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El loco de los balcones – Mario Vargas Llosa

El loco de los balcones

          EL LOCO DE LOS BALCONES

Mario Vargas Llosa. Editorial Seix Barral, 1993.

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. El tema de sus obras varía ampliamente desde testimonios personales hasta novelas históricas. El loco de los balcones es una de las seis obras teatrales escritas por Mario Vargas Llosa.

Una obra de teatro magistral, al punto de la perfección. Su autor nos enfrenta a la valoración de dos ópticas diferentes del mundo: la tradición versus el progreso, el romanticismo versus el practicismo y el pasado versus el futuro. Podemos juzgar todas estas dicotomías como innecesarias o falsas pero hay que reconocer que nos son presentadas descarnadamente, como invitándonos a tomar una decisión. En ese intento Vargas Llosa despliega contundentes argumentos para ambas partes, utilizando impactantes imágenes del Rímac ─distrito histórico donde Pizarro fundara la ciudad de Lima─ y haciendo confrontarse a personajes que defienden diferentes intereses de acuerdo a dichas posturas: por un lado, la conservación del patrimonio histórico colonial y por otro lado, la reconstrucción de una ciudad hacinada, ocupada de inmuebles vetustos. Como lectores, sin darnos cuenta, sentimos la necesidad de elegir entre las dicotomías ya mencionadas.

Así nace un extraordinario homenaje a los balcones limeños. El protagonista de la obra, el profesor italiano Aldo Brunelli, consciente de que los balcones virreinales fueron inspirados por los originarios balcones de Egipto, Córdoba, Granada, Esmirna y Bagdad, y sabiendo que el diseño de los planos de la mayoría de los balcones limeños provenía del taller de Sevilla Santiago de Olivares y Girando, España, ve en los balcones limeños su propia originalidad y hace apología de ellos. Rescata el trabajo de sus ejecutantes ─los artesanos del litoral o de la sierra y los esclavos africanos─ afirmando que los carpinteros, ebanistas y talladores que esculpieron las maderas de esos balcones dejaron en ellos huellas escondidas de sus propias culturas. Valoriza también la historia de vida que cada balcón lleva consigo y la majestuosidad que estos le dieran al centro histórico de Lima, hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por ello les entrega su vida y hace una cruzada por su protección congregando adeptos a su causa. Descuelga o hace descolgar cada balcón que le es posible rescatar, y se dedica a limpiarlos, a acabar con la polilla y la humedad que los atacan, a barnizarlos y a clasificarlos.

¿Significa esto que Vargas Llosa sugiere en esta obra que los valores históricos deberían primar por encima de la llamada modernidad? No, fiel a su posición ideológica, el autor se encarga de transmitir un mensaje a favor de la modernidad; lo podemos ver en título de la obra, en las batallas que el profesor pierde, en su desaliento, en el reclamo que le hace su hija y en los actos destructivos de la quema de los balcones y su intento de suicidio. El profesor fracasa. La obra, por el contrario, podría contribuir a engrosar el más de un centenar de premios y distinciones ya recibidos por este sorprendente escritor que es Vargas Llosa.

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Los amigos que perdí – Jaime Bayly

Los amigos que perdí

       LOS AMIGOS QUE PERDÍ

Jaime Bayly. Anagrama, 2000.

Escrito con un carácter totalmente intimista, no se puede evitar pensar que este libro no solo relata pasajes de la vida de Jaime Bayly sino que es, de alguna manera, la continuación de su primer libro, obra cuya publicación alborotara y escandalizara a Lima si no al Perú entero allá por 1994 ─No se lo digas a nadie─ tanto por los temas tratados como por el vínculo evidente que se podía hacer entre los personajes de su novela y renombradas figuras de la televisión, el teatro y la vida política peruana.

Publicada en el año 2000, en esta nueva obra el protagonista, Manuel, recuerda a entrañables y antiguos amores y amigos que pasaron por su vida, y cuya relación se rompió por diferentes circunstancias pero especialmente después que él escribiera y publicara testimonios de las relaciones íntimas que vivieran juntos, incluyendo en ciertos casos detalles de sus relaciones sexuales, fueran estas heterosexuales u homosexuales.

A través de largas cartas dirigidas a sus examigos, Manuel despliega hermosos sentimientos de admiración, de nostalgia, de amor y de ternura hacia ellos, expresa arrepentimiento, les pide perdón y abre las puertas de la reconciliación. Al mismo tiempo, entre sentimiento y sentimiento, el protagonista evoca nuevos recuerdos de los momentos que compartieran juntos, se extiende en ello y no duda en hacer resaltar los defectos de sus amigos o en lanzarles reproches. Hace esto con el desparpajo, cinismo y comicidad que caracterizan a Bayly; haciendo uso de un lenguaje apropiado, ofreciéndonos agilidad narrativa y una sólida estructura interna en cada una de sus cartas. Punto. No es poco, pero no es una novela donde se observe un esfuerzo creativo mayor, no deslumbra por su calidad estética ni nos deja la sensación de que estamos frente a un escritor talentoso en evolución. Es simplemente ─y nada menos─ Jaime Bayly.

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Travesuras de la niña mala – Mario Vargas Llosa

Travesuras de la niña mala

    TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. Escribió este libro, Travesuras de la niña mala, en el año 2006.

Travesuras de la niña mala es una historia de amor. Descontando la obra La tía Julia y el escribidor donde el autor narra la historia real de la relación que lo llevó a unirse a su primera esposa, esta es la primera novela de ficción donde Vargas Llosa trata de una relación amorosa… si se puede llamar amor a ese sentimiento unilateral, tormentoso y doloroso.

El protagonista y narrador, Ricardo Somocurcio, es un traductor profesional, inquieto intelectualmente, un hombre de valores sólidos, que aspira a vivir en París y obtener una cierta estabilidad económica, y lo logra. En su temprana juventud se enamora de una joven que estaría presente en su vida por intervalos irregulares durante cuatros décadas. Nunca más aparecerá otro gran amor en su vida; tampoco formará una familia. Ella se convierte en la mujer de su vida, la única mujer; la busca, la espera, la extraña, la cuida, le ofrece, le da, sucumbe ante ella incondicionalmente; a pesar de que ella no lo merece ni le corresponde.

Ella es una mujer fría que ambiciona poder y dinero desmedidamente. Para conseguirlos, seduce, miente, roba, trafica, manipula, etc., comportamiento que le lleva desgracias de tiempo en tiempo. Ricardo aparece en su vida en esos malos momentos. Ella lo usa temporalmente, y lo abandona cuando ya no lo necesita. Muchos de sus encuentros describen su desamor así como su vida sexual; mientras que sus separaciones dan pie a que ella se involucre en empresas riesgosas. Por ambas razones se ha dicho que esta obra es también una novela erótica o de aventuras. Y es verdad, tiene de ambas. Sin embargo, sigo pensando que el hilo conductor de la obra es la relación de amor que ellos protagonizan; y esto pese a que no se encontrarán escenas románticas ni una profunda exploración de sentimientos o emociones.

De estas dos personalidades tan disímiles nacen los apodos de la niña mala y el niño bueno. Ninguno de los personajes es envidiable pero el lector está invitado a presenciar ambas vidas, y a sentir el desasosiego que ellas producen. Podemos sentirnos distantes o identificarnos con algunos rasgos de sus personalidades, podemos comparar nuestras vidas, recordar, molestarnos, juzgar, detestar, etc., pero no quedaremos indiferentes. Vargas Llosa sabe cómo atraparnos.

La novela se desarrolla en Lima, París, Londres, Newmarket, Tokio, Madrid (barrio de Lavapies) con escenarios de acontecimientos políticos e históricos, así como de transformaciones o características culturales de estas ciudades. El autor introduce, además, varios personajes a los que con pocas palabras les hace adquirir una identidad particular. La historia se enriquece con estas presencias. No hay lugar para aburrirse.

La pregunta nunca respondida en la historia de la humanidad: “¿Qué es el amor?” merodeará en nuestras cabezas al terminar el libro. Percibiremos la vida como corta, delicada y preciosa, donde las cartas mal jugadas pueden llevarnos a la ruina emocional, sentimental y económica. Contrarrestando, nos dejará la sensación de que la vida hay que vivirla y bien, antes de que se vaya o de que nos arrincone.

En cuanto a estilo, es una narración cronológicamente ordenada –algo raro en el autor- con una prosa sencilla, clara, precisa, un vocabulario cultísimo, giros temáticos cautivantes, una trama fascinante llena de sorpresas que hacia el final nos pone el alma en vilo y nos mantiene atados a una sola   pregunta hipnótica: “¿En que terminará tanto enredo?”.

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Morirás mañana – Jaime Bayly

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MORIRÁS MAÑANA

Jaime Bayly. Alfaguara, 2012.

Jaime Bayly nació en el Perú. Incursionó en la televisión peruana a los dieciocho años de edad y se hizo famoso gracias a su rol de entrevistador inteligente, agudo e insolente. Desde entonces prosiguió una carrera como periodista en distintos países del continente conduciendo una gran variedad de programas televisivos. Publicó su primer libro en  1994, a los veintinueve años de edad, dando así inicio a su carrera literaria. Desde entonces ha escrito dieciséis libros, casi uno por año. Los tres últimos forman la trilogía llamada Morirás mañana con los siguientes subtítulos: El escritor sale a matar, El misterio de alma Rossi y Escupirán sobre mi tumba. Esta trilogía es la obra de la que nos ocuparemos enseguida.    

Trataré esta trilogía como un solo libro y comentaré su temática, la caracterización de los personajes,  los esfuerzos de Jaime Bayly por evolucionar como escritor, la realidad escondida en la ficción y, finalmente, subrayaré sus mejores logros y algunos de sus errores.

La temática  es la historia de un escritor, Javier Garcés, que se convierte en asesino en serie después que le diagnosticaran una enfermedad mortal y le dieran seis meses como plazo de vida. Sus escenarios: Perú, Chile y Argentina. Para comenzar, ya desde aquí le concederé algún crédito a Bayly por la originalidad del tema y porque demuestra un esfuerzo por elaborar una trama, a diferencia de lo que ha hecho con muchos de sus libros anteriores donde su testimonio personal es esencial.

Salta a la vista que el libro trata sobre crímenes. Basada en este hecho,  la Editorial Alfaguara ha catalogado a esta novela como “Policíaca o de Espionaje”. Sin embargo, no creo que esta aproximación sea acertada. Bayly está lejos de haber capturado el perfil de un asesino en serie, y me atrevo a apostar que ni siquiera lo ha intentado. Por otro lado, aunque se nombran algunos detalles de la manera de llevar a cabo estos asesinatos, no hay una  recreación en el tema; el regocijo consiste más bien en cambiar de víctimas. Además, la policía jamás aparece detrás de las huellas de Garcés. Es decir, que no hay una intención de elaborar suspenso, indagación o persecución.  Lejos de ser una novela policíaca.

¿De qué trata entonces esta obra? De tres temas: 1) de algunas de las pasiones más bajas del ser humano: el odio y el rencor; 2) de la miseria que anida en el mundo de los famosos o poderosos, ya sean escritores, comerciantes o personajes de la televisión, el teatro y la farándula en general  y 3) del misterio del amor. Como casi todos estos asuntos tienen carácter testimonial, tendríamos que restarle al autor el crédito que le acabamos de otorgar. Prefiero, sin embargo, mantener ambas posturas. Es verdad que Bayly sigue echando mano de sus experiencias de vida antes que exigiendo a su imaginación; pero es cierto también que en esta obra nos ofrece un mayor esfuerzo creativo.

No obstante, la preocupación central del autor no es la trama. Tal como él mismo lo ha declarado, le importa más el personaje que el argumento. Veamos entonces cuáles son los personajes de Bayly en esta obra. Garcés, sualter ego, atestado de sórdidos sentimientos, insultante, descarnado, discriminatorio.Sus víctimas,  más decadentes aun: inmorales, vulgares, drogadictos, desgraciados, rateros, etc. Todo lo que ya conocemos de Bayly. Nada edificante.  Sin embargo sigue atrayendo y se le sigue leyendo. ¿Por qué? Podríamos aducir que es por su sarcástico humor pero creo que esa razón no lo explica todo. ¿A qué más podemos recurrir? Voy a aventurarme con una hipótesis. Sospecho que sus lectores comparten muchos de sus sentimientos y desean manifestar a través del autor aquello que ellos no se atreven a decir. Porque –admitámoslo– Bayly es el único que osa exponerse y flagelarse públicamente,  él desnuda sus emociones, sentimientos o pensamientos cuando las demás personas los guardan celosamente. Porque es el único que usando un lenguaje coloquial toca el fondo de nuestras limitaciones humanas, de nuestras bajezas,  de nuestros conflictos y de nuestros tormentos. Además porque detrás de sus agresiones, a mi modo de ver, hay un ser desvalido, condición que también nos es común a todos. Léase varias  veces el capítulo cuarenta del último libro de la trilogíapara entender a qué me estoy refiriendo. No creo exagerar. Tan importante es que de esa página extrae Jaime el subtítulo de su tercer libro.

Hablemos sobre la curiosidad. El autor ha confesado que las catorce muertes que Garcés realiza en esta novela están inspiradas en sus sentimientos hacia gente que él conoce en la vida real.  Una estratagema de la que Bayly es muy consciente desde el  triunfo de su primer libro. Sabe que eso despierta el interés del público por descubrir quién se esconde detrás de esos personajes. En lo que a mí concierne —debo confesarlo— dediqué más de una hora a tratar de averiguar al menos quién era la persona que parecía más fácil de descubrir: Carlos Cacho Legrand, un “enano calvo de nariz puntiaguda”, conductor de un programa argentino televisivo “amarillo, peligroso, sensacionalista” llamado “El Mundo de Cacho”. La verdad, me costó mucho orientarme en esta búsqueda ya que ignoro todo de la televisión argentina. Pero allí estuve, investigué en la red y llegué a barajar algunos nombres  (Roberto Pettinato en “Un Mundo Perfecto”, Paco Cambiasso en “Duro de domar”, Jorge Lanata en “Periodismo para todos”, Gerardo Rozín en “Esta Noche”, etc.) pero no concluí nada. Terminé abandonando el proyecto pensando que a lo mejor Bayly nos había hecho una broma de mal gusto enviándonos  pistas falsas.  No lo sé. Dejo el trabajo a otros que espero sean más empeñosos y exitosos. Un atractivo más del libro.

¿Lo mejor de la obra? El retrato de los argentinos (capítulo ocho). La descripción subjetiva que Jaime Bayly hace de Javier Garcés así como del rol que juega la escritura y la memoria en su vida (capítulos cuarenta y quince respectivamente) (¿habrá hablado de sí mismo? Yo creo que sí). Estas referencias pertenecen al tercer  libro. Otro logro: Alma Rossi como personaje. Una mujer convincente, con un carácter e historia coherentes, aunque quizá se mostró algo exagerada en lo que era capaz de hacerle a su madre.

¿Más exageraciones? Las intuiciones de Alma. La cabeza que habla todavía después de decapitada.

¿Los errores? Hacer la novel a en tres libros cuando podría haberla condensado en uno solo, o dos a lo mucho (Javier Garcés mismo parece reconocerlo cuando habla de su propia trilogía y sospecha que la ha extendido innecesariamente). Aunque varía de víctimas, se excede en lo mismo (sus odios, rencores y deseos de venganza). Repite nombres e historias ya mencionadas. Crea nuevos capítulos cada dos o tres páginas. Otro tema poco acertado es el haber introducido ese gran encuentro con Borges –lo asumo cierto– en un libro que no debería tocar a ese gran pensador. ¿Luis Felipe es Malas o Molas? Y otras incongruencias que no sé si son producto de la desconcentración o de la intención.

Ahorrémonos más comentarios. Podremos llenar cien páginas de críticas, avergonzarnos al contestar a quién estamos leyendo  y jurarnos que no leeremos más a Jaime Bayly pero lo cierto es que él publicará un nuevo libro  –malo o peor– y este actuará como un imán cuyo campo magnético nos volverá a atrapar. Inevitable.

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¿Quién mató a Palomino Molero? – Mario Vargas Llosa

Quién mató a Palomino Molero

¿QUIÉN MATÓ A PALOMINO MOLERO?

Mario Vargas Llosa. Seix Barral, 1986.

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en Perú el  28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones. ¿Quién mató a Palomino Molero? fue publicado en 1986, y desde entonces  ha sido traducido a diecinueve idiomas.

¿Quién mató a Palomino Molero? es una obra inspirada en un hecho real acontecido en Perú allá por el año 1978, y que invitó a Vargas Llosa a trabajar en un género que no  le es propio: la novela negra o policiaca. ¿Pero qué categoría literaria le es propia a este autor? Veamos su evolución: sus primeras tres  novelas tocaron temas políticos y problemas sociales, enseguida ingresó al ámbito humorístico y al autobiográfico, después retomó la seriedad escribiendo una novela histórica para sorpresivamente tocar temas eróticos, y con posterioridad regresar a varios de los enfoques literarios ya mencionados.  Así visto no es posible entonces encasillar a Vargas Llosa en ningún género literario. Es más, tampoco podríamos decir que lo policiaco le es estrictamente nuevo ya que algunas de sus novelas cuentan con elementos de criminalística. La ciudad y los perros, por ejemplo, trata de la muerte de un cadete en  el colegio militar Leoncio Prado. En  Conversación en la Catedral  un periodista escudriña para entender un asesinato que involucra a su familia. Sin embargo, en ¿Quién mató a Palomino Molero? hay una particularidad: Vargas Llosa elabora más el aspecto de la investigación criminal lo que, a mi modo de ver, constituye el primer valor de esta obra.

Antes de elaborar más en otros aspectos de contenido o estilísticos, introduzcámonos en la temática de la novela. La trama consiste en la investigación del homicidio de un avionero que trabajaba en una base militar de la ciudad de Talara, en el norte de Perú. El cadáver encontrado da muestras de un asesinato brutal pero no ofrece ninguna pista acerca de quién podría haber cometido tan horrendo crimen. Dos investigadores, el teniente Silva y el guardia Lituma,miembros de las fuerzaspoliciales de Talara,se encargan de hacer las averiguaciones para resolver el misterio. En este intento descubren que el crimen está relacionado con miembros de la Base Aérea. Paralelamente se desarrolla un relato secundario que da cuenta del deseo del teniente Silva de poseer a una mujer casada, en sobrepeso y mayor que él ─ al punto que podría haber sido su madre. Esta mujer lo rechaza sistemáticamente hasta que esa historia alcanza su propio desenlace.

Vuelven a aparecer en esta novela tres de algunos de los temas recurrentes en la obra de Vargas Llosa: los militares, los prejuicios sociales y un prostíbulo. Los militares ocupan un lugar protagónico, los prejuicios constituyen la base de la historia, y el prostíbulo es anecdótico. El protagonismo de los militares, sin embargo,  es triste, como suele suceder en la obra vargallosiana. En este caso los militares se ven envueltos en un crimen sustentado en la discriminación  y acompañado de corrupción. No todos los uniformados pierden: la policía representa el lado de la justicia, la honestidad y el cuestionamiento de la marginalización. Es bueno recordar la existencia de estos prejuicios raciales en un país que, como Perú, no ha terminado de reconocer el grave problema de racismo que cubre todo su territorio.

Es decir, que la tal novela policial no lo es realmente; en el mejor de los casos se diría que esta obra es una novela híbrida que combina lo policial con la denuncia de severos problemas sociales. No ha faltado quien diga que si de eso se trataba, Vargas Llosa habría fracasado en todo porque no logra crear ni un buen ambiente policiaco ni presentar o examinar a fondo ningún problema social. Cierto.  No es una novela que elabora en ninguna de estas dos áreas sino que pasa a través de ellas con cierta ligereza.

En cambio, la obra es fascinante. ¿Por qué? Lo atribuyo a dos hechos. Uno, el haber logrado lo que Vargas Llosa buscaba al escribir esta historia. Y dos, a la técnica de su escritura. Detengámonos en el primer punto por un momento. Vargas Llosa mismo lo ha dicho: él nunca intentó escribir una novela policiaca. ¿Qué es lo que pretendía entonces? En mi interpretación el autor quería utilizar este crimen y la aproximación detectivesca para hacer que el lector quede inquieto, hacerlo participar de alguna manera en la trama, que al terminar el libro este quede con la sensación de necesitar intervenir en una sociedad que no marcha bien. Más aun, parece que consciente de no ser experto en el género prefirió romper sus leyes. ¿Y cuáles son las reglas de la novela policiaca? Lassiguientes: cuenta con un orden social, este orden es infringidomediante un crimen,aparecen el detective o los detectives encargados de desenmascarar el misterio y hacia el final lo logran, restaurando así el orden perdido de acuerdo a la moral establecida en nuestras sociedades. De estos cinco pasos Vargas Llosa cumple apenas con tres. La trama parece desenredarse muy pronto, antes de la mitad del libro, aunque la verdad no queda del todo destapada ni al terminar la obra; mucho menos se le deja al lector la sensación de haberse logrado  justicia sino todo lo contrario. Estaríamos entonces frente al género antipoliciaco donde más importante que el suspenso y las técnicas de investigación es el hecho de que un crimen quede impune. Esto, ligado al interés de Vargas Llosa de denunciar la violencia, la discriminación y la corrupción militar, se vuelve un solo objetivo. ¿Y qué rol cumple la historia que relata, a través de toda la obra, la atracción sexual que vive el teniente Silva? Justamente desmitificar al detective, hacer que el lector se acerque más a la realidad.

La segunda explicación del éxito de esta obra reposa en las técnicas literarias del autor, las cuales hacen un trabajo de hipnotismo literario. Expondré solo un ejemplo, de lo más elocuente sin embargo: el enfoque del narrador con sus más refinados secretos. Para explicar esto escogí al azar una página del libro (la primera del capítulo III) y observé lo siguiente: el autor abre un diálogo que más bien es un monólogo (el teniente Silva habla con Lituma pero este no le contesta); enseguida el narrador entra en la mente de Lituma para describir lo que piensa y observa; de pronto sale de ella y el que escribe es el narrador omnisciente; este hace preguntas; dice que Lituma no tiene las respuestas; intentando explicar el problema, cita un diálogo entre Silva y Lituma ocurrido en el pasado como prueba de veracidad (una frase no escrita previamente); pasa a la descripción mirando hacia  otro lado (un tercer personaje es aludido); vuelve al diálogo actual y menciona el contexto de ese encuentro (tanto presente, como el de las expectativas mediatas e inmediatas). Es decir que el narrador aparece y desaparece, y cambia de formas de narrar a su antojo. ¡Y todo esto en solo una página! Estamos frente a un escritor mayor, dueño de un alto tecnicismo al escribir, de ahí la atracción de su narrativa. No gratuitamente Vargas Llosa fue ganador del Premio Nobel de Literatura en el 2010.

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El Paraíso en la otra esquina – Mario Vargas Llosa

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             EL PARAÍSO EN LA OTRA ESQUINA

Mario Vargas Llosa. Editorial Seix Barral. Biblioteca Breve, 1993.

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo nacido en Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones, entre ellos el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nobel de Literatura 2010.

Dos libros en uno para contarnos la vida de dos celebridades: Flora Tristán y Paul Gauguin. La vida de Flora Tristán transcurre durante la primera mitad del siglo XIX, de 1803 a 1844 mientras que la vida de Paul Gauguin en la última parte del mismo siglo, de 1848 a 1903.

Una rápida mirada a ambas biografías hace pensar que nada los une; ella mujer, luchadora social, huyendo de la satisfacción de los sentidos físicos para entregarse al sueño de cambiar el mundo; él, hombre, pintor, amante del sexo, de la naturaleza, de la belleza, entregándose al sueño de encontrar en un rincón del mundo el lugar que lo ponga en contacto con esa esencia salvaje que llevamos dentro. Sin embargo, mucho los une; primero la sangre porque Flora es abuela de Paul, después su capacidad de elevarse por encima de lo establecido para imaginar y proponer lo que no existe, y finalmente una intensa fe que los lleva incluso a abandonar a sus familias ─cónyuge y pequeños hijos─ y enfrentarse a  obstáculos atípicos para luchar por lo que creen, un Paraíso que parece estar en la otra esquina.

Ambos viajan por diferentes partes del mundo, y con ellos viajamos los lectores. Así vamos con Flora  tanto a Francia (Auxerre, Avallon, Semur, Dijon, Chalon-sur-Saone, Macon, Lyon, Roanne, Saint-Étienne, Avignon, Marsella, Toulon, Nimes, Montpellier, Béziers, Carcassone, Bordeaux) como a Perú (Arequipa, Lima); con Paul a Francia (París, Ruan, Bretaña, Pont-Aven),Tahití (Papeete, Paea, Mataiea, Punaauia) y a las islas Marquesas (Atuona en la isla de Hiva Oa). Flora nos contacta con los obreros y las mujeres que sufren explotación, Paul con los pintores europeos y con el mundo nativo de los territorios de la Polinesia. Flora nos enriquece con sus ideas, Paul con sus cuadros.

Más Historia que imaginación, historia novelada, pero con un estilo a la altura de su autor, describiendo en pasado y reflexionando en diálogo directo con los protagonistas, con un dinamismo inagotable, lleno de vaivenes en el espacio y en el tiempo.

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El huerto de mi amada – Alfredo Bryce Echenique

El huerto de mi amada

            EL HUERTO DE MI AMADA

Alfredo Bryce Echenique. Editorial Planeta, 2002.

Alfredo Bryce Echenique nació en 1939 en Lima dentro de una familia de abolengo de la alta burguesía. Su padre y abuelo fueron banqueros y su bisabuelo materno ostentó el cargo presidente constitucional del Perú. Su familia rechazó su vocación de escritor lo que lo condujo a  estudiar Derecho. Con el pasar de los años, sin embargo, se formó en literatura francesa clásica en 1965 y contemporánea en 1966 en La Sorbona, Francia. Se inició como escritor en 1968, y desde entonces ha escrito once novelas, ocho cuentos, además de varios ensayos y textos biográficos.

El huerto de mi amada  es una obra de donde se rescatan dos grandes elementos: el estilo y la temática. Empezaré por lo más simple que es la trama. El eje de la novela es la historia de amor de una pareja  dispareja: Carlos, un muchacho de diecisiete años que se enamora locamente de Natalia, una mujer que le dobla la edad y que corresponde a su amor con la misma intensidad. A través de esa relación, Bryce Echenique nos muestra el amor relampagueante, tierno, erótico, incrédulo, decidido, alegre, temeroso, desprejuiciado, despechado, celoso. Es decir, el amor de las nubes y el de las tinieblas.

Carlos y Natalia pertenecen a la clase alta, ella es bella y divorciada, él acaba de terminar sus estudios secundarios. Familia y amigos rechazan frontalmente esa relación, hasta el punto que el padre de Carlos sienta una denuncia contra ella como corruptora de menores. La pareja huye a una de las casas de Natalia, su huerto, al cual Carlos bautiza como El huerto de mi amada en honor al título de un famoso vals peruano. Poco después se van a vivir a Francia, donde, años más tarde, el matrimonio colapsa. Cerrado ese capítulo de su vida, Carlos se casa con una mujer contemporánea.

Lo primero a comentar es que ese relato se parece sospechosamente –en sus rasgos generales- a la historia de amor verídica de Mario Vargas Llosa y Julia Urquidi ocurrida, además, en la misma ciudad y la misma época señaladas en la novela; lo cual menciono solo como anécdota afirmando que puede haber sido su fuente de inspiración pero no tiene ninguna otra importancia. Más interesante es la presencia constante de los mellizos provenientes de una familia venida a menos económicamente a raíz de la muerte de su padre, y que interesadamente se hacen amigos de Carlos como parte de sus tantos planes para lograr insertarse un medio socio-económico más alto. A través de ellos, el autor ridiculiza el arribismo en todas sus facetas. La relación que tienen los miembros de esa familia –más la de la llamada servidumbre- con las personas de la alta sociedad sirve de pretexto para introducir el tema del racismo y sus complejidades.

El estilo con el que escribe Bryce Echenique es sin duda lo más valioso de esta obra. El autor está lleno de humor, de ironía, de sencillez, de gran sentido de lo qué es artificial, y de recursos literarios. Un rasgo distintivo es que el enfoque del narrador es cambiante, a veces mira, describe o cuenta desde afuera pero de pronto se adueña del personaje y comienza a hablar a través de él; desaparece el narrador pero el personaje que nos abre sus sentimientos, sus temores. Igualmente, al describirnos los hechos –y sin que esto quede necesariamente claro─ introduce el imaginario de algunos de los personajes, quizá en diálogos que son en realidad monólogos; algo que puede marear un poco al lector haciéndolo perderse entre lo real y lo ficticio de la novela. No hay mucha distancia entre esas fantasías y los elementos surrealistas que también se introducen cuando Carlos habla con Dios a través de sus sueños y sus pensamientos; y con su abuela en su lecho de muerte después que ella ha fallecido. No es que él les hable a ellos unilateralmente sino que conversan entre ellos.

El autor exagera el perfil psicológico de los protagonistas, caricaturizando lo que ellos representan; lo mismo con los hechos, mostrándolos como parodias. No conoce la gravedad sino la comedia, la sonrisa lúcida. Escribe con naturalidad, como si se deslizara en un largo tobogán de frases que nunca terminan o como si conversara amenamente, mostrando su dominio del registro del lenguaje oral. En este estilo caben perfectamente jergas, dichos, y la idiosincrasia de estos personajes limeños que cualquier persona que provenga de esa ciudad, de esa época y de ese medio reconocerá gozosamente.

La novela recibió el premio Planeta 2002. Merece la pena leerla.

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Cartas a un joven novelista – Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa, Mario - Cartas a un Joven Novelista [Portada]

     CARTAS A UN JOVEN NOVELISTA

Mario Vargas Llosa. Editorial Planeta, S. A., 1997.

Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en el Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones donde destaca el premio Nobel de Literatura en el 2010. El tema de sus obras varía ampliamente desde testimonios personales hasta novelas históricas. Escribió Cartas a un joven novelistaen el año 1997, siendo una de esas obras difíciles de encontrar ya que aparecen escondidas en las listas de sus producciones más difundidas.

Esta obra, aunque escrita bajo el género epistolar, es un trabajo didáctico antes que literario.No  por eso menos cautivante. Toda persona amante de las letras —potencial novelista o no— encontrará aquí develados los secretos de un escritor. Los elementos y técnicas que intervienen en la elaboración de una  novela son enumerados, valorados y analizados minuciosamente. Sin proponérselo, además, nos revela —a través de sus referencias literarias— quiénes son los autores que lo han impresionado particularmente (Faulkner, Proust, Cervantes, Kafka, Melville, Borges, Virginia Woolf,  Alejo Carpentier, Joyce,  Juan Rulfo, Cortázar, Onetti, Hemingway,Martorell, etc.). El libro es de un valor inconmensurable. Teniendo tanto que aprender de este, no me siento en capacidad de opinar sobre su contenido. Me limitaré, por tanto, a hacer un resumen de este con la confianza de poder comprenderlo mejor y con la secreta esperanza de que algún lector se anime tal vez a estudiar las cartas completas.

Así empieza: el novelista o la novelista nace con una vocación; es un ser proclive a fantasear, a alejarse del mundo real y a crear mundos alternativos. Sin embargo no hay novelistas precoces, lo cual indica que el escritor también se hace. ¿Qué necesita para ello? Lectura, trabajo y perseverancia.

¿De dónde nacen los temas que se plasman en una novela? De aquello que se impregnó en las propias experiencias de quien las escribe, algo que le habla desde las entrañas. La historia puede que se transforme hasta que esa voz interna pase desapercibida y se le esconda quizá hasta a la misma persona que escribe. Es decir que cuando se escribe con autenticidad, el tema elige al escritor o escritora y no a la inversa. Todo tema es válido porque no es la temática en sí la que decide la suerte de la obra sino la forma en que esta es narrada.

¿Qué requiere una novela para ser un éxito? Autonomía, que haga sentir que tiene vida en sí misma, que no nos haga recordar que la leemos sino que nos engañe al punto de hacernos sentir que la estamos viviendo. La forma es que se escriba determinará si esto se ha logrado o no; es decir el estilo y el orden. El estilo está constituido por las palabras con que se escribe y lo que se va construyendo con ellas; el orden se relaciona con los grandes ejes de una novela. De la manera cómo se armonizan estos elementos resulta la coherencia interna que es la que da el poder de persuasión a una novela.

El estilo se refiere a la coherencia interna y a su carácter de necesidad. La coherencia se precisa con el vocabulario elegido pero también con la extensión de las frases, el ritmo de estas, su rigidez, sus silencios, los signos de puntuación, los énfasis, etcétera. Siempre se requiere de coherencia, aun para describir la incoherencia. El carácter de necesidad indica que la historia requiere de lo dicho y de la manera como se está diciendo para ser narrada; no hay exceso, no hay falta, no hay artificialidad. Si algo se siente forzado o falso, entonces se ha fallado en decir lo necesario. El estilo se crea, se construye como puede verse comparando los primeros libros de escritores famosos con sus obras maestras.

El orden de la novela es su organización. Con el fin de estructurar una narración quien escribe debe enfrentar diversos problemas que pueden dividirse en cuatro grupos: el de la persona que narra; el del espacio; el del tiempo y el del nivel de realidad.

La persona que narra es quien cuenta la historia, se tiende a identificarla equivocadamente con el escritor o escritora cuando en realidad es un personaje inventado. La persona que narra es ya sea un  personaje dentro de la obra, un personaje fuera de la obra pero que lo sabe todo (omnisciente) o alguien que mezcla estas perspectivas. El primer tipo narra desde un yo  o un nosotros; la segunda desde la tercera persona. El uso del puedecorresponder a diferentes tipos de narradores. Muchos novelistas incluyen varios tipos de narradores en una misma obra. Además estos pueden variar incluso dentro de su mismo grupo: algunos pasan desapercibidos, otros opinan, otro le hablan al lector, etc.

El espacio también está determinado por la persona gramatical que se utiliza al narrar. Si es la primera persona, el espacio de quien narra y de lo que se narra se confunden; si es en la segunda persona narrador y narración tienen diferentes espacios. La versatilidad del espacio dependerá entonces de los cambios (o “mudas) que sufra la persona que narra, los cuales a veces son brevísimos.

El tiempo de una novela está basado en la percepción psicológica. Existen tres posibilidades: se narra en presente (el tiempo de quien narra y de lo narrado coinciden; es decir, la historia sucede a medida que se nos la cuenta); se narra desde el pasado hechos que ocurren en el presente o futuro; o se narra desde el presente o futuro para contar hechos del pasado. Cada uno de ellos admite variantes y mudas así como la coexistencia de diferentes tiempos. Hay novelas que avanzan del futuro al pasado, en otras el tiempo pasa para  todos excepto para un personaje, novelas que se las arreglan para no acabar nunca (Rayuela), historias fantásticas que suceden en el futuro o pasado “real”, etcétera. Cuando el tiempo se condensa, la lectura es de máxima concentración y parece más intensa: estamos frente a los “tiempos vivos” o “cráteres” por oposición a los “tiempos muertos”, ambos útiles e importantes.

El nivel de realidad es la relación entre el plano de realidad en que se sitúa el narrador y el plano de realidad en que transcurre lo narrado. Lo planos más antagónicos son el “real” y el fantástico. Así el narrador puede situarse en un plano realista pero relatar algo mágico, mítico o milagroso, por ejemplo. Las variantes que pueden encontrarse son muchas, bastaría que haya dos narradores diferentes para ver los dos planos en la misma obra, uno que cuenta una historia que le contaron pero en la que no cree y otro que asegura ser testigo de esos hechos. Esto se complicaría más si esta última persona sufre de trastornos mentales y al final sabemos que está inventando todos estos sucesos. Por otro lado existe la realidad subjetiva, la de la interioridad humana (emociones, sentimientos, sueños, etc.).  Cuando el novelista o la novelista privilegia alguno de estos planos logra enriquecer nuestro intelecto o sensibilidad haciéndonos descubrir dimensiones antes  inexistentes.

Como la muda es toda alteración que experimenta cualquiera de estos aspectos, existen mudas espaciales, temporales o de nivel de realidad. A veces son numerosas, a veces escasas; pueden ser súbitas o sutiles. La “caja china” o la “muñeca rusa”, por ejemplo, es una técnica que consiste en construir una historia dentro de otra pero no de forma aislada sino articulada; esto normalmente implica mudas de espacio, tiempo y nivel de realidad.

El “dato escondido” es la supresión de información importante para la novela. No es parte del límite que debe imponerse a toda historia ni tampoco la omisión de un dato inútil; la técnica consiste en omitir algo cuya ausencia sea tan fuerte que el lector tenga que elaborar sus propias hipótesis para explicar ese vacío.  Vargas Llosa nos habla, por último, de “los vasos comunicantes” a  los cualesdefine como dos o más episodios que ocurren en tiempos, espacios o niveles de realidad distintos pero que están articulados e intercambian vivencias. No se trata simplemente de sumar sus partes sino de fundirlas, de hacerlas una unidad, haciendo que se influyan o modifiquen mutuamente.

Lo estupendo de este libro no es solo que nos presenta todo estos elementos sino que los analiza a través de diferentes ejemplos literarios. La complejidad y la belleza que derivan de esos textos superan todo concepto que yo haya podido resumir en este artículo. Los invito a leerlo.

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