a seguir ese camino; 3) la exploración; 4) el estado de calma y silencio; 5) el encuentro con Dios; 6) la entrega total y 7) la unión con Dios.

¿Y qué tiene esto que ver con el libro que aquí comentamos? Mucho. Camila Reimers titula Moradas a cada uno de los siete capítulos de su libro. La vida de Sonsoles pasa por cada una de esas moradas y, cuando menos lo esperamos, aparecen los sistemas de riego. Siendo la escritura de Camila enigmática, será muy lentamente que comprendamos qué viene de Teresa, qué de Sonsoles, qué le pertenece a la autora misma y cómo se relacionan todos esos contenidos. La autora no se esfuerza en complicarnos las cosas pero tampoco en simplificárnoslas, algo que experimentamos claramente desde las primeras páginas. Como Juan Goytisolo, tal vez, lo que ella quiera es invitarnos a ampliar horizontes y que después regresemos a releer su obra; aunque él deseaba que sus lectores dudáramos, mientras Camila parece invitarnos a reconocernos a nosotros mismos. Los dos útiles que aquí les he brindado les ayudarán a asimilar este libro. Recuerde deslindar esos conceptos de los demás componentes místicos de origen hindú y budista con los que se trata de explicar la vida de la protagonista. Sí, la autora recurre a variados elementos interpretativos. No es una biografía simple ni obvia.

La autora decidió experimentar con la puntuación eliminando todo guión largo que indique diálogo y mezclando en un párrafo no solo las voces de sus personajes sino la de su narradora. ¿Un acierto? No, no lo creo. Le pregunté a Camila si con esto buscaba mostrar su creatividad, darle fluidez a la lectura o sumarse a los escritores que intentan cambiar el estilo de redacción. Respondió que perseguía los dos últimos objetivos, además de enfrentarse a un desafío. Mi apreciación personal es que, ciertamente, a veces logra que la narración fluya, pero en muchas ocasiones produce el efecto contrario. Por otro lado, la evolución de la escritura se inició sin signos de puntuación y los fue creando después para organizar mejor el discurso. ¿Hacia dónde evolucionará?

Mis últimos comentarios serán para felicitar a la autora por renovar la presencia de una voz femenina en la literatura con lo que ello conlleva (mostrar la sexualidad de una mujer, sus percepciones acerca de las relaciones  con hombres u otras mujeres, sus anhelos, sus necesidades), por ser capaz de sintetizar en los momentos más oportunos, por presentar en un solo libro narración, poesía, lenguaje antiguo y moderno, y por su capacidad de mezclar un lenguaje sencillo y natural en medio de su esmero por elevar las letras a un nivel culto y profundo.

Note, finalmente, que el título del libro es metafórico, refiriéndose a nuestra cotidianeidad (los conventos), a nuestras limitaciones para ser nosotros mismos (las cárceles) y a nuestra capacidad para descubrir nuestro verdadero ser (los castillos). Si es esto último es lo que busca en su vida actual, aquí tiene un libro que podría inspirarle.

Para más información, consulte http://www.camilareimers.com/

Caminando por la paz, un camino interior -─ Mony Dojeiji y Alberto Agraso.

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CAMINANDO POR LA PAZ, UN CAMINO INTERIOR

Mony Dojeiji y Alberto Agraso. Walking for Peace Publishing, 2012.

Mony Dojeiji nació en Canadá en el seno de una familia libanesa. Vivió sus primeros años entre el Líbano y Canadá hasta que a sus diez años sus padres decidieron alejarse del Oriente Próximo huyendo de la guerra civil que se inició en el Líbano en 1975. Radicada ya en Canadá, obtuvo una maestría en Gestión de Empresas e ingresó a trabajar en la industria de la informática. Pese a su éxito profesional, abandonó ese ámbito en el otoño de 2000 en búsqueda de sí misma y de un sentido para su vida.

Alberto Agraso nació en Cádiz, España. A pesar de haber sentido el llamado al sacerdocio durante su niñez, terminó trabajando en el área de seguros. La ilustración, la pintura y la escultura eran sus principales intereses pero estos fueron relegados a las pocas horas libres que le quedaban después de cumplir con sus obligaciones. Su insatisfacción fue creciendo con los años hasta que tuvo que dejarlo todo: trabajo, familia y amigos, para dedicarse a buscar la esencia de sí mismo.

¿Tengo una necesidad espiritual? ¿Qué es la espiritualidad? ¿Cómo se desarrolla? ¿La espiritualidad necesita una religión que la respalde? ¿Requiere un propósito o un ideal? ¿Supone una posición moral o psicológica? ¿Cómo se vincula con los hechos sociopolíticos? ¿Qué existe en nuestro interior más allá de lo material? ¿Quiénes somos nosotros si miramos por encima de nuestras rutinas? Estas y otras preguntas similares lo invadirán después de haber leído Caminando por la Paz, un camino interior. El ser capaz de generar tales inquietudes y la sensación de que podemos luchar por nuestros sueños son probablemente los dos valores más grandes de esta obra.

El libro no se propone hacer un ejercicio intelectual sobre el tema sino simplemente dar testimonio de cómo dos personas decidieron aventurarse a hacer una larguísima caminata, y qué descubrieron espiritualmente durante ese recorrido. No es una novela ni ningún otro tipo de ficción, la historia es real. Mony y Alberto resolvieron ir a pie desde Roma hasta Jerusalén, atravesando trece países: Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro, Albania, Macedonia, Grecia, Turquía, Chipre, Siria, Líbano e Israel totalizando cinco mil kilómetros. De este extenso trayecto, se pudo haber llenado miles de páginas haciendo del libro una crónica de viajes, pero el enfoque que se le dio fue otro: se intentó más bien compartir una experiencia personal, desplegar sentimientos, mostrar las propias contradicciones y limitaciones, compartir el despertar a nuevas percepciones, etc., todo escrito en un lenguaje sencillo y apropiado, lleno de deseos de trasmitir.

La peregrinación realizada por Mony y Alberto no responde a una ofrenda religiosa sino más bien a una decisión personal. Mony había crecido en un medio que era consciente del conflicto israelí y que asumía que la lucha armada era la única opción para imponer justicia donde no la había; y así lo entendía ella también. Llegó el momento, sin embargo, en que comenzó a cuestionar ese pensamiento y a dar cabida a la idea de llegar a la paz social por otros medios. Tuvo entonces que enfrentar la gran pregunta: ¿qué es la paz? Su decisión de caminar tenía una doble determinación: responder a esa pregunta y cumplir con el anhelo de llevar un mensaje de paz a Jerusalén. Alberto se interesaba también por la paz pero en términos más generales.

Está claro que el camino fue hecho por ambos, que los dos recogieron notas y después compartieron sus diarios y enfoques para narrar la obra, de ahí que sus nombres aparezcan en la autoría del libro. Sin embargo, tanto esta decisión como lo dicho en las primeras páginas ─agradecimientos, introducción y prólogo─ inducen a confusión sobre quién redactó este libro, cuando al leerlo todo indicará que la escritora es Mony. En sus líneas se escucha la voz de una mujer. Ese aporte delicado, sensible, emotivo y complicado con que a veces la mujer marca sus pasos. Las lágrimas y las emociones brotan con frecuencia de la protagonista ─autora del libro a la vez─, inesperadas reacciones que nos recuerdan el sentir de una mujer frente a hechos sencillos o cotidianos. ¿Cómo juzgar ese acento femenino en estos escritos? Pienso que simplemente dejándolo ser. Sin embargo, no es esa la reacción que se observa necesariamente, y por eso me siento en la necesidad de abordar este tema. Mucha literatura está escrita por hombres pero nadie la llama literatura masculina; se evalúa la imprenta personal, la técnica o el contenido que posee la obra, sin importar el género de quien la ha creado. Cuando la escribe una mujer, sorprendentemente, aparecen voces ─normalmente masculinas─ que se concentran en su carácter femenino, cuestionando su estilo. ¿Por qué? Es la pregunta clave. ¿No será que la voz femenina toca una fibra emocional masculina que incomoda al hombre, algo que él preferiría no despertar? ¿O será que la presencia de la voz masculina cubre tanto el ámbito de la narración que cuando se lee la de una mujer, algo parece decir que sus escritos no alcanzan un cierto nivel literario (medido con parámetros masculinos por supuesto)? Digamos que los criterios de evaluación son objetivos y que, en efecto, dicha creación no alcanza los niveles mínimos requeridos para hablar de una buena literatura, ¿por qué no explicar esto con objetividad? El problema no radicaría en que la obra venga de una mujer, ya que mucha narración escrita por hombres tampoco llega a elevarse. Creo que de lo que se trata es de disfrutar la literatura en lo que aporta y quizá señalar las nuevas vías que pudieran desarrollarse pero de ninguna manera bloquear su camino con el argumento de que ha sido escrita por una mujer (o por un hombre) descalificando así las posibilidades de un género. A la literatura le hace falta más manos femeninas que escriban, más mujeres que contribuyan a reflejar en las letras esa otra parte de la humanidad hasta hoy más bien silenciosa en ese ámbito. Un punto más para leer este libro: acérquese a la manera de ver o sentir la vida tal como ha querido compartirla una mujer.

Mony hablará de su preparación mental y emocional para lanzarse a ese recorrido por sí sola. Nos contará sus temores, y después sus sensaciones al saberse acompañada de Alberto; pero sobre todo ─y lo más importante─ irradiará su voluntad, su fe y su transformación personal. Alberto estará presente también pero a través de ella. Desde el primer capítulo el libro dará muestras de cierto pensamiento mágico pero este tomará vigor más tarde hasta convertirse en un pensamiento esotérico. Habrá de todo en ese camino: muchos hechos serán leídos como señales, los términos vida, universo, etc. serán escritos con mayúsculas y se les atribuirá capacidad de comunicación intencional y planificada, los animales serán símbolos, se leerán mensajes en los medios de comunicación masiva,en las pinturas de cuadros y en papeles que llegarán inexplicablemente a manos de los protagonistas, se mencionarán ángeles, magos, guías espirituales, maestros, visiones, etc. Se podría decir que los testimonios de Mony y Alberto están llenos de misticismo. Y esto se vuelve doblemente interesante porque proviene de espíritus libres, de gente que pretende guiarse no por una religión sino por su propia verdad. A Mony muchas de esas creencias no le son propias; es más se resiste a ellas. Es decir, que el libro nos permitirá ser testigos de un despertar interior y de su evolución.Lo que comienza como el deseo de de conocerse a sí misma, de entender el concepto de paz, y esclarecer cómo puede llevarse esta a los demás, terminará siendo el descubrimiento de una «luz interior» y su despliegue; además de la revelación de algo trascendente. Todo se presentará de manera irregular, la fe será a veces muy intensa y otras veces no tanto, los testimonios concretos de la vida terrenal se ligarán a asuntos espirituales pero no siempre, la narración se concentrará en los detalles o pasará muy ligeramente por encima de ellos, entre los protagonistas habrá armonía y desacuerdo, y hasta nos harán partícipes de una historia de amor.

¿Recomendaría leer este libro? Dependerá de usted, de sus necesidades, de sus intereses, de su tolerancia a visiones diferentes del mundo. Que hablemos de amor, de energía, de Dios, de la Hermandad Blanca, de chakras, de buena voluntad, etc. pueden ser maneras diferentes de aproximarse a una misma realidad espiritual. ¿Está dispuesto usted a escuchar una nueva terminología? ¿a tratar de descubrir cómo comprenden la vida otras personas? A mi entender no se tiene que concordar con el lenguaje para llegar a la misma esencia. Es más, es fascinante tratar de entender a las personas y su concepción de la cosmología. Hasta la misma palabra espiritualidad puede cuestionarse, como puede ponerse en duda la opción de recurrir a términos místicos para explicarla; pero más allá de estas disquisiciones intelectuales, más allá de todo análisis, está la necesidad del ser humano de explicarse a sí mismo y al universo. Y este libro lo invita a ello. Si lo lee no podrá resistirse a que una sensación de fe lo toque, y que el deseo de entenderse a usted mismo despierte. Decida usted si eso es lo que necesita.

Para más información, consulte walkingforpeace.com

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La vida exagerada de Martín Romaña – Alfredo Bryce Echenique

La vida exagerada de Martín Romaña

LA VIDA EXAGERADA DE MARTÍN ROMAÑA

Alfredo Bryce Echenique. Editorial Anagrama, 2001.

Alfredo Bryce Echenique nació en 1939 en Lima dentro de una familia de abolengo de la alta burguesía. Su padre y abuelo fueron banqueros y su bisabuelo materno ostentó el cargo de  presidente constitucional del Perú. Su familia rechazó su vocación de escritor lo que lo condujo a  estudiar Derecho. Con el pasar de los años, sin embargo, se formó en literatura francesa clásica en 1965 y contemporánea en 1966 en la Sorbona, Francia. Se inició como escritor en 1968 y desde entonces ha escrito once novelas y ocho cuentos, además de varios ensayos y textos biográficos.

Alfredo Bryce nos introduce en este libro al mundo íntimo de un hombre, Martín Romaña, que tiene sueños y trata de realizarlos a pesar de sentir sus propias contradicciones y limitaciones. Este hombre ama y sufre mientras busca su lugar en el mundo en el París de fines de la década de los sesenta. Martín va a constituirse en un símbolo de hombre sensible, tímido y lúcido a quien le será difícil insertarse en un mundo que no tiene esas mismas características. Al pasar de los años Martín Romaña escribe en un cuaderno azul, sentado en su sillón Voltaire, la historia que vivió en aquella época. Ahí nacería esta obra.

Este libro es parte del llamado post-boomlatinoamericano o literatura posmoderna. Se conoce como boom latinoamericano al auge literario liderado por algunos escritores latinoamericanos en la década de los sesenta. Entre sus más preclaros representantes estuvieron Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Sus obras se caracterizaron por resaltar los problemas sociales y políticos de la época o ─como en el caso de Cortázar─  por desenmarañar problemas existenciales, así como por experimentar con nuevas  técnicas. El post-boomes una reacción contra los excesos técnicos y el contenido socio-político de esas obras, aunque a veces el cambio no sea tan notorio sino que aparezca como una transición. En el caso de la literatura de Bryce Echenique hay un gran corte con los escritores del boom en la parte técnica pero conlleva todavía algunos de los contenidos de ese periodo.

Escrito con un lenguaje aparentemente simple y directo, en forma de monólogo o como narrador omnisciente, contiene una gran dosis de humor y sobre todo una gran capacidad de autoreconocimiento personal. No se detiene a analizar la esencia de América Latina o de París sino que entra en el interior psicológico y sentimental de su personaje. Esta es la gran ruptura con el boom. Sin embargo, al encontrarse Martín Romaña en el exilio y al vivir las protestas acontecidas en París en el célebre Mayo de 68, no puede evitar dar testimonio de estas experiencias sociales. Ese es el punto donde coincide con el boom pero se deslinda de este al dar testimonio de un hecho real en lugar de uno ficticio.

Todo indica que Martín Romaña es el alter ego del autor: ambos son peruanos, provienen de una familia acomodada económicamente en su país, y viajaron a París a finales de la década de los sesenta con el deseo de estudiar en la Sorbona y hacerse escritores. La obra está llena de disparatadas escenas, creadas muchas veces por el extraño comportamiento del protagonista constituyendo esa su vida exagerada. Estos acontecimientos se convierten en hilarantes en la pluma de Bryce Echenique. El autor, o Martín Romaña, puede además crear de la escena más cotidiana un momento de humor inolvidable. Para ello recurre al ridículo, al absurdo, al equívoco, al dilema, a la exageración, a la sorpresa, al cinismo, etc. Bryce Echenique  domina el arte humorístico en todas sus facetas.

Siendo los sucesos de mayo de 1968 históricos no solo para Francia sino para otros países de Europa y del mundo, es fascinante enterarse a través de Martín Romaña del testimonio de alguien que los vivió militando en un grupo marxista conformado por peruanos. El grupo leía a Marx, Mao, Lenin y Troski y planificaba participar en una posible revolución empuñando las armas cuando regresara al Perú. Martín Romaña era un individuo que cuestionaba, dudaba y que buscaba entender por todo lo cual era acusado de retrasar el avance del grupo y, por lo tanto, era considerado un miembro antipático. Martín se veía obligado, por el amor que le profesaba a Inés, a aparentar un compromiso con el grupo que realmente no sentía, y a vivir una vida que no le era propia. Le era fácil con esa distancia percibir las contradicciones en que caían los supuestos futuros revolucionarios. Ese es el grupo que se une a los eventos de Mayo del 68 haciendo barricadas y participando en marchas. Martín se siente ajeno a ese mundo. Inés vive su desencanto con lentitud. Martín no se da cuenta de la transformación que vive ella, invadido y confundido por su propio mundo interno.

Así de auténtica y triste parece ser esta particular experiencia que se inserta en un movimiento social  tan importante.  Por otro lado,  Martín Romaña aparenta ser una persona irreal cuando no se sabe si sus recuerdos o ciertas de sus vivencias son verdad, imaginación o locura. Quizá esta sea la parte donde el autor se excede elaborando en el personaje un lado tan insano que parece un ser falso. O quizá constituya una de las presentaciones más profundas de la psicología de un ser no tan común ni tan corriente pero tampoco tan difícil de concebir.

La novela se mueve en el mundo de la ironía e invita al lector a dudar. Así se acerca a la realidad sin tocarla directamente. Martín Romaña sufre,  hacia el final de la novela, de un fecaloma que simboliza, a mi modo de ver, cómo a veces el ser humano se autoinflige un mal por miedo a perder algo superior (a pesar de que de todas maneras va a perderlo más tarde) aunque esto lo obligue a aparentar o falsear la realidad. Posiblemente simbolice también el desmesurado dolor que trae el constatar en un momento de la vida que se está perdiendo lo que más se ama, o acaso el deseo de no querer seguir enfrentándose a la vida.  Lo cierto es que esta novela no tiene un solo nivel de lenguaje sino muchos. A leerla para reír y para interpretarla.

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El héroe discreto – Mario Vargas Llosa

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EL HÉROE DISCRETO

Mario Vargas Llosa. Editorial Alfaguara, 2013.

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo nacido en Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones, entre ellos el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nobel de Literatura 2010. El héroe discreto es la última obra del autor, publicada en septiembre de 2013.

Cuando la técnica narrativa alcanza el nivel de la perfección, el contenido de lo que se narra pareciera pasar a segundo plano. Aparentemente eso es lo que ocurre con El héroe discreto. Vargas Llosa es el orfebre, el pintor, el escultor de la palabra, del diálogo, de los tiempos, de los espacios, de los personajes, del suspenso. Un obrero que ha elevado su técnica tan alto que puede contar cualquier historia, independientemente de su argumento, cautivando a su público. Me veo obligada a subrayar esto porque la temática de esta obra es no solo simple sino melodramática y hasta trillada. Gran decepción para quienes, al tratarse de un literato que ha ganado el Premio Nobel de Literatura, esperan el próximo paso del gigante: una sorpresa estilística, una aproximación a un nuevo género, una reflexión sobre los grandes problemas sociopolíticos del mundo, algo. Y la sorpresa llega pero del otro lado: el autor decide relajarse y entretener a su público con una historia que bien podría ser el guion para una audiencia de telenovelas antes que para el lector que busca enriquecerse culturalmente.

¿Y cuál es ese tema tan truculento al que nos referimos? Dejándonos guiar por el título del libro, tendríamos que decir que esta novela cuenta la historia de un hombre llamado Felícito Yanaqué, cuyos orígenes fueron muy humildes ya que creció en la pobreza, abandonado por su madre y criado exclusivamente por su padre. Este hombre luchó desde su miseria para darle a su hijo un futuro mejor; y lo logró: Felícito era casado, padre de dos varones y dueño de la exitosa Empresa de Transportes Narihualá en la ciudad de Piura. Llevaba una vida normal hasta que un día recibió una carta anónima en la que le solicitaron un cupo de quinientos dólares mensuales bajo amenaza de hacerle daño si no cumplía con el pago requerido; a partir de entonces su vida se convirtió en una permanente preocupación si no en una desgracia. El nombre apelativo de héroe discreto deriva de la forma en que Felícito reaccionó ante este chantaje. Hasta aquí se podría decir que el tema se adentra en el mundo de la delincuencia, con lo cual se estaría abordando un problema social en lugar de un melodrama, pero hay que ver cómo se desenvuelve la historia…

Es necesario añadir, olvidando el título que nos guió antes, que en realidad este libro cuenta dos historias paralelas. La segunda se desarrolla en Lima, teniendo como personajes centrales a Ismael y Rigoberto. Este último es empleado del primero, Ismael Carrera, un octogenario dueño de una aseguradora millonaria y padre de dos hombres sin ninguna virtud empresarial, sus hijos mellizos Miki y Escobita, que no ven la hora de heredarlo. Consciente de esto, el padre decide sabotearles la realización de ese deseo. El cómo logra dificultarles el camino es la prueba de que esta novela descendió a los espacios domésticos más anodinos, ya sea porque Vargas Llosa no quiso exigir más a su imaginación (sus enemigos dicen que no pudo hacerlo) o porque decidió jugar un poco con sus dones.

Dos temas secundarios pero interesantes aparecen en la novela haciendo incursionar al autor en el mundo de lo espiritualmente misterioso. Uno es la aparición de Adelaida, una mujer que parece tener poderes extrasensoriales (expresión nunca utilizada por el autor), una suerte de adivinadora, de vidente, a quien, sin proponérselo, la sorprenden «inspiraciones». El segundo es la presencia recurrente de Edilberto Torres, un hombre que aparece y desaparece de la vida de Fonchito ─el hijo de Rigoberto─ de manera extraña, llegándose incluso a especular que Edilberto podría ser la aparición del diablo como ocurrió en Doktor Faustus de Thomas Mann. Más peculiar aún es el hecho de que a pesar de haber desarrollado ampliamente una trama llena de cuestionamientos alrededor del tal Edilberto, la existencia de este personaje queda sin descifrarse; ni siquiera se esclarece si realmente existe o es inventado. Es como si se estuviera escribiendo una novela y se la terminara abruptamente a mitad del libro. ¿Por qué hace esto el autor? Es inexplicable. ¿Acaso es este el nuevo mundo que el autor comienza a explorar? Vargas Llosa dedicó mucho tiempo a la elaboración de dicho personaje y sus interacciones con Fonchito para abandonarlo como si nada, como si no tuviera un compromiso con su lector para dar resolución a esa subtrama. ¿Intenta retomar la historia en una obra futura? ¿Deja cabos sueltos intencionalmente para darle más realismo a la novela? Tal vez sus próximas obras descifren este enigma.

Puede que usted se pregunte qué tan valioso puede ser lo técnico si el contenido es tan cuestionable, y reconozco esta pregunta como válida. Mi respuesta es: depende. Depende de lo que usted busque, si es entretenimiento puro, lo encontrará; si es sofisticación en la narrativa, la encontrará; si es elevar el espíritu, este no es el libro adecuado. Desde mi perspectiva de mujer que escribe y que ama distraerse con la belleza de la palabra y de la narrativa, el libro vale mucho. Desde mi inquieta intelectualidad, en búsqueda de serias reflexiones humanas, no pagaría casi nada por este. Pero me gustan los paseos, desde los retos intelectuales hasta las distracciones ligeras y bellas, me conformo esta vez con lo último, y recojo con alegría lo que el autor nos ha regalado desde el alto tecnicismo que domina. Nada nuevo, es cierto, las mismas técnicas narrativas utilizadas con anterioridad, pero ¿no adoraría usted tener una obra de Goya, de Renoir, de Velásquez, justamente por el dominio de su técnica? Aquí algunos ejemplos: transmite una gran naturalidad en los personajes y en sus diálogos, esto a pesar de la riqueza de su vocabulario; une reflexiones que están en su mente con diálogos reales ocurridos en tiempos y espacios diferentes; crea diálogos yuxtapuestos que se entrecruzan de Piura a Lima y viceversa; oculta información clave para entender los sucesos dejándonos saber que existe pero sin develarla, el narrador omnisciente cuenta lo que sabe pero mientras va narrando se apoya en los pensamientos de los personajes sobre los que está hablando; hace que dos historias lejanas espacialmente se junten influyendo una a otra (la técnica de los vasos comunicantes); construye una historia dentro de otra (la técnica de la caja china o la muñeca rusa) como cuando Felícito le cuenta a Adelaida el desenlace de las investigaciones, el capitán Silva a Felícito, el vigilante a Lituma; introduce diálogos o comentarios entre paréntesis o entre rayas en medio de una oración, etc.

Finalmente quisiera subrayar que la intertextualidad reina en esta obra, viejos personajes de antiguas novelas regresan: Rigoberto, su mujer Lucrecia, su hijo Fonchito y su empleada Justiniana (Elogio de la madrastra, 1988); Rigoberto es asimismo el que fuera protagonista en Los cuadernos de don Rigoberto, 1997; el sargento Lituma (ya aparecido en La casa verde, 1966; en ¿Quién mató a Palomino Molero?, 1986; y en Lituma en Los Andes cuando todavía era cabo); el capitán Silva, los Inconquistables, la Casa Verde, etc. Es decir que su obra comienza a inventar y retornar a esos lugares y seres «vivientes» como lo hiciera, por ejemplo, Juan Carlos Onetti hacia el final de sus días, cuando juntó a sus más amados personajes en su última novela Cuando ya nadie importe. Que no sea este el caso de Vargas Llosa, que su último libro tome mucho tiempo en aparecer. Mientras tanto, no nos perdamos su vida y continuemos disfrutando de su arte.

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Noticias del imperio – Fernando del Paso

Noticias del Imperio

        NOTICIAS DEL IMPERIO

Fernando del Paso. Histórica de Muchnik Editores, 2001.

Fernando del Paso nació en 1935 en México D.F. y estudió Economía y Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha escrito apenas cuatro novelas. Le tomó diez años terminar sus tres primeras novelas y ocho la última. Su primera obra –José Trigo– recibió el Premio Xavier Villaurrutia 1966, su segunda obra –Palinuro de México– el Premio de Novela México 1976, el Premio Internacional Rómulo Gallegos 1982, el Premio Casa de las Américas 1982 y el Premio Médicis a la Mejor Novela Extranjera publicada en Francia 1985-1986; y su tercera novela –Noticias del Imperio– el Premio Mazatlán de Literatura 1988. Como poeta ha publicado varias colecciones, entre ellas Sonetos de lo diario.

Maximiliano I de México, archiduque de Austria, fue el segundo y último emperador de México (1864-1868) después que Napóleon III decidiera restaurar la monarquía en ese país, aunque retrocediera en su apoyo pocos años más tarde. A pesar de que oficialmente se dice que Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, se han levantado sospechas de que habría vivido en San Salvador bajo un seudónimo. Carlota Amalia, su consorte, nacida en Bruselas, se convirtió en emperatriz de México durante el mismo periodo. Se dice que perdió la razón al regresar a Europa después del abandono que sufrieron ella y su esposo, obligándolos a fracasar en su empresa, lo cual significaba la pérdida de toda dignidad dentro de la realeza. Se especula también que regresó embarazada de otro hombre y que se escondió para evitar el escándalo público. Hay indicadores de que sufría periodos de locura pero no queda claro cuán profunda o permanente era esta ya que otros hechos indican que también tenía periodos de lucidez. Se dice incluso que siguió tomando decisiones políticas y mercantiles, y que gracias a ellas continuó siendo la mujer más rica del mundo en esa época. Lo cierto es que murió confinada en el Château de Bouchout en Bélgica.

Hasta allí los hechos históricos. ¿Y qué tiene todo esto que ver con Noticias del Imperio? Pues mucho. Ese libro es una novela histórica basada en la vida de esta pareja real, donde se describe cómo se pretendía decidir el destino de México desde Europa, cómo se logró instaurar una monarquía en la segunda mitad del siglo XIX en ese país y el por qué se revirtió esta decisión. La novela tendría ya un gran valor si solamente consideráramos la información histórica que nos proporciona, pero la obra se eleva aún más por múltiples razones, erigiéndose en lo más alto de la literatura.

La novela nos contacta con la vida de la realeza: sus lujos, ceremonias e intrigas; nos pinta el retrato de una monarquía poderosa, ambiciosa, desleal, arrogante, aunque convencida de sus derechos. Son visibles las disputas de la Casa de Habsburgo o entre las monarquías europeas, y los juicios para la realeza o sus países son abiertos: “no veo cómo podemos justificar una intervención en ningún país en nombre de la justicia social, habiendo en Francia tanta corrupción y tanta desigualdad”.

La obra también no enriquece contándonos la historia del México de aquella época: bosqueja lo ocurrido después de la retirada de los españoles, explica cómo las tres principales potencias marítimas del mundo firmaron en 1861 una Convención Tripartita en Londres en la que se comprometieron al envío de tropas de ocupación a las costas de México, detalla la ocupación, describe el gobierno de Maximiliano I, y su fin.Trata asimismo de la vida de algunos de sus personajes más importantes como, por ejemplo, Benito Juárez: “un indio cetrino […] huérfano de padre y madre desde que tenía tres años de edad, y que a los once era sólo un pastor de ovejas que trepaba a los árboles […] para […] hablar […] en el único idioma que entonces conocía: el zapoteca”.

¿Qué rol tenía Estados Unidos en la vida mexicana con su aproximación “América para los americanos” expresada en la doctrina de Monroe? ¿Cuál la iglesia católica? ¿y cuáles eran sus conflictos con el poder político? Son algunos de los muchos temas que son abordados en el libro.

Siendo tan interesante y valiosa la Historia, le otorgo a la estrategia para transmitirla más valor aún. Fernando del Paso tuvo la brillante idea de ubicar a Carlota de México en el último año de su vida, cuando ella contaba con 86 años, y desde allí hacerla dueña de monólogos de locura y cordura, donde ella le habla a su esposo recapitulando su vida entera; relatos a través de los cuales ella puede ubicarse en el siglo XIX o el XX, entrar al Palacio de las Tullerías, regresar a México, volver a Europa, referirse a sus familias, explicar a Maximiliano su estado de salud dando a entender a veces que está loca, y otras veces que no lo está; todo esto encolerizándose, defendiéndose, explicándose, preguntándole, reprochándole, acusándolo:

“porque habrás de saber, Maximiliano […] que yo enterré a todo el mundo. Yo enterré a Próspero Merimée, el imbécil que cuando vine a Saint Cloud a pedirle ayuda a Luis Napoleón y Eugenia le dijo a todos que […] no me soltaría ni un quinto ni un soldado”. […] Yo enterré a tu hermano Francisco José y con él al Imperio Austro Húngaro”;

“¿para que no sepa yo que Alfonso Trece de España anda por el mundo en un automóvil atropellando burros y vacas? ¿Para que no entere de las vergüenzas que le hizo pasar a tu familia tu sobrino el archiduque Otto que cabalgaba desnudo en pleno día por el Prater?”

“por mentir así, Maximiliano, por ser tan hipócrita, […] por eso te castigó Dios”.

Los monólogos de Carlota son, por otro lado, una historia de amor indesmayable, llenos de una música que nos lleva a sumergirnos en el mundo de lo poético:

“los corimbos púrpura de los rododendros y las copas blancas de los nenúfares y las corolas moradas y olorosas de las lilas: para mí habían nacido, para mí florecían

“¿y sabes a lo que más le tienen miedo Maximiliano? A que te invente a ti de nuevo. A que de tu fantasma […] haga yo un príncipe más alto aún de lo que fuiste en vida, más alto que tu tragedia y que tu sangre”

“he desandado el tiempo y he visto cómo se abren de nuevo tus ojos […] y cómo las balas salen de tu cuerpo […] y cómo la sangre se evapora de tu pecho”

“o puedo, si quiero, que de las heridas de las balas broten amapolas líquidas o ríos de mariposas”

Por momentos evoca la condición humana y común de la realeza, como, por ejemplo, en el capítulo dedicado a las enfermedades del emperador Maximiliano, donde se retratan escenas de su debilidad y hasta se le humilla haciéndonos contemplar uno de sus exámenes rectales. Es el mismo rol que, además de acentuar la locura, parece cumplir el erotismo fuertemente impregnado en la obra:

“sentada toda la noche, con las piernas abiertas y el camisón arremangado, me masturbo hora tras hora, sin parar, y la baba que me escurre de la boca se junta con la baba que me escurre de las piernas y forma un solo hilo espeso y blanco como tu esperma Maximiliano”

“tuyas estas mis dos piernas que bañé con limón y polvo de piedra de nácar y tallé con piedra pómez para que tú, cuando regresaras […] las encontraras más brillantes y lisas, tuyas las nalgas que restregué con rosas y polvos de arroz para que tú, […] las vieras, las sintieras, las besaras más perfumadas y más blancas”

“abro el ropero y te llevo a mi lecho y […] hago el amor contigo, […] con el palo que te puse entre las piernas […] una noche […] casi me atravesé la matriz, casi me rasgué el útero, pero seguí haciendo el amor contigo hasta el amanecer”

Carlota habla intercaladamente en siete de los quince capítulos de la novela, desde el primero hasta el décimo tercero, todos titulados “Castillo de Bouchot”. Los otros ocho, sin embargo, están repartidos, y a veces fragmentados, en otras voces: varios aparecen con el título del tema histórico que se va a tratar, abordados como tradicionalmente se cuenta la Historia; otro, aparece como una escena social en un baile de la nobleza, donde dos enmascarados hablan: un senador romano –el príncipe Richard Metternich– y un noble veneciano que resulta ser Napoleón III; dos capítulos son dedicados al encuentro de Benito Juárez con su secretario para discutir el informe de la vida del Emperador Maximiliano y de su entorno más cercano; en otras secciones, dos hermanos se escriben cartas. ¿Qué podría ser más didáctico que esta variedad de ópticas y estilos?

¿Qué más puede pedírsele a una novela? México puede estar orgulloso de contar con un escritor de la talla de Fernando del Paso. Ningún mexicano –y tal vez ningún latinoamericano–debería ignorar esta gran obra que nos cuenta una parte de nuestra Historia, y que está escrita con conocimiento, sabiduría, belleza y sensibilidad.

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Santa Evita – Tomás Eloy Martínez

Santa Evitagrande

          SANTA EVITA

Tomás Eloy Martínez. Editorial Planeta, 1995.

Tomás Eloy Martínez (TEM) nació en San Miguel de Tucumán, Argentina y falleció en 2010 a la edad de setenta y cinco años. Escritor y periodista de profesión, tuvo que salir del país al ser amenazado por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) conocida como la Triple A, responsable del asesinato de intelectuales durante el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla. Residió ocho años en Venezuela (1975-1983). De regreso publicó una novela sobre el presidente argentino Juan Domingo Perón en 1985 y otra sobre Evita Duarte de Perón en 1995. Esta se convirtió en su obra magistral, la novela argentina más traducida de todos los tiempos.

Santa Evita es una obra soberbia, de extraordinario tecnicismo, que abre las puertas de la reflexión sobre la historia y la identidad argentina. Dicho en palabras de Vargas Llosa Santa Evita es una novela a la vez que “una biografía, un mural sociopolítico, un reportaje, un documento histórico, una fantasía histérica, una carcajada surrealista y un radioteatro tierno y conmovedor. […] hay en ella, debajo de los alardes imaginativos y amagos líricos, un trabajo de hormiga, una pesquisa llevada a cabo con tenacidad de sabueso”. Es así como el autor empieza a demostrarnos su gran tecnicismo: uniendo en una sola obra todos esos enfoques. Añade además dos otras muestras: nos presenta a un narrador múltiple y hace de la metanarración un arte. Ahora me explico.

Es un narrador múltiple porque por momentos es un narrador homodiegético (aquel que es parte del mundo relatado), otras veces es un narrador heterodiético (es decir que se excluye del relato), habla en tercera persona y se convierte en omnisciente (el que lo sabe todo) y hasta conversa directamente con el lector lo cual lo convierte en un narrador extradiégetico.

La metanarración es el discurso narrativo que trata de sí mismo. En el caso de Santa Evita esto puede verse cuando el autor nos indica constantemente de dónde proviene la información que le permite estar narrando lo que estamos leyendo. Nos habla de las personas a quienes entrevistó, de las fuentes escritas que tuvo que revisar y de las cintas que visionó para informarse. Nos hace partícipes incluso de sus propias reflexiones a medida que escribe, tiene dudas sobre lo que sucede o sobre cómo interpretar los hechos, cuestiona sus fuentes, hace preguntas que no responde, vacila. Este enfoque puede ser producto de lo que realmente le sucedía o la explícita intención de darle veracidad a lo narrado (¿porque quién creería en una compleja historia donde todo se explica y encaja a la perfección? ¿no diríamos más bien que ese relato sería el producto de una novela?). Más aun, el autor nos da cuenta —a medida que escribe— de cómo nació la novela y para qué la cuenta.

La prolepsis —conocimiento anticipado de algo— es otra de sus técnicas metanarrativas. Utiliza, por ejemplo, a un personaje para hacerle decir a otro lo que va a suceder más adelante en la novela. El segundo personaje no lo cree. Nosotros lo tomamos como un diálogo de tantos pero la verdad es que ese diálogo tiene valor predictivo, es la manera como Tomás Eloy Martínez nos anuncia lo que va a suceder.

Santa Evita no es una novela histórica como ha sido catalogada por muchos. Si bien nos ofrece un extenso material auténtico, hay partes inventadas según el mismo autor confiesa. Al lector le resulta imposible discernir entre lo falso y lo verdadero. Obviamente eso es lo que busca el autor. Martínez reflexiona, en innumerables ocasiones, sobre la Historia como disciplina, cuestionando que todo lo que conocemos como hechos históricos sea estrictamente cierto. Por ejemplo, ¿cómo tomar al pie de la letra la declaración de un testigo por más cercano que haya sido a los hechos acontecidos? El autor, en ocasiones, hasta hace que un personaje le pida pruebas a otro de lo que supone cierto, sin que éste pueda mostrarlas, de modo que la veracidad de lo dicho queda en cuestionamiento. En otros casos analiza lógicamente cómo un hecho aceptado tradicionalmente como real o histórico puede no ser verdadero. La veracidad se vuelve incredulidad, mentira, incertidumbre. La novela se vuelve Historia, posible verdad. Los límites se desdibujan.

La intertextualidad está allí para confundirnos más. Se citan obras existentes como referencia: Esa mujer de Rodolfo Walsh, El cadáver de la nación y los tres cuentos Evita vive de Néstor Perlongher, El examen de Julio Cortázar, Ella de Onetti, El simulacro de Borges y la obra teatral Eva Perón de Copi. Cada una de esas obras se referiría a Evita a su manera, pero Santa Evita recoge todos los puntos de vista, los quiere explicar todos, nos habla a través de ellos

Para no confundir al lector, les diré en forma simple —si eso es posible— de lo que trata esta obra. Santa Evita narra lo que pasó con el cuerpo de Evita Duarte de Perón después de su muerte. Evita, destacado personaje en la vida política de Argentina, murió a la edad de treinta y tres años, el 26 de julio de 1952, lo cual engrandeció aun más una figura ya apoteósica: la convirtió en inmortal. Al morir se le encargó al Dr. Pedro Ara que embalsame el cuerpo de Evita y este fue trasladado a la Confederación Central del Trabajo luego de una de las exequias más imponentes del siglo XX. El 16 de septiembre de 1955 —la noche del derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón— un comando al mando del teniente coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el cadáver y lo desapareció durante largos años. No fue si no hasta 1971 que el cuerpo de Evita le fue devuelto a Perón. ¿Qué pasó durante todo este tiempo con ese cadáver? Se dice que Moori tuvo una pasión necrofílica por el cuerpo de Evita y que lo tuvo andando por todo Buenos Aires por temor a que lo descubriera la resistencia peronista. Posteriormente fue llevado y enterrado en Milán, Italia, con un nombre falso. Los detalles y aparentes maleficios de lo que podría haber sucedido con Evita durante todos esos años se describen en este libro. Fascinante.

Si bien el tema central de la novela es lo sucedido después de su muerte, se abordan otros temas secundarios. Se habla de ella en una biografía parcial —o parcializada más bien— que no la hace quedar muy bien. Ya el título del libro nos lo anunciaba, o con más claridad aun el supuesto y descartado título original: La perdida. Se dedica un capítulo extraordinariamente didáctico a analizar los mitos que se crearon en torno a Evita. Por otro lado, las acciones militares así como el sentir del pueblo argentino quedan al descubierto. No podrá evitarse recordar que pocos años después desaparecieran muchos cadáveres en Argentina, siendo el de Evita tal vez el primero. ¿Cuánto de la pasión que la historia de Evita despierta todavía hoy en día tiene que ver con el dolor silenciado de aquellos seres de los que nunca se supo nada?

El lector quedará haciéndose muchas preguntas, algunas macabras, otras sobre la historia sociopolítica de Argentina durante el siglo XX y lo de que ella queda vivo. Sesenta años después de la muerte de “Esa mujer” o “Persona” todavía se sigue escribiendo, hablando y creando arte y pasión sobre ella. Como dijo Carlos Fuentes: “Alucinante novela gótica, perversa historia de amor, impresionante cuento de terror, alucinante, perversa, impresionante historia nacional à rebours, Santa Evita es todo eso y algo más”.

Aquí me detengo. Imposible comentar en un solo artículo una obra que dice tanto. Solo les queda leerla.

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Corazón tan blanco – Javier Marías

Corazon-tan-blanco

                                                     CORAZÓN TAN BLANCO

Javier Marías. Editorial Alfaguara, 1992.

Javier Marías nació en Madrid en 1951. Durante su niñez vivió en su ciudad natal y en Estados Unidos. Comenzó a escribir a los once años, a los quince ya había escrito una novela que nunca publicó y a los diecinueve salió a la luz su primer cuento y su primera novela. Dedicó su vida profesional a la traducción, la edición y la escritura. Es miembro de la Real Academia Española desde el año 2006. Además de ser reconocido internacionalmente como escritor lo es también como traductor. Corazón tan blanco ha recibido el Premio de la Crítica 1992, el Prix L’Œil et la Lettre 1993 y el International Dublin Literary Award 1997. Es su novela más leída y más traducida. A título de ejemplo menciono que se ha vendido más de un millón de ejemplares de esta obra tan solo en la lengua alemana.

La necesidad de callar, la importancia de los secretos, el poder de la palabra, el de un acto o de una intervención verbal, la responsabilidad del que escucha, el sentimiento de culpa, la aparente inexistencia de los hechos silenciados, la libertad cuestionada por el hecho de que estemos obligados a comportarnos según la decisión de otros, la delicadeza de un sentimiento puro y los riesgos del amor de pareja son los principales temas tratados en esta obra.

El título “Corazón tan blanco” alude a una frase de Macbeth ─tragedia escrita por William Shakespeare─ en la que nunca queda claro si con esa metáfora el autor quiere referirse a la inocencia, a la cobardía o quizá a ambos conceptos. Creo que Marías juega con esa ambigüedad pero que el énfasis de la novela no radica en un sentimiento o el otro sino en la relación de la palabra –o el silencio- con ellos. Señala, por ejemplo, que alguien caracterizado por una gran pureza sería incapaz de aceptar una felonía o un crimen; atención, no dice de cometerlos sino enterarse de que alguien los ha cometido. Si se enterara deberíamos prepararnos para presenciar una gran transformación. Ver, escuchar, saber, callar, indagar cobran una gran importancia en las reflexiones del autor.

El argentino Oscar Calvelo ha hecho un traslado del enfoque de esta novela al de la historia española. De acuerdo a su análisis, el padre del protagonista y narrador de esta historia ─Juan Ranz─ fue un sobreviviente de la Guerra Civil y del franquismo e hizo su fortuna con medios moralmente cuestionables. Calló muchas cosas durante cuarenta años aunque al final demostró que estaba dispuesto a hablar ante su nuera, cuya curiosidad era muy decidida. Antes nadie había demostrado tanto interés por descubrir su pasado. Deduzco ─enmarcándome en ese paralelo─ que así se calla o se descubre mucha parte de la Historia. Hay quienes se interesan en develar sus secretos como los que no. Las consecuencias de indagar sobre la historia (la del padre de Juan) o la Historia de España o de no hacerlo ─la protección que da la ignorancia o el olvido─ son parte de las reflexiones de este libro. La comparación tiene mucho sentido si tomamos en cuenta que al padre del autor, el filósofo Julián Marías, se le negó el derecho a dar clases en la Universidad franquista por no haber firmado los principios del Movimiento y fue encarcelado por ser republicano, de lo que puede deducirse que en esa familia hay mucho que callar o decir sobre la represión franquista. Interesantísimo.

No queda claro si el protagonista es considerado un curioso o un apático. Observa, fisgonea y piensa todo el tiempo aunque no pregunta ni actúa mucho, pero me parece que no tiene nada de indiferente. Lo que observa en “el aquí y el ahora” le dice tanto que se resiste a abrir nuevas puertas que podrían resultarle inmanejables. ¿Podría ser esa la actitud de algunos ante la Historia? Juan estaría representando a los que callan, su esposa a los que indagan. En la novela ambos mantienen conversaciones sobre este tema.

La importancia que Marías le da a la influencia que una acción pueda tener en nuestras vidas se muestra claramente en las últimas páginas de la novela, donde se retoma una de las primeras escenas importantes del libro para cambiarle de curso. Es decir se repite el inicio de la historia pero enseguida se anuncia otro guion y ahí termina la obra. Con ello nos quiere mostrar una vez más cómo un pequeño movimiento puede cambiar el curso de una vida. Esto se constata también en la falsa traducción que Juan ─intérprete que trabaja para organismos internacionales─ hace del diálogo de dos altos cargos políticos (la crítica ha sugerido que se refiere a Margaret Thatcher y Felipe González), entre otros ejemplos.

Esa es la novela, pero sucede algo particular. El autor introduce algunas historias a manera de ensayos, historias que son ajenas al tema central. Técnicamente esto es lo que se ha dado en llamar el hibridismo genérico. Así, al leer esta novela parece que estuviéramos leyendo adicionalmente algunos ensayos. Por estos nos enteramos de la vida profesional de los traductores, de la forma cómo un experto internacional de arte puede hacer fortuna con su profesión y de la peculiar manera cómo una amiga y colega del narrador busca conocer un hombre en su vida. Mientras tanto nos distraemos del núcleo de la historia. La pregunta es: ¿esto es bueno o malo? Para una purista como yo esto no es agradable porque las ramificaciones restan concentración y emoción. Sin embargo debo confesar que hay algo genial en el trabajo de Marías porque introduce sucintas narraciones tan completas que por muy ajenas que sean a la novela terminan enriqueciéndola. Además sospecho que el autor añade estos ensayos intencionalmente, como parte de su manejo del suspenso. Y las emociones aparecen allí, en la espera de volver al núcleo. Nos obliga a vivir con interés otros momentos, como la vida nos obliga a veces a distraernos de nuestros objetivos centrales haciéndose cada vez más compleja e interesante. La purista deja de serlo con este escritor.

Por último debo mencionar dos características técnicas adicionales en la narrativa de Marías: una es el manejo de los tiempos en cámara lenta y la otra es la extraordinaria y detallada descripción de algunos personajes o hechos ─como aquel de la escena inicial o el padre, entre tantos otros. Permítanme citarles parte ─aunque muy recortada─ de una de estas descripciones como prueba de lo que afirmo:

“Ranz, mi padre, me lleva treinta y cinco años, pero nunca ha sido viejo […] ofrecía la imagen de un hombre mayor presumido y risueño, complacidamente juvenilizado, burlona y falsamente atolondrado […] él ha llevado siempre el abrigo echado sobre los hombros, sin meter nunca las mangas […]. Todo en él ha sido siempre agradable […], desde su mirada vivaz (como si todo le divirtiera, o a todo le viera la gracia) […] Tenía unas facciones no del todo correctas, y sin embargo pasó siempre por un individuo guapo, al que le gustaba gustar a las mujeres […]. Lo más llamativo de su rostro eran sus ojos increíblemente despiertos, deslumbradores a veces por la devoción y fijeza con que podían mirar, como sí lo que estuvieran viendo en cada momento fuera de una importancia extrema, digno no solo de verse sino de estudiarse detenidamente, de observarse de manera excluyente […] Esos ojos halagaban lo que contemplaban. Esos ojos eran de color […] castaño tan pálido que a fuerza de palidez cobraba nitidez y brillo […] eran móviles y centelleantes, adornados por largas pestañas oscuras que amortiguaban la rapidez y tensión de sus desplazamientos continuos, miraban con homenaje y fijeza y a la vez no perdían de vista nada de lo que ocurría […] Y aún había un tercer rasgo, las cejas pobladas y siempre enarcadas […]. Mi padre levantaba las pobladas cejas […] por cualquier motivo o incluso sin motivo […]. De ese modo me ha mirado siempre […] con la ligera ironía de sus cejas como sombrillas abiertas y la fulgurante fijeza de sus pupilas, manchas negras de sus iris solares, como dos centros de una sola diana”

Solo por una de esas caracterizaciones Javier Marías merecería otro premio internacional y nuestro compromiso de hacer todo lo posible por leerlo. Con lo primero él ganaría más del reconocimiento que merece, con lo segundo nosotros viviríamos una experiencia inolvidable. Leer a Marías debería constituirse en una meta o un sueño para todo buen lector.

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