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Caminando por la paz, un camino interior -─ Mony Dojeiji y Alberto Agraso.

CAMINANDO POR LA PAZ, UN CAMINO INTERIOR
Mony Dojeiji y Alberto Agraso. Walking for Peace Publishing, 2012.
Mony Dojeiji nació en Canadá en el seno de una familia libanesa. Vivió sus primeros años entre el Líbano y Canadá hasta que a sus diez años sus padres decidieron alejarse del Oriente Próximo huyendo de la guerra civil que se inició en el Líbano en 1975. Radicada ya en Canadá, obtuvo una maestría en Gestión de Empresas e ingresó a trabajar en la industria de la informática. Pese a su éxito profesional, abandonó ese ámbito en el otoño de 2000 en búsqueda de sí misma y de un sentido para su vida.
Alberto Agraso nació en Cádiz, España. A pesar de haber sentido el llamado al sacerdocio durante su niñez, terminó trabajando en el área de seguros. La ilustración, la pintura y la escultura eran sus principales intereses pero estos fueron relegados a las pocas horas libres que le quedaban después de cumplir con sus obligaciones. Su insatisfacción fue creciendo con los años hasta que tuvo que dejarlo todo: trabajo, familia y amigos, para dedicarse a buscar la esencia de sí mismo.
¿Tengo una necesidad espiritual? ¿Qué es la espiritualidad? ¿Cómo se desarrolla? ¿La espiritualidad necesita una religión que la respalde? ¿Requiere un propósito o un ideal? ¿Supone una posición moral o psicológica? ¿Cómo se vincula con los hechos sociopolíticos? ¿Qué existe en nuestro interior más allá de lo material? ¿Quiénes somos nosotros si miramos por encima de nuestras rutinas? Estas y otras preguntas similares lo invadirán después de haber leído Caminando por la Paz, un camino interior. El ser capaz de generar tales inquietudes y la sensación de que podemos luchar por nuestros sueños son probablemente los dos valores más grandes de esta obra.
El libro no se propone hacer un ejercicio intelectual sobre el tema sino simplemente dar testimonio de cómo dos personas decidieron aventurarse a hacer una larguísima caminata, y qué descubrieron espiritualmente durante ese recorrido. No es una novela ni ningún otro tipo de ficción, la historia es real. Mony y Alberto resolvieron ir a pie desde Roma hasta Jerusalén, atravesando trece países: Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro, Albania, Macedonia, Grecia, Turquía, Chipre, Siria, Líbano e Israel totalizando cinco mil kilómetros. De este extenso trayecto, se pudo haber llenado miles de páginas haciendo del libro una crónica de viajes, pero el enfoque que se le dio fue otro: se intentó más bien compartir una experiencia personal, desplegar sentimientos, mostrar las propias contradicciones y limitaciones, compartir el despertar a nuevas percepciones, etc., todo escrito en un lenguaje sencillo y apropiado, lleno de deseos de trasmitir.
La peregrinación realizada por Mony y Alberto no responde a una ofrenda religiosa sino más bien a una decisión personal. Mony había crecido en un medio que era consciente del conflicto israelí y que asumía que la lucha armada era la única opción para imponer justicia donde no la había; y así lo entendía ella también. Llegó el momento, sin embargo, en que comenzó a cuestionar ese pensamiento y a dar cabida a la idea de llegar a la paz social por otros medios. Tuvo entonces que enfrentar la gran pregunta: ¿qué es la paz? Su decisión de caminar tenía una doble determinación: responder a esa pregunta y cumplir con el anhelo de llevar un mensaje de paz a Jerusalén. Alberto se interesaba también por la paz pero en términos más generales.
Está claro que el camino fue hecho por ambos, que los dos recogieron notas y después compartieron sus diarios y enfoques para narrar la obra, de ahí que sus nombres aparezcan en la autoría del libro. Sin embargo, tanto esta decisión como lo dicho en las primeras páginas ─agradecimientos, introducción y prólogo─ inducen a confusión sobre quién redactó este libro, cuando al leerlo todo indicará que la escritora es Mony. En sus líneas se escucha la voz de una mujer. Ese aporte delicado, sensible, emotivo y complicado con que a veces la mujer marca sus pasos. Las lágrimas y las emociones brotan con frecuencia de la protagonista ─autora del libro a la vez─, inesperadas reacciones que nos recuerdan el sentir de una mujer frente a hechos sencillos o cotidianos. ¿Cómo juzgar ese acento femenino en estos escritos? Pienso que simplemente dejándolo ser. Sin embargo, no es esa la reacción que se observa necesariamente, y por eso me siento en la necesidad de abordar este tema. Mucha literatura está escrita por hombres pero nadie la llama literatura masculina; se evalúa la imprenta personal, la técnica o el contenido que posee la obra, sin importar el género de quien la ha creado. Cuando la escribe una mujer, sorprendentemente, aparecen voces ─normalmente masculinas─ que se concentran en su carácter femenino, cuestionando su estilo. ¿Por qué? Es la pregunta clave. ¿No será que la voz femenina toca una fibra emocional masculina que incomoda al hombre, algo que él preferiría no despertar? ¿O será que la presencia de la voz masculina cubre tanto el ámbito de la narración que cuando se lee la de una mujer, algo parece decir que sus escritos no alcanzan un cierto nivel literario (medido con parámetros masculinos por supuesto)? Digamos que los criterios de evaluación son objetivos y que, en efecto, dicha creación no alcanza los niveles mínimos requeridos para hablar de una buena literatura, ¿por qué no explicar esto con objetividad? El problema no radicaría en que la obra venga de una mujer, ya que mucha narración escrita por hombres tampoco llega a elevarse. Creo que de lo que se trata es de disfrutar la literatura en lo que aporta y quizá señalar las nuevas vías que pudieran desarrollarse pero de ninguna manera bloquear su camino con el argumento de que ha sido escrita por una mujer (o por un hombre) descalificando así las posibilidades de un género. A la literatura le hace falta más manos femeninas que escriban, más mujeres que contribuyan a reflejar en las letras esa otra parte de la humanidad hasta hoy más bien silenciosa en ese ámbito. Un punto más para leer este libro: acérquese a la manera de ver o sentir la vida tal como ha querido compartirla una mujer.
Mony hablará de su preparación mental y emocional para lanzarse a ese recorrido por sí sola. Nos contará sus temores, y después sus sensaciones al saberse acompañada de Alberto; pero sobre todo ─y lo más importante─ irradiará su voluntad, su fe y su transformación personal. Alberto estará presente también pero a través de ella. Desde el primer capítulo el libro dará muestras de cierto pensamiento mágico pero este tomará vigor más tarde hasta convertirse en un pensamiento esotérico. Habrá de todo en ese camino: muchos hechos serán leídos como señales, los términos vida, universo, etc. serán escritos con mayúsculas y se les atribuirá capacidad de comunicación intencional y planificada, los animales serán símbolos, se leerán mensajes en los medios de comunicación masiva,en las pinturas de cuadros y en papeles que llegarán inexplicablemente a manos de los protagonistas, se mencionarán ángeles, magos, guías espirituales, maestros, visiones, etc. Se podría decir que los testimonios de Mony y Alberto están llenos de misticismo. Y esto se vuelve doblemente interesante porque proviene de espíritus libres, de gente que pretende guiarse no por una religión sino por su propia verdad. A Mony muchas de esas creencias no le son propias; es más se resiste a ellas. Es decir, que el libro nos permitirá ser testigos de un despertar interior y de su evolución.Lo que comienza como el deseo de de conocerse a sí misma, de entender el concepto de paz, y esclarecer cómo puede llevarse esta a los demás, terminará siendo el descubrimiento de una «luz interior» y su despliegue; además de la revelación de algo trascendente. Todo se presentará de manera irregular, la fe será a veces muy intensa y otras veces no tanto, los testimonios concretos de la vida terrenal se ligarán a asuntos espirituales pero no siempre, la narración se concentrará en los detalles o pasará muy ligeramente por encima de ellos, entre los protagonistas habrá armonía y desacuerdo, y hasta nos harán partícipes de una historia de amor.
¿Recomendaría leer este libro? Dependerá de usted, de sus necesidades, de sus intereses, de su tolerancia a visiones diferentes del mundo. Que hablemos de amor, de energía, de Dios, de la Hermandad Blanca, de chakras, de buena voluntad, etc. pueden ser maneras diferentes de aproximarse a una misma realidad espiritual. ¿Está dispuesto usted a escuchar una nueva terminología? ¿a tratar de descubrir cómo comprenden la vida otras personas? A mi entender no se tiene que concordar con el lenguaje para llegar a la misma esencia. Es más, es fascinante tratar de entender a las personas y su concepción de la cosmología. Hasta la misma palabra espiritualidad puede cuestionarse, como puede ponerse en duda la opción de recurrir a términos místicos para explicarla; pero más allá de estas disquisiciones intelectuales, más allá de todo análisis, está la necesidad del ser humano de explicarse a sí mismo y al universo. Y este libro lo invita a ello. Si lo lee no podrá resistirse a que una sensación de fe lo toque, y que el deseo de entenderse a usted mismo despierte. Decida usted si eso es lo que necesita.
Para más información, consulte walkingforpeace.com
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El héroe discreto – Mario Vargas Llosa

EL HÉROE DISCRETO
Mario Vargas Llosa. Editorial Alfaguara, 2013.
Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo nacido en Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones, entre ellos el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nobel de Literatura 2010. El héroe discreto es la última obra del autor, publicada en septiembre de 2013.
Cuando la técnica narrativa alcanza el nivel de la perfección, el contenido de lo que se narra pareciera pasar a segundo plano. Aparentemente eso es lo que ocurre con El héroe discreto. Vargas Llosa es el orfebre, el pintor, el escultor de la palabra, del diálogo, de los tiempos, de los espacios, de los personajes, del suspenso. Un obrero que ha elevado su técnica tan alto que puede contar cualquier historia, independientemente de su argumento, cautivando a su público. Me veo obligada a subrayar esto porque la temática de esta obra es no solo simple sino melodramática y hasta trillada. Gran decepción para quienes, al tratarse de un literato que ha ganado el Premio Nobel de Literatura, esperan el próximo paso del gigante: una sorpresa estilística, una aproximación a un nuevo género, una reflexión sobre los grandes problemas sociopolíticos del mundo, algo. Y la sorpresa llega pero del otro lado: el autor decide relajarse y entretener a su público con una historia que bien podría ser el guion para una audiencia de telenovelas antes que para el lector que busca enriquecerse culturalmente.
¿Y cuál es ese tema tan truculento al que nos referimos? Dejándonos guiar por el título del libro, tendríamos que decir que esta novela cuenta la historia de un hombre llamado Felícito Yanaqué, cuyos orígenes fueron muy humildes ya que creció en la pobreza, abandonado por su madre y criado exclusivamente por su padre. Este hombre luchó desde su miseria para darle a su hijo un futuro mejor; y lo logró: Felícito era casado, padre de dos varones y dueño de la exitosa Empresa de Transportes Narihualá en la ciudad de Piura. Llevaba una vida normal hasta que un día recibió una carta anónima en la que le solicitaron un cupo de quinientos dólares mensuales bajo amenaza de hacerle daño si no cumplía con el pago requerido; a partir de entonces su vida se convirtió en una permanente preocupación si no en una desgracia. El nombre apelativo de héroe discreto deriva de la forma en que Felícito reaccionó ante este chantaje. Hasta aquí se podría decir que el tema se adentra en el mundo de la delincuencia, con lo cual se estaría abordando un problema social en lugar de un melodrama, pero hay que ver cómo se desenvuelve la historia…
Es necesario añadir, olvidando el título que nos guió antes, que en realidad este libro cuenta dos historias paralelas. La segunda se desarrolla en Lima, teniendo como personajes centrales a Ismael y Rigoberto. Este último es empleado del primero, Ismael Carrera, un octogenario dueño de una aseguradora millonaria y padre de dos hombres sin ninguna virtud empresarial, sus hijos mellizos Miki y Escobita, que no ven la hora de heredarlo. Consciente de esto, el padre decide sabotearles la realización de ese deseo. El cómo logra dificultarles el camino es la prueba de que esta novela descendió a los espacios domésticos más anodinos, ya sea porque Vargas Llosa no quiso exigir más a su imaginación (sus enemigos dicen que no pudo hacerlo) o porque decidió jugar un poco con sus dones.
Dos temas secundarios pero interesantes aparecen en la novela haciendo incursionar al autor en el mundo de lo espiritualmente misterioso. Uno es la aparición de Adelaida, una mujer que parece tener poderes extrasensoriales (expresión nunca utilizada por el autor), una suerte de adivinadora, de vidente, a quien, sin proponérselo, la sorprenden «inspiraciones». El segundo es la presencia recurrente de Edilberto Torres, un hombre que aparece y desaparece de la vida de Fonchito ─el hijo de Rigoberto─ de manera extraña, llegándose incluso a especular que Edilberto podría ser la aparición del diablo como ocurrió en Doktor Faustus de Thomas Mann. Más peculiar aún es el hecho de que a pesar de haber desarrollado ampliamente una trama llena de cuestionamientos alrededor del tal Edilberto, la existencia de este personaje queda sin descifrarse; ni siquiera se esclarece si realmente existe o es inventado. Es como si se estuviera escribiendo una novela y se la terminara abruptamente a mitad del libro. ¿Por qué hace esto el autor? Es inexplicable. ¿Acaso es este el nuevo mundo que el autor comienza a explorar? Vargas Llosa dedicó mucho tiempo a la elaboración de dicho personaje y sus interacciones con Fonchito para abandonarlo como si nada, como si no tuviera un compromiso con su lector para dar resolución a esa subtrama. ¿Intenta retomar la historia en una obra futura? ¿Deja cabos sueltos intencionalmente para darle más realismo a la novela? Tal vez sus próximas obras descifren este enigma.
Puede que usted se pregunte qué tan valioso puede ser lo técnico si el contenido es tan cuestionable, y reconozco esta pregunta como válida. Mi respuesta es: depende. Depende de lo que usted busque, si es entretenimiento puro, lo encontrará; si es sofisticación en la narrativa, la encontrará; si es elevar el espíritu, este no es el libro adecuado. Desde mi perspectiva de mujer que escribe y que ama distraerse con la belleza de la palabra y de la narrativa, el libro vale mucho. Desde mi inquieta intelectualidad, en búsqueda de serias reflexiones humanas, no pagaría casi nada por este. Pero me gustan los paseos, desde los retos intelectuales hasta las distracciones ligeras y bellas, me conformo esta vez con lo último, y recojo con alegría lo que el autor nos ha regalado desde el alto tecnicismo que domina. Nada nuevo, es cierto, las mismas técnicas narrativas utilizadas con anterioridad, pero ¿no adoraría usted tener una obra de Goya, de Renoir, de Velásquez, justamente por el dominio de su técnica? Aquí algunos ejemplos: transmite una gran naturalidad en los personajes y en sus diálogos, esto a pesar de la riqueza de su vocabulario; une reflexiones que están en su mente con diálogos reales ocurridos en tiempos y espacios diferentes; crea diálogos yuxtapuestos que se entrecruzan de Piura a Lima y viceversa; oculta información clave para entender los sucesos dejándonos saber que existe pero sin develarla, el narrador omnisciente cuenta lo que sabe pero mientras va narrando se apoya en los pensamientos de los personajes sobre los que está hablando; hace que dos historias lejanas espacialmente se junten influyendo una a otra (la técnica de los vasos comunicantes); construye una historia dentro de otra (la técnica de la caja china o la muñeca rusa) como cuando Felícito le cuenta a Adelaida el desenlace de las investigaciones, el capitán Silva a Felícito, el vigilante a Lituma; introduce diálogos o comentarios entre paréntesis o entre rayas en medio de una oración, etc.
Finalmente quisiera subrayar que la intertextualidad reina en esta obra, viejos personajes de antiguas novelas regresan: Rigoberto, su mujer Lucrecia, su hijo Fonchito y su empleada Justiniana (Elogio de la madrastra, 1988); Rigoberto es asimismo el que fuera protagonista en Los cuadernos de don Rigoberto, 1997; el sargento Lituma (ya aparecido en La casa verde, 1966; en ¿Quién mató a Palomino Molero?, 1986; y en Lituma en Los Andes cuando todavía era cabo); el capitán Silva, los Inconquistables, la Casa Verde, etc. Es decir que su obra comienza a inventar y retornar a esos lugares y seres «vivientes» como lo hiciera, por ejemplo, Juan Carlos Onetti hacia el final de sus días, cuando juntó a sus más amados personajes en su última novela Cuando ya nadie importe. Que no sea este el caso de Vargas Llosa, que su último libro tome mucho tiempo en aparecer. Mientras tanto, no nos perdamos su vida y continuemos disfrutando de su arte.
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Noticias del imperio – Fernando del Paso
NOTICIAS DEL IMPERIO
Fernando del Paso. Histórica de Muchnik Editores, 2001.
Fernando del Paso nació en 1935 en México D.F. y estudió Economía y Literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha escrito apenas cuatro novelas. Le tomó diez años terminar sus tres primeras novelas y ocho la última. Su primera obra –José Trigo– recibió el Premio Xavier Villaurrutia 1966, su segunda obra –Palinuro de México– el Premio de Novela México 1976, el Premio Internacional Rómulo Gallegos 1982, el Premio Casa de las Américas 1982 y el Premio Médicis a la Mejor Novela Extranjera publicada en Francia 1985-1986; y su tercera novela –Noticias del Imperio– el Premio Mazatlán de Literatura 1988. Como poeta ha publicado varias colecciones, entre ellas Sonetos de lo diario.
Maximiliano I de México, archiduque de Austria, fue el segundo y último emperador de México (1864-1868) después que Napóleon III decidiera restaurar la monarquía en ese país, aunque retrocediera en su apoyo pocos años más tarde. A pesar de que oficialmente se dice que Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, se han levantado sospechas de que habría vivido en San Salvador bajo un seudónimo. Carlota Amalia, su consorte, nacida en Bruselas, se convirtió en emperatriz de México durante el mismo periodo. Se dice que perdió la razón al regresar a Europa después del abandono que sufrieron ella y su esposo, obligándolos a fracasar en su empresa, lo cual significaba la pérdida de toda dignidad dentro de la realeza. Se especula también que regresó embarazada de otro hombre y que se escondió para evitar el escándalo público. Hay indicadores de que sufría periodos de locura pero no queda claro cuán profunda o permanente era esta ya que otros hechos indican que también tenía periodos de lucidez. Se dice incluso que siguió tomando decisiones políticas y mercantiles, y que gracias a ellas continuó siendo la mujer más rica del mundo en esa época. Lo cierto es que murió confinada en el Château de Bouchout en Bélgica.
Hasta allí los hechos históricos. ¿Y qué tiene todo esto que ver con Noticias del Imperio? Pues mucho. Ese libro es una novela histórica basada en la vida de esta pareja real, donde se describe cómo se pretendía decidir el destino de México desde Europa, cómo se logró instaurar una monarquía en la segunda mitad del siglo XIX en ese país y el por qué se revirtió esta decisión. La novela tendría ya un gran valor si solamente consideráramos la información histórica que nos proporciona, pero la obra se eleva aún más por múltiples razones, erigiéndose en lo más alto de la literatura.
La novela nos contacta con la vida de la realeza: sus lujos, ceremonias e intrigas; nos pinta el retrato de una monarquía poderosa, ambiciosa, desleal, arrogante, aunque convencida de sus derechos. Son visibles las disputas de la Casa de Habsburgo o entre las monarquías europeas, y los juicios para la realeza o sus países son abiertos: “no veo cómo podemos justificar una intervención en ningún país en nombre de la justicia social, habiendo en Francia tanta corrupción y tanta desigualdad”.
La obra también no enriquece contándonos la historia del México de aquella época: bosqueja lo ocurrido después de la retirada de los españoles, explica cómo las tres principales potencias marítimas del mundo firmaron en 1861 una Convención Tripartita en Londres en la que se comprometieron al envío de tropas de ocupación a las costas de México, detalla la ocupación, describe el gobierno de Maximiliano I, y su fin.Trata asimismo de la vida de algunos de sus personajes más importantes como, por ejemplo, Benito Juárez: “un indio cetrino […] huérfano de padre y madre desde que tenía tres años de edad, y que a los once era sólo un pastor de ovejas que trepaba a los árboles […] para […] hablar […] en el único idioma que entonces conocía: el zapoteca”.
¿Qué rol tenía Estados Unidos en la vida mexicana con su aproximación “América para los americanos” expresada en la doctrina de Monroe? ¿Cuál la iglesia católica? ¿y cuáles eran sus conflictos con el poder político? Son algunos de los muchos temas que son abordados en el libro.
Siendo tan interesante y valiosa la Historia, le otorgo a la estrategia para transmitirla más valor aún. Fernando del Paso tuvo la brillante idea de ubicar a Carlota de México en el último año de su vida, cuando ella contaba con 86 años, y desde allí hacerla dueña de monólogos de locura y cordura, donde ella le habla a su esposo recapitulando su vida entera; relatos a través de los cuales ella puede ubicarse en el siglo XIX o el XX, entrar al Palacio de las Tullerías, regresar a México, volver a Europa, referirse a sus familias, explicar a Maximiliano su estado de salud dando a entender a veces que está loca, y otras veces que no lo está; todo esto encolerizándose, defendiéndose, explicándose, preguntándole, reprochándole, acusándolo:
– “porque habrás de saber, Maximiliano […] que yo enterré a todo el mundo. Yo enterré a Próspero Merimée, el imbécil que cuando vine a Saint Cloud a pedirle ayuda a Luis Napoleón y Eugenia le dijo a todos que […] no me soltaría ni un quinto ni un soldado”. […] Yo enterré a tu hermano Francisco José y con él al Imperio Austro Húngaro”;
– “¿para que no sepa yo que Alfonso Trece de España anda por el mundo en un automóvil atropellando burros y vacas? ¿Para que no entere de las vergüenzas que le hizo pasar a tu familia tu sobrino el archiduque Otto que cabalgaba desnudo en pleno día por el Prater?”
– “por mentir así, Maximiliano, por ser tan hipócrita, […] por eso te castigó Dios”.
Los monólogos de Carlota son, por otro lado, una historia de amor indesmayable, llenos de una música que nos lleva a sumergirnos en el mundo de lo poético:
– “los corimbos púrpura de los rododendros y las copas blancas de los nenúfares y las corolas moradas y olorosas de las lilas: para mí habían nacido, para mí florecían”
– “¿y sabes a lo que más le tienen miedo Maximiliano? A que te invente a ti de nuevo. A que de tu fantasma […] haga yo un príncipe más alto aún de lo que fuiste en vida, más alto que tu tragedia y que tu sangre”
– “he desandado el tiempo y he visto cómo se abren de nuevo tus ojos […] y cómo las balas salen de tu cuerpo […] y cómo la sangre se evapora de tu pecho”
– “o puedo, si quiero, que de las heridas de las balas broten amapolas líquidas o ríos de mariposas”
Por momentos evoca la condición humana y común de la realeza, como, por ejemplo, en el capítulo dedicado a las enfermedades del emperador Maximiliano, donde se retratan escenas de su debilidad y hasta se le humilla haciéndonos contemplar uno de sus exámenes rectales. Es el mismo rol que, además de acentuar la locura, parece cumplir el erotismo fuertemente impregnado en la obra:
– “sentada toda la noche, con las piernas abiertas y el camisón arremangado, me masturbo hora tras hora, sin parar, y la baba que me escurre de la boca se junta con la baba que me escurre de las piernas y forma un solo hilo espeso y blanco como tu esperma Maximiliano”
– “tuyas estas mis dos piernas que bañé con limón y polvo de piedra de nácar y tallé con piedra pómez para que tú, cuando regresaras […] las encontraras más brillantes y lisas, tuyas las nalgas que restregué con rosas y polvos de arroz para que tú, […] las vieras, las sintieras, las besaras más perfumadas y más blancas”
– “abro el ropero y te llevo a mi lecho y […] hago el amor contigo, […] con el palo que te puse entre las piernas […] una noche […] casi me atravesé la matriz, casi me rasgué el útero, pero seguí haciendo el amor contigo hasta el amanecer”
Carlota habla intercaladamente en siete de los quince capítulos de la novela, desde el primero hasta el décimo tercero, todos titulados “Castillo de Bouchot”. Los otros ocho, sin embargo, están repartidos, y a veces fragmentados, en otras voces: varios aparecen con el título del tema histórico que se va a tratar, abordados como tradicionalmente se cuenta la Historia; otro, aparece como una escena social en un baile de la nobleza, donde dos enmascarados hablan: un senador romano –el príncipe Richard Metternich– y un noble veneciano que resulta ser Napoleón III; dos capítulos son dedicados al encuentro de Benito Juárez con su secretario para discutir el informe de la vida del Emperador Maximiliano y de su entorno más cercano; en otras secciones, dos hermanos se escriben cartas. ¿Qué podría ser más didáctico que esta variedad de ópticas y estilos?
¿Qué más puede pedírsele a una novela? México puede estar orgulloso de contar con un escritor de la talla de Fernando del Paso. Ningún mexicano –y tal vez ningún latinoamericano–debería ignorar esta gran obra que nos cuenta una parte de nuestra Historia, y que está escrita con conocimiento, sabiduría, belleza y sensibilidad.
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Santa Evita – Tomás Eloy Martínez
SANTA EVITA
Tomás Eloy Martínez. Editorial Planeta, 1995.
Tomás Eloy Martínez (TEM) nació en San Miguel de Tucumán, Argentina y falleció en 2010 a la edad de setenta y cinco años. Escritor y periodista de profesión, tuvo que salir del país al ser amenazado por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) —conocida como la Triple A—, responsable del asesinato de intelectuales durante el gobierno de facto de Jorge Rafael Videla. Residió ocho años en Venezuela (1975-1983). De regreso publicó una novela sobre el presidente argentino Juan Domingo Perón en 1985 y otra sobre Evita Duarte de Perón en 1995. Esta se convirtió en su obra magistral, la novela argentina más traducida de todos los tiempos.
Santa Evita es una obra soberbia, de extraordinario tecnicismo, que abre las puertas de la reflexión sobre la historia y la identidad argentina. Dicho en palabras de Vargas Llosa Santa Evita es una novela a la vez que “una biografía, un mural sociopolítico, un reportaje, un documento histórico, una fantasía histérica, una carcajada surrealista y un radioteatro tierno y conmovedor. […] hay en ella, debajo de los alardes imaginativos y amagos líricos, un trabajo de hormiga, una pesquisa llevada a cabo con tenacidad de sabueso”. Es así como el autor empieza a demostrarnos su gran tecnicismo: uniendo en una sola obra todos esos enfoques. Añade además dos otras muestras: nos presenta a un narrador múltiple y hace de la metanarración un arte. Ahora me explico.
Es un narrador múltiple porque por momentos es un narrador homodiegético (aquel que es parte del mundo relatado), otras veces es un narrador heterodiético (es decir que se excluye del relato), habla en tercera persona y se convierte en omnisciente (el que lo sabe todo) y hasta conversa directamente con el lector lo cual lo convierte en un narrador extradiégetico.
La metanarración es el discurso narrativo que trata de sí mismo. En el caso de Santa Evita esto puede verse cuando el autor nos indica constantemente de dónde proviene la información que le permite estar narrando lo que estamos leyendo. Nos habla de las personas a quienes entrevistó, de las fuentes escritas que tuvo que revisar y de las cintas que visionó para informarse. Nos hace partícipes incluso de sus propias reflexiones a medida que escribe, tiene dudas sobre lo que sucede o sobre cómo interpretar los hechos, cuestiona sus fuentes, hace preguntas que no responde, vacila. Este enfoque puede ser producto de lo que realmente le sucedía o la explícita intención de darle veracidad a lo narrado (¿porque quién creería en una compleja historia donde todo se explica y encaja a la perfección? ¿no diríamos más bien que ese relato sería el producto de una novela?). Más aun, el autor nos da cuenta —a medida que escribe— de cómo nació la novela y para qué la cuenta.
La prolepsis —conocimiento anticipado de algo— es otra de sus técnicas metanarrativas. Utiliza, por ejemplo, a un personaje para hacerle decir a otro lo que va a suceder más adelante en la novela. El segundo personaje no lo cree. Nosotros lo tomamos como un diálogo de tantos pero la verdad es que ese diálogo tiene valor predictivo, es la manera como Tomás Eloy Martínez nos anuncia lo que va a suceder.
Santa Evita no es una novela histórica como ha sido catalogada por muchos. Si bien nos ofrece un extenso material auténtico, hay partes inventadas según el mismo autor confiesa. Al lector le resulta imposible discernir entre lo falso y lo verdadero. Obviamente eso es lo que busca el autor. Martínez reflexiona, en innumerables ocasiones, sobre la Historia como disciplina, cuestionando que todo lo que conocemos como hechos históricos sea estrictamente cierto. Por ejemplo, ¿cómo tomar al pie de la letra la declaración de un testigo por más cercano que haya sido a los hechos acontecidos? El autor, en ocasiones, hasta hace que un personaje le pida pruebas a otro de lo que supone cierto, sin que éste pueda mostrarlas, de modo que la veracidad de lo dicho queda en cuestionamiento. En otros casos analiza lógicamente cómo un hecho aceptado tradicionalmente como real o histórico puede no ser verdadero. La veracidad se vuelve incredulidad, mentira, incertidumbre. La novela se vuelve Historia, posible verdad. Los límites se desdibujan.
La intertextualidad está allí para confundirnos más. Se citan obras existentes como referencia: Esa mujer de Rodolfo Walsh, El cadáver de la nación y los tres cuentos Evita vive de Néstor Perlongher, El examen de Julio Cortázar, Ella de Onetti, El simulacro de Borges y la obra teatral Eva Perón de Copi. Cada una de esas obras se referiría a Evita a su manera, pero Santa Evita recoge todos los puntos de vista, los quiere explicar todos, nos habla a través de ellos
Para no confundir al lector, les diré en forma simple —si eso es posible— de lo que trata esta obra. Santa Evita narra lo que pasó con el cuerpo de Evita Duarte de Perón después de su muerte. Evita, destacado personaje en la vida política de Argentina, murió a la edad de treinta y tres años, el 26 de julio de 1952, lo cual engrandeció aun más una figura ya apoteósica: la convirtió en inmortal. Al morir se le encargó al Dr. Pedro Ara que embalsame el cuerpo de Evita y este fue trasladado a la Confederación Central del Trabajo luego de una de las exequias más imponentes del siglo XX. El 16 de septiembre de 1955 —la noche del derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón— un comando al mando del teniente coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el cadáver y lo desapareció durante largos años. No fue si no hasta 1971 que el cuerpo de Evita le fue devuelto a Perón. ¿Qué pasó durante todo este tiempo con ese cadáver? Se dice que Moori tuvo una pasión necrofílica por el cuerpo de Evita y que lo tuvo andando por todo Buenos Aires por temor a que lo descubriera la resistencia peronista. Posteriormente fue llevado y enterrado en Milán, Italia, con un nombre falso. Los detalles y aparentes maleficios de lo que podría haber sucedido con Evita durante todos esos años se describen en este libro. Fascinante.
Si bien el tema central de la novela es lo sucedido después de su muerte, se abordan otros temas secundarios. Se habla de ella en una biografía parcial —o parcializada más bien— que no la hace quedar muy bien. Ya el título del libro nos lo anunciaba, o con más claridad aun el supuesto y descartado título original: La perdida. Se dedica un capítulo extraordinariamente didáctico a analizar los mitos que se crearon en torno a Evita. Por otro lado, las acciones militares así como el sentir del pueblo argentino quedan al descubierto. No podrá evitarse recordar que pocos años después desaparecieran muchos cadáveres en Argentina, siendo el de Evita tal vez el primero. ¿Cuánto de la pasión que la historia de Evita despierta todavía hoy en día tiene que ver con el dolor silenciado de aquellos seres de los que nunca se supo nada?
El lector quedará haciéndose muchas preguntas, algunas macabras, otras sobre la historia sociopolítica de Argentina durante el siglo XX y lo de que ella queda vivo. Sesenta años después de la muerte de “Esa mujer” o “Persona” todavía se sigue escribiendo, hablando y creando arte y pasión sobre ella. Como dijo Carlos Fuentes: “Alucinante novela gótica, perversa historia de amor, impresionante cuento de terror, alucinante, perversa, impresionante historia nacional à rebours, Santa Evita es todo eso y algo más”.
Aquí me detengo. Imposible comentar en un solo artículo una obra que dice tanto. Solo les queda leerla.
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Corazón tan blanco – Javier Marías
CORAZÓN TAN BLANCO
Javier Marías. Editorial Alfaguara, 1992.
Javier Marías nació en Madrid en 1951. Durante su niñez vivió en su ciudad natal y en Estados Unidos. Comenzó a escribir a los once años, a los quince ya había escrito una novela que nunca publicó y a los diecinueve salió a la luz su primer cuento y su primera novela. Dedicó su vida profesional a la traducción, la edición y la escritura. Es miembro de la Real Academia Española desde el año 2006. Además de ser reconocido internacionalmente como escritor lo es también como traductor. Corazón tan blanco ha recibido el Premio de la Crítica 1992, el Prix L’Œil et la Lettre 1993 y el International Dublin Literary Award 1997. Es su novela más leída y más traducida. A título de ejemplo menciono que se ha vendido más de un millón de ejemplares de esta obra tan solo en la lengua alemana.
La necesidad de callar, la importancia de los secretos, el poder de la palabra, el de un acto o de una intervención verbal, la responsabilidad del que escucha, el sentimiento de culpa, la aparente inexistencia de los hechos silenciados, la libertad cuestionada por el hecho de que estemos obligados a comportarnos según la decisión de otros, la delicadeza de un sentimiento puro y los riesgos del amor de pareja son los principales temas tratados en esta obra.
El título “Corazón tan blanco” alude a una frase de Macbeth ─tragedia escrita por William Shakespeare─ en la que nunca queda claro si con esa metáfora el autor quiere referirse a la inocencia, a la cobardía o quizá a ambos conceptos. Creo que Marías juega con esa ambigüedad pero que el énfasis de la novela no radica en un sentimiento o el otro sino en la relación de la palabra –o el silencio- con ellos. Señala, por ejemplo, que alguien caracterizado por una gran pureza sería incapaz de aceptar una felonía o un crimen; atención, no dice de cometerlos sino enterarse de que alguien los ha cometido. Si se enterara deberíamos prepararnos para presenciar una gran transformación. Ver, escuchar, saber, callar, indagar cobran una gran importancia en las reflexiones del autor.
El argentino Oscar Calvelo ha hecho un traslado del enfoque de esta novela al de la historia española. De acuerdo a su análisis, el padre del protagonista y narrador de esta historia ─Juan Ranz─ fue un sobreviviente de la Guerra Civil y del franquismo e hizo su fortuna con medios moralmente cuestionables. Calló muchas cosas durante cuarenta años aunque al final demostró que estaba dispuesto a hablar ante su nuera, cuya curiosidad era muy decidida. Antes nadie había demostrado tanto interés por descubrir su pasado. Deduzco ─enmarcándome en ese paralelo─ que así se calla o se descubre mucha parte de la Historia. Hay quienes se interesan en develar sus secretos como los que no. Las consecuencias de indagar sobre la historia (la del padre de Juan) o la Historia de España o de no hacerlo ─la protección que da la ignorancia o el olvido─ son parte de las reflexiones de este libro. La comparación tiene mucho sentido si tomamos en cuenta que al padre del autor, el filósofo Julián Marías, se le negó el derecho a dar clases en la Universidad franquista por no haber firmado los principios del Movimiento y fue encarcelado por ser republicano, de lo que puede deducirse que en esa familia hay mucho que callar o decir sobre la represión franquista. Interesantísimo.
No queda claro si el protagonista es considerado un curioso o un apático. Observa, fisgonea y piensa todo el tiempo aunque no pregunta ni actúa mucho, pero me parece que no tiene nada de indiferente. Lo que observa en “el aquí y el ahora” le dice tanto que se resiste a abrir nuevas puertas que podrían resultarle inmanejables. ¿Podría ser esa la actitud de algunos ante la Historia? Juan estaría representando a los que callan, su esposa a los que indagan. En la novela ambos mantienen conversaciones sobre este tema.
La importancia que Marías le da a la influencia que una acción pueda tener en nuestras vidas se muestra claramente en las últimas páginas de la novela, donde se retoma una de las primeras escenas importantes del libro para cambiarle de curso. Es decir se repite el inicio de la historia pero enseguida se anuncia otro guion y ahí termina la obra. Con ello nos quiere mostrar una vez más cómo un pequeño movimiento puede cambiar el curso de una vida. Esto se constata también en la falsa traducción que Juan ─intérprete que trabaja para organismos internacionales─ hace del diálogo de dos altos cargos políticos (la crítica ha sugerido que se refiere a Margaret Thatcher y Felipe González), entre otros ejemplos.
Esa es la novela, pero sucede algo particular. El autor introduce algunas historias a manera de ensayos, historias que son ajenas al tema central. Técnicamente esto es lo que se ha dado en llamar el hibridismo genérico. Así, al leer esta novela parece que estuviéramos leyendo adicionalmente algunos ensayos. Por estos nos enteramos de la vida profesional de los traductores, de la forma cómo un experto internacional de arte puede hacer fortuna con su profesión y de la peculiar manera cómo una amiga y colega del narrador busca conocer un hombre en su vida. Mientras tanto nos distraemos del núcleo de la historia. La pregunta es: ¿esto es bueno o malo? Para una purista como yo esto no es agradable porque las ramificaciones restan concentración y emoción. Sin embargo debo confesar que hay algo genial en el trabajo de Marías porque introduce sucintas narraciones tan completas que por muy ajenas que sean a la novela terminan enriqueciéndola. Además sospecho que el autor añade estos ensayos intencionalmente, como parte de su manejo del suspenso. Y las emociones aparecen allí, en la espera de volver al núcleo. Nos obliga a vivir con interés otros momentos, como la vida nos obliga a veces a distraernos de nuestros objetivos centrales haciéndose cada vez más compleja e interesante. La purista deja de serlo con este escritor.
Por último debo mencionar dos características técnicas adicionales en la narrativa de Marías: una es el manejo de los tiempos en cámara lenta y la otra es la extraordinaria y detallada descripción de algunos personajes o hechos ─como aquel de la escena inicial o el padre, entre tantos otros. Permítanme citarles parte ─aunque muy recortada─ de una de estas descripciones como prueba de lo que afirmo:
“Ranz, mi padre, me lleva treinta y cinco años, pero nunca ha sido viejo […] ofrecía la imagen de un hombre mayor presumido y risueño, complacidamente juvenilizado, burlona y falsamente atolondrado […] él ha llevado siempre el abrigo echado sobre los hombros, sin meter nunca las mangas […]. Todo en él ha sido siempre agradable […], desde su mirada vivaz (como si todo le divirtiera, o a todo le viera la gracia) […] Tenía unas facciones no del todo correctas, y sin embargo pasó siempre por un individuo guapo, al que le gustaba gustar a las mujeres […]. Lo más llamativo de su rostro eran sus ojos increíblemente despiertos, deslumbradores a veces por la devoción y fijeza con que podían mirar, como sí lo que estuvieran viendo en cada momento fuera de una importancia extrema, digno no solo de verse sino de estudiarse detenidamente, de observarse de manera excluyente […] Esos ojos halagaban lo que contemplaban. Esos ojos eran de color […] castaño tan pálido que a fuerza de palidez cobraba nitidez y brillo […] eran móviles y centelleantes, adornados por largas pestañas oscuras que amortiguaban la rapidez y tensión de sus desplazamientos continuos, miraban con homenaje y fijeza y a la vez no perdían de vista nada de lo que ocurría […] Y aún había un tercer rasgo, las cejas pobladas y siempre enarcadas […]. Mi padre levantaba las pobladas cejas […] por cualquier motivo o incluso sin motivo […]. De ese modo me ha mirado siempre […] con la ligera ironía de sus cejas como sombrillas abiertas y la fulgurante fijeza de sus pupilas, manchas negras de sus iris solares, como dos centros de una sola diana”
Solo por una de esas caracterizaciones Javier Marías merecería otro premio internacional y nuestro compromiso de hacer todo lo posible por leerlo. Con lo primero él ganaría más del reconocimiento que merece, con lo segundo nosotros viviríamos una experiencia inolvidable. Leer a Marías debería constituirse en una meta o un sueño para todo buen lector.
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El loco de los balcones – Mario Vargas Llosa
EL LOCO DE LOS BALCONES
Mario Vargas Llosa. Editorial Seix Barral, 1993.
Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. El tema de sus obras varía ampliamente desde testimonios personales hasta novelas históricas. El loco de los balcones es una de las seis obras teatrales escritas por Mario Vargas Llosa.
Una obra de teatro magistral, al punto de la perfección. Su autor nos enfrenta a la valoración de dos ópticas diferentes del mundo: la tradición versus el progreso, el romanticismo versus el practicismo y el pasado versus el futuro. Podemos juzgar todas estas dicotomías como innecesarias o falsas pero hay que reconocer que nos son presentadas descarnadamente, como invitándonos a tomar una decisión. En ese intento Vargas Llosa despliega contundentes argumentos para ambas partes, utilizando impactantes imágenes del Rímac ─distrito histórico donde Pizarro fundara la ciudad de Lima─ y haciendo confrontarse a personajes que defienden diferentes intereses de acuerdo a dichas posturas: por un lado, la conservación del patrimonio histórico colonial y por otro lado, la reconstrucción de una ciudad hacinada, ocupada de inmuebles vetustos. Como lectores, sin darnos cuenta, sentimos la necesidad de elegir entre las dicotomías ya mencionadas.
Así nace un extraordinario homenaje a los balcones limeños. El protagonista de la obra, el profesor italiano Aldo Brunelli, consciente de que los balcones virreinales fueron inspirados por los originarios balcones de Egipto, Córdoba, Granada, Esmirna y Bagdad, y sabiendo que el diseño de los planos de la mayoría de los balcones limeños provenía del taller de Sevilla Santiago de Olivares y Girando, España, ve en los balcones limeños su propia originalidad y hace apología de ellos. Rescata el trabajo de sus ejecutantes ─los artesanos del litoral o de la sierra y los esclavos africanos─ afirmando que los carpinteros, ebanistas y talladores que esculpieron las maderas de esos balcones dejaron en ellos huellas escondidas de sus propias culturas. Valoriza también la historia de vida que cada balcón lleva consigo y la majestuosidad que estos le dieran al centro histórico de Lima, hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por ello les entrega su vida y hace una cruzada por su protección congregando adeptos a su causa. Descuelga o hace descolgar cada balcón que le es posible rescatar, y se dedica a limpiarlos, a acabar con la polilla y la humedad que los atacan, a barnizarlos y a clasificarlos.
¿Significa esto que Vargas Llosa sugiere en esta obra que los valores históricos deberían primar por encima de la llamada modernidad? No, fiel a su posición ideológica, el autor se encarga de transmitir un mensaje a favor de la modernidad; lo podemos ver en título de la obra, en las batallas que el profesor pierde, en su desaliento, en el reclamo que le hace su hija y en los actos destructivos de la quema de los balcones y su intento de suicidio. El profesor fracasa. La obra, por el contrario, podría contribuir a engrosar el más de un centenar de premios y distinciones ya recibidos por este sorprendente escritor que es Vargas Llosa.
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Los amigos que perdí – Jaime Bayly
LOS AMIGOS QUE PERDÍ
Jaime Bayly. Anagrama, 2000.
Escrito con un carácter totalmente intimista, no se puede evitar pensar que este libro no solo relata pasajes de la vida de Jaime Bayly sino que es, de alguna manera, la continuación de su primer libro, obra cuya publicación alborotara y escandalizara a Lima si no al Perú entero allá por 1994 ─No se lo digas a nadie─ tanto por los temas tratados como por el vínculo evidente que se podía hacer entre los personajes de su novela y renombradas figuras de la televisión, el teatro y la vida política peruana.
Publicada en el año 2000, en esta nueva obra el protagonista, Manuel, recuerda a entrañables y antiguos amores y amigos que pasaron por su vida, y cuya relación se rompió por diferentes circunstancias pero especialmente después que él escribiera y publicara testimonios de las relaciones íntimas que vivieran juntos, incluyendo en ciertos casos detalles de sus relaciones sexuales, fueran estas heterosexuales u homosexuales.
A través de largas cartas dirigidas a sus examigos, Manuel despliega hermosos sentimientos de admiración, de nostalgia, de amor y de ternura hacia ellos, expresa arrepentimiento, les pide perdón y abre las puertas de la reconciliación. Al mismo tiempo, entre sentimiento y sentimiento, el protagonista evoca nuevos recuerdos de los momentos que compartieran juntos, se extiende en ello y no duda en hacer resaltar los defectos de sus amigos o en lanzarles reproches. Hace esto con el desparpajo, cinismo y comicidad que caracterizan a Bayly; haciendo uso de un lenguaje apropiado, ofreciéndonos agilidad narrativa y una sólida estructura interna en cada una de sus cartas. Punto. No es poco, pero no es una novela donde se observe un esfuerzo creativo mayor, no deslumbra por su calidad estética ni nos deja la sensación de que estamos frente a un escritor talentoso en evolución. Es simplemente ─y nada menos─ Jaime Bayly.
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Inés del alma mía – Isabel Allende
INÉS DEL ALMA MÍA
Isabel Allende. Plaza & Janés Editores, 2006.
Una novela histórica donde se recrea la vida de Inés Suárez y a través de ella se describe la llegada de los españoles al territorio chileno en el siglo XVI. Es una obra compacta que sigue la vida de Inés desde que viviera en España hasta el fin de sus días en Chile mostrando una visión española, femenina y personal de aquellos hechos históricos. La novela se basa en hechos reales y relatos fidedignos, sin dejar por eso de ser subjetiva como lo es mucho conocimiento histórico.
Se reivindica así la presencia de Inés Suárez en la expedición de Pedro de Valdivia y en su lucha por la conquista de Chile, y con ello se reivindica el rol de la mujer en la época de la conquista española. Los mapuche aparecen como inciertos vencidos y hasta como una resistencia indestructible frente a los españoles, los yanaconas (nativos esclavos) como la fuerza sacrificada y desapercibida de esas batallas, y los españoles como audaces, valientes y aventajados guerreros, aunque a veces como hombres ambiciosos y despiadados.
La obra merece leerse por lo real, por lo imaginario y por la liviana belleza de su prosa. No esperaba menos de Isabel Allende.
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Salón de belleza – Mario Bellatin
SALÓN DE BELLEZA
Mario Bellatin. Tusquets Editores, 2000.
Es una novela alegórica que muestra el poder de la muerte por sobre el de la vida. El protagonista es homosexual y travesti, dueño de un salón de belleza al que convierte más tarde en un moridero. Allí recibe a personas desahuciadas a muerte para ayudarlas durante la última fase de su enfermedad, una peste a la que nunca pone nombre pero que pareciera ser el sida. ¿Por qué alegórica? Porque las ideas no se exponen directamente, sino que se alude a ellas a través de imágenes; porque los desahuciados a muerte se encierran en un espacio artificial aislándose totalmente del mundo, por ciertas escenas de la calle y de los baños de vapor, y por último y principal motivo, por los acuarios.
Explico. La muerte nos aparece apartada de toda otra influencia que la pretenda contrarrestar. El narrador cree que nada ni nadie podrá hacer recuperar la salud a esos enfermos, y bajo esta convicción no quiere que se les ofrezca falsas esperanzas, ni que se invierta tiempo ni recursos en una causa inútil, ni siquiera se les permite la visita de sus seres queridos. La muerte nos aparece así en su total crudeza y dominio. Así la acepta el narrador, sin luchar contra ella, acompañando impasiblemente a los enfermos a recibir su muerte, nada más.
En la calle, las imágenes de los «matacabros», ciertos actos de la Policía y la intolerancia o incomprensión de algunos ciudadanos así como las relaciones entre los hombres que asisten a los baños de vapor son muestras de la violencia sufrida por los homosexuales en su vida cotidiana; la dureza de esta carga de violencia se constata cuando esta llega incluso a terminar en muerte.
La alegoría de la muerte es más evidente aun cuando observamos que los acuarios y lo peces ocupan un espacio importante en la novela y que el narrador pasa de los enfermos a los peces y viceversa como si hablara de una misma secuencia, como si no estuviera cambiando de tema. ¿Y qué dice de ellos? Nos habla de su ambiente, ese encierro en sus propias paredes (los acuarios) y fundamentalmente de su mortandad, ya sea por falta de cuidados, por el ataque de los peces más fuertes a los más débiles, o porque alguna enfermedad se apodera de ellos.
El hecho de que el narrador sea travesti, que viva en un barrio pobre, y que solo reciba enfermos terminales, al parecer todos homosexuales, en la última etapa de su mal, podría ser otro empeño para enviarnos imágenes de desamparo. Esta novela es, sin duda, lacerante y nos enfrenta a la injusticia y a fragilidad de la vida.
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Bailar con la más fea – Jorge Carrigan
BAILAR CON LA MÁS FEA
Jorge Carrigan. Editorial Atom Press, In., 2010
He ahí una novela. Creo que debemos complacernos de tener a su autor viviendo en nuestra región. La novela es intrigante, profunda, creativa, valiente, y musical (y esto último no tanto por los varios extractos de canciones que presenta sino por la melodía de muchas de sus frases; no en vano el escritor es también un poeta).
La novela nos llevará al pasado usando un lenguaje en el tiempo futuro; disfrutaremos de palabras elegantes y coloquiales pero dichas en un tono simple, auténtico; sentiremos que las escenas han sido capturadas natural y complicadamente, sin esa rigidez que muchos escritores se empeñan en inventar como si algo en la vida fuera lineal; pero sobre todo el escritor nos introducirá a una sociedad ajena a la nuestra para hacernos percibir algo de lo que nos es imperceptible a la distancia. No esperemos movimiento, especialmente en su inicio, porque más que de acción esta novela está llena de emoción, de reflexión, de sentimiento. Sus desaciertos están ahí pero son aspectos menores que pueden perfeccionarse más tarde.
¿Su autor? Jorge Carrigan, un cubano que ya debería borrar los signos de interrogación de aquella pregunta que escribe en su perfil de Facebook cuando se le pide definir su profesión: “¿Soy escritor?” Si algo tenía que demostrar, ya lo hizo con esta obra. Ahora debería sentirse orgulloso de sí mismo, confiar en él, continuar su creación y ofrecernos su talento.
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