Archivos Mensuales: noviembre 2015

De conventos, cárceles y castillos

Portyada 6

DE CONVENTOS, CÁRCELES Y CASTILLOS

Camila Reimers. Lugar Común Editorial, 2014.

 Camila Reimers escritora chileno-canadiense nacida en Chile, es autora de tres novelas: Hijos de lava (2005), Tres lotos en un mar de fuego (2007) y De conventos, cárceles y castillos. Ha escrito numerosos cuentos en español e inglés, destacando las colecciones Cuentos de autoamor y de autopistas (2009) y Chakra Number Eight: Tales of Humour and Soul (2010) en inglés. Locutora de radio CHIN Ottawa 97.9 FM a cargo del programa infantil que en 2013 ganó el premio Canadian Ethnic Media Association al mejor programa radial étnico en Canadá. En 2014 uno de sus cuentos fue seleccionado para un proyecto auspiciado por la Unesco entre los seis mejores cuentos infantiles recibidos a través de cuatro años para el concurso Rainbow Caterpillar Kid Lit Award.

Con esta novela comienza a perfilarse el estilo y las preferencias temáticas de Camila Reimers como novelista. Ya en su primera obra, Hijos de Lava, nos mostró su interés por ahondar en la búsqueda interna de nuestro verdadero ser. Para ello nos contó la vida de una persona paralizada por ataduras de las que quería liberarse, lo que implicaba enfrentar sus miedos, sus culpas, su silencio y su soledad. Esa mirada espiritual estaba apoyada en hechos de la vida real pero también en símbolos, además de estar  rodeada de fenómenos imposibles y del empeño de presentarlo todo como una unidad.

En Tres Lotos en un mar de fuego el tema es diferente: la crudeza de una extrema violencia sufrida por tres mujeres, pese a lo cual resalta la espiritualidad a través de la comunicación entre ellas tres. Esto a pesar de que estas mujeres viven en lugares y épocas diferentes (otra vez lo imposible se convierte en realidad, como queriendo demostrar que sí es posible).

De conventos, cárceles y castillos presenta la biografía de una mujer que busca comprenderse a sí misma y que habla con Teresa de Ávila, una monja que vivió en España en el siglo XVI y a quien la autora admira.  Se repite entonces la fascinación por la búsqueda interior del ser, la atracción por el diálogo entre mujeres que viven en lugares y épocas diferentes y el recurso de mezclar hechos reales con irreales, siempre en medio de una atmósfera espiritual.

El objetivo de esta obra, tal como lo menciona la autora en la introducción de su libro, es integrar a nuestra época las enseñanzas de Teresa de Ávila. Para ello recurrirá a su bagaje cultural ─un gran conocimiento sobre la vida y obra de la monja, su experiencia en la India y sus estudios y prácticas  budistas─ y a la utilización de metáforas y símbolos, muchas veces provenientes de la propia visión mística de la santa.  Para quienes tienen una formación e información similar no debe ser difícil entender la relación que Camila Reimers forja entre la vida de Sonsoles y el saber de la monja. Para los demás puede resultar una historia un poco enrevesada, lo cual no es necesariamente algo negativo, significa simplemente que no es una novela de entretenimiento sino el tipo de novela que he dado en llamar inteligente, es decir, aquella que nos hace pensar, analizar y nos invita a estudiar.

Después de leer este libro investigué algo sobre la vida y pensamiento de Teresa de Ávila en un intento por comprender mejor lo que Camila nos había narrado en él, y me encontré con dos herramientas teóricas fundamentales para facilitar la comprensión de este trabajo. Una es la metáfora entre la oración y el riego de un huerto. Para Teresa se puede regar de cuatro maneras: acarreando agua, con una máquina hidraúlica (noria), con canales o con la lluvia. Análogamente, el esfuerzo que requiere la oración va de mucho a poco (o a nada). En el proceso de desarrollo de la capacidad de orar se comprometen el silencio, la concentración, la memoria, la imaginación y la razón, hasta que todo esfuerzo cede, y rezar se convierte en un gozo que nos llena de virtudes. La segunda herramienta es el libro El castillo interior donde Teresa habla de su percepción del mundo espiritual del ser humano, semejándolo a un castillo con siete moradas que se pueden ir conquistando progresivamente: 1) La primera morada es la etapa en que la persona decide entrar a su interior (abrir las puertas del castillo); 2) la resistencia a seguir ese camino; 3) la exploración; 4) el estado de calma y silencio; 5) el encuentro con Dios; 6) la entrega total y 7) la unión con Dios.

¿Y qué tiene esto que ver con el libro que aquí comentamos? Mucho. Camila Reimers titula Moradas a cada uno de los siete capítulos de su libro. La vida de Sonsoles pasa por cada una de esas moradas y, cuando menos lo esperamos, aparecen los sistemas de riego. Siendo la escritura de Camila enigmática, será muy lentamente que comprendamos qué viene de Teresa, qué de Sonsoles, qué le pertenece a la autora misma y cómo se relacionan todos esos contenidos. La autora no se esfuerza en complicarnos las cosas pero tampoco en simplificárnoslas, algo que experimentamos claramente desde las primeras páginas. Como Juan Goytisolo, tal vez, lo que ella quiera es invitarnos a ampliar horizontes y que después regresemos a releer su obra; aunque él deseaba que sus lectores dudáramos, mientras Camila parece invitarnos a reconocernos a nosotros mismos. Los dos útiles que aquí les he brindado les ayudarán a asimilar este libro. Recuerde deslindar esos conceptos de los demás componentes místicos de origen hindú y budista con los que se trata de explicar la vida de la protagonista. Sí, la autora recurre a variados elementos interpretativos. No es una biografía simple ni obvia.

La autora decidió experimentar con la puntuación eliminando todo guión largo que indique diálogo y mezclando en un párrafo no solo las voces de sus personajes sino la de su narradora. ¿Un acierto? No, no lo creo. Le pregunté a Camila si con esto buscaba mostrar su creatividad, darle fluidez a la lectura o sumarse a los escritores que intentan cambiar el estilo de redacción. Respondió que perseguía los dos últimos objetivos, además de enfrentarse a un desafío. Mi apreciación personal es que, ciertamente, a veces logra que la narración fluya, pero en muchas ocasiones produce el efecto contrario. Por otro lado, la evolución de la escritura se inició sin signos de puntuación y los fue creando después para organizar mejor el discurso.

Mis últimos comentarios serán para felicitar a la autora por renovar la presencia de una voz femenina en la literatura con lo que ello conlleva (mostrar la sexualidad de una mujer, sus percepciones acerca de las relaciones  con hombres u otras mujeres, sus anhelos, sus necesidades), por ser capaz de sintetizar en los momentos más oportunos, por presentar en un solo libro narración, poesía, lenguaje antiguo y moderno, y por su capacidad de mezclar un lenguaje sencillo y natural en medio de su esmero por elevar las letras a un nivel culto y profundo.

Note, finalmente, que el título del libro es metafórico, refiriéndose a nuestra cotidianeidad (los conventos), a nuestras limitaciones para ser nosotros mismos (las cárceles) y a nuestra capacidad para descubrir nuestro verdadero ser (los castillos). Si es esto último es lo que busca en su vida actual, aquí tiene un libro que podría inspirarle.

Para más información, consulte http://www.camilareimers.com

A través de mis recuerdos – Biografía de Magdalena Canjura de Morataya – Roxana Orué

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A TRAVÉS DE MIS RECUERDOS.

BIOGRAFÍA DE MAGDALENA CANJURA DE MORATAYA.

Roxana Orué. Art and Literature Mapalé & Publishing Inc. Canadá, 2014.

Aparte de algunos poemas que escribí en mi juventud y cuando llegué a Canadá, en 1998, no había escrito antes. Comencé a hacerlo sin darme cuenta en el año 2011, cuando decidí compartir mis comentarios sobre los libros que leía con mis contactos  de Facebook. Pronto, y gracias a Cindy Muñoz, estos comenzaron a publicarse en El Eco Latino. A los meses, Silvia Alfaro me animó insistentemente a escribir un cuento y presentarlo a un concurso nacional en Canadá. Fue selecccionado y publicado. Más tarde escribí un segundo cuento que presenté a un concurso internacional en España, ganando el tercer puesto. Poco después la Editorial Mapalé me contactó para escribir la biografía que aquí menciono. Trabajo hoy, con dos colegas, en un segundo libro. Esa es toda mi corta pero vertiginosa historia en la literatura.

Sería extremadamente difícil, si no imposible, hacer una crítica sobre mi propio libro, de modo que no será eso lo que leerán a continuación. Dedicaré esta columna, más bien,  a compartir algunas reflexiones sobre la lectura y la escritura, y una apreciación muy general sobre esta obra.

¿POR  QUÉ ESCRIBO?

Escribo porque tengo un llamado interno. Sospecho que se trata de un sentimiento artístico que necesita expresarse. Siento que las palabras me persiguen diciéndome que juegue con ellas. Y tal vez eso sea todo. A menos que me una al gran maestro de las letras Gabriel García Márquez y diga : «Escribo porque quiero que me quieran».

¿PARA QUÉ LEEMOS HISTORIAS?

En respuesta a esta pregunta se ha dicho mucho hablando desde la necesidad del ser humano de entretenerse con fantasías hasta la de cultivarse. No negaré ninguna de esas afirmaciones, pero compartiré mis propias meditciones. Leemos historias porque solo pudimos vivir una vida, y aquellas otras posibilidades que se quedaron sin realizarse buscan una respuesta, y leer una historia nos da esa maravillosa experiencia de sentir que estamos viviendo una nueva vida. No las da una canción también pero en unos cortos minutos; nos la da el cine pero con sonido e imagen, por lo tanto con menos lugar para la imaginación, además de que es un arte del que normal mente disfrutamos  en compañía; también nos la da escuchar a alguien hablar de su vida, pero esa comunicación suele estar entrecortada e invita al diálogo. Solo leer nos permite vivir otra historia en total intimidad con nosotros mismos, en silencio,y nos regala más espacio para ponerle rostros a los personajes, y acomodar la ambientación a nuestro gusto o nuestras necesidades. Es un arte que se acerca mucho a nuestro ser. Creo que también es importante la explicación de que leemos para conocer a otros seres humanos, ya que a través de una historia podemos penetrar en la psicología de otras personas.

¿Y QUÉ NOS DICE LA BIOGRAFÍA DE MAGDALENA CANJURA DE MORATAYA?

Ante todo que los proyectos imposibles no lo son tanto. Miles de escritores luchan por ver su obra publicada sin conseguirlo. ¿Cómo pudo hacerlo Magdalena, quien terminó a duras penas sus estudios en la escuela primaria? Creo que esto se explica porque durante muchos años hizo el gran esfuerzo de escribir su historia, y luego buscó incansablemente que se la publicaran. Ese empeño la ha acompañado toda una vida llena de adversidades. Y pasar a través de esa historia fortalece, además de que nos permite ponernos en contacto con un país centroamericano: El Salvador.

Se podría decir que esa es la esencia de mucho ser humano:  luchar por sus objetivos, y esquivar o vencer los contratiempos que se le presentan. ¿Pero quién no se cansa en el camino? ¿Quién no necesita una pausa para refrescar su mirada? Esa es la oportunidad que nos ofrece este libro.

Los escritores normalmente narran o escriben poesía, no ambos estilos a la vez. En esta obra, sin embargo, se combinan. Después de cada capítulo hay un poema, excepto por el noveno, en el que se escribe una crónica de la Guerra Civil en El Salvador. Me despido presentándoles el último de estos poemas que funciona como epílogo.

EPÍLOGO

Vuelvo mi rostro y miro las montañas,

el color de los atardeceres.

Miro los pastizales que antes fueran

algodonales y cañaverales.

Entre la niebla aparece

el semblante sereno de mis padres

pero en la tierra mi padre está ausente

y mi madre enloda sus manos

dobla la espalda

siembra la simiente.

 

La soledad se apodera

del fémur de mis piernas,

de mis brazos cansados,

de las falanges de mis dedos,

penetra en mi alma.

¿Qué hacer?

 

Me pregunto cómo en

mis peores pobrezas

no terminé prostituyéndome,

cómo en mi desesperación

no  recurrí a las drogas o

me bañé de alcohol.

 

Veo el desvío a San Matías y El Jocote,

veo que pueden cruzarse los montes,

que el río corre, que el sol regresa.

Tomo la ruta de las flores,

la de los pétalos de las campanillas

que alfombran el camino,

huelo los alhelíes frescos,

las mañanas de leña,

las teclas de las marimbas cantan,

renuevo mi aspecto con la energía

del zumo de la quebrada,

me alumbro con el color de los maquilihues,

lleno mi cántaro de agua,

mi cuerpo de fe

y enrumbo

camino

enrumbo…

Mañana en la batalla piensa en mí – Javier Marías

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MAÑANA EN LA BATALLA PIENSA EN MÍ

Javier Marías. Editorial Alfaguara, 1994.

Javier Marías nació en Madrid en 1951. Durante su niñez vivió en su ciudad natal y en Estados Unidos. Comenzó a escribir a los once años; a los quince ya había escrito una novela que nunca publicó, y cuando tenía diecinueve años salieron a la luz su primer cuento y su primera novela. Dedicó su vida profesional a la traducción, la edición y la escritura. Es miembro de la Real Academia Española desde el año 2006. Además de ser reconocido internacionalmente como escritor lo es también como traductor. Mañana en la batalla piensa en mí ha recibido el Premio Rómulo Gallegos (premio reservado para los escritores latinoamericanos hasta entonces) y el Fastenrath de la Real Academia Española.

Un tema terriblemente escabroso ─la muerte de una mujer infiel en brazos de su amante─ se convierte en una escena de desconcierto y casi detectivesca que servirá de pretexto para reflexionar sobre temas de la psicología humana, de la ética y de la filosofía de la existencia. Javier Marías de comienzo a fin, inequívocamente.

Es probable que no haya inicio más espectacular para una novela que el de Corazón tan blanco (del mismo autor): «No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola», pero este se le acerca mucho: «Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos […] Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado». Ambas entradas son  magistrales, y con cualquiera de ellas podríamos haber adivinado quién es el autor si tan solo nos hubiesen mostrado los párrafos aquí mencionados.

Vivir una experiencia como esta significará para el protagonista ─Víctor Francés─ quedar en estado de encantación, no poder olvidar a «su» muerta ni desentenderse del entorno que ella dejó. Él buscará su desencanto, volverá para adentrarse en ese mundo. Lo que hasta ahí podría ser una novela muy interesante, se convierte desde ese momento en una historia psicológica donde se exploran lenta y repetitivamente algunos aspectos comúnmente desapercibidos de la experiencia humana. Eventualmente el autor regresa a la historia de la novela, pero esta vuelve a  naufragar entre las reflexiones que tratan de entender el engaño, los recuerdos y la muerte.

Javier Marías parecerá pensar a través del protagonista, en ese estilo suyo tan observador y tan profundo; y una vez más volverá a semejarse a Corazón tan blanco en el sentido de darle importancia a la comunicación, al poder de la palabra. Se diferenciará, sin embargo, porque en vez de subrayar la necesidad de callar, se ocupará de la necesidad de hablar.

La muerte es otro tema de meditación. Se nos recordará que todo es efímero y que puede acabarse en cualquier instante, aunque por algún momento dejará una estela en quienes sobreviven a la persona fallecida, quien después de muerta parecerá decirnos: «Mañana en la batalla, piensa en mí», cuando ya no esté, excepto en ti, donde viviré por algún periodo; sé que te será difícil entender que ya no estoy, adaptarte a la vida sin mí, «mañana en la batalla, piensa en mí».

El eje de estas reflexiones será, en cambio, el engaño permanente en el que vivimos, queriendo creer que todo es verdad o que hay estabilidad, cuando en realidad mucho de lo que nos rodea es mentira. La realidad se transforma apenas pasa, y más aún cuando se la cuenta con palabras. Podremos tratar de ser objetivos, pero siempre transmitiremos una realidad parcial y desdibujada; la narraremos de diferentes maneras a cada persona; y un segundo testigo la contará desde otra perspectiva. En parte será cierta, y en parte falsa, una mentira, aunque solo fuera por lo que no se contó.

Lo mismo pasa cuando hablamos de nosotros mismos, cuando desaparecemos partes de nuestra historia, y vemos nuestra vida de una manera recortada, evocando solo los hechos que preferimos recordar. Y eso le sucede también a los demás al presentarse ante nosotros. No sabemos a quién tenemos enfrente. Engañamos y nos engañan. Lo hacemos al compartir la historia de nuestra vida, al igual que nuestra cotidianeidad. Hay, sin embargo, engaños más grandes que otros, mentiras más conscientes. En general, no soportamos el desengaño, y muy particularmente si las mentiras son mayores; podemos soportar la sospecha, sí, pero no la certeza de que somos engañados. Por esa misma razón, cuando algo cambia notablemente en nuestras vidas ─un accidente automovilístico, una operación, etc.─ no podemos dejar de comunicárselo a las personas allegadas a nosotros, queremos que lo sepan de inmediato, no queremos mantenerlas en el engaño. De no hacerlo, vivirían en la mentira por un momento, los estaríamos engañando abiertamente. Y eso no se perdona. La mentira perdonable es más sutil, aquella de la que no somos conscientes.

Si todo lo que hasta aquí ha sido dicho no fuera suficiente para animarles a leer Mañana en la batalla, piensa en mí, existe un argumento adicional: en las nuevas ediciones se añade el discurso que Javier Marías pronunciara durante la ceremonia del Premio Rómulo Gallegos en 1995, recibido justamente por la publicación de este libro. Se trata de la explicación más preclara que yo haya leído o escuchado nunca sobre el porqué de la existencia de la literatura: la necesidad del ser humano en  revisar lo no vivido, lo no realizado, lo no dicho, de contarnos otra historia. Secundaré a Javier Marías cuando dice: «Y me atrevo a pensar que es precisamente la ficción la que nos cuenta eso».

Existe también un argumento para desanimarles. El autor, literariamente hablando deja mucho que desear. Marías parece burlarse de la lengua cuando escribe. No se preocupa por la exactitud de las palabras, menos aún por la composición gramatical e ignora los signos de puntuación. Sus digresiones  son excesivas, divaga durante la mitad del libro y, con ello, confunde al lector. Si no fuera el famoso profesional que es, si no lo hubiera escuchado hablar con propiedad, pensaría que es un mal escritor. Sin embargo, todavía me pregunto, si no hace todo esto intencionalmente; en un afán por darle a la escritura libertad, una frescura que la acerque a la oralidad o al desarrollo natural del pensamiento. ¿O es dejadez? No lo sé, tendría que leer algo de él bien escrito que me permita comprobar que sabe hacerlo. Solo así podría confirmar que lo que hace es intencional. Mientras tanto, la duda permanece. ¿A pesar de eso es un libro recomendable? Sí, porque la literatura es mucho más que el dominio de las formas.

¿RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?

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Cuentos de Edgar Allan Poe

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CUENTOS DE EDGAR ALLAN POE (1809-1849)

¿Quiénes escribían literatura en Estados Unidos en el siglo XVIII? Pues, casi nadie. Se documenta la existencia de apenas tres escritores conocidos: Charles Brockden Brown (1771-1810), nacido en Philadelphia,  Washington Irving (1783-1859) de Nueva York, y James Fenimore Cooper (1789-1851) nacido en Nueva Jersey. Este último fue el más prolífico y célebre entre ellos ya que escribió treinta y cuatro novelas de aventura, particularmente conocido por su novela El último de los mohicanos.

Poco después nació el genio creador de Edgar Allan Poe. Fue a comienzos del siglo XIX, en Boston. Su vida fue corta ya que falleció a los cuarenta años, pero fue él quien dio un vuelco a la historia de la literatura estadounidense. Fue primero en muchos aspectos: fue un maestro del cuento, inventó el relato detectivesco, incursionó en el género de la ciencia ficción y dominó magistralmente la escritura de historias de terror, sin contar que fue el primer literato que trató de vivir de la escritura. La importancia de su obra y estilo es reconocida nacional e internacionalmente habiendo influido en grandes escritores como Baudelaire, Dostoyevski, Faulkner, Kafka, Guy de Maupassant, Borges, Cortázar y Darío.

Aquí les recomiendo y comento ocho de sus cuentos; todos estos aparecen completos en la Red, en las impecables versiones traducidas por Julio Cortázar. Los pueden imprimir en papel, o convertirlo en alguna versión que les posibilite leerlos en un libro electrónico o en alguno de los tantos dispositivos electrónicos que hoy permiten leer no solo cuentos sino novelas enteras.

CUENTOS CORTOS

  1. WILLIAM WILSON (1839)

La voz de la conciencia de William Wilson cobra la forma de una persona que está a su lado constantemente sin que William sepa que se trata de él mismo. William piensa que es alguien que se le parece, y lo persigue durante toda su vida… hasta que William decide enfrentarlo. Queda claro que no se puede acallar la voz de la conciencia. Curiosamente, William Wilson nace un 19 de enero, al igual que el autor, lo cual nos indicaría el lugar que la conciencia de Poe tenía en su propia vida.

  1. LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE (1841)

Se trata del primer relato de detectives en la historia de la literatura. En él queda magníficamente desplegada la agudeza del autor para mostrar el misterio, y la forma de develarlo. Que no es un género claramente establecido es evidente desde la primera página en la que Poe presenta una larga disquisición sobre la capacidad analítica, a la vez que nos hace conocer a Aguste Dupin, el personaje que hará de detective, y más tarde inspirará  el nacimiento de Sherlock Holmes. Algunas curiosidades: 1) Poe no conocía París cuando escribió este cuento, 2) en su manuscrito se ve que cambió el nombre original de la calle por el más tenebroso de Morgue, y 3) este fue su primer cuento traducido a otra lengua (francés).      

  1. NUNCA APUESTES TU CABEZA AL DIABLO (1841)

Es una de sus obras sardónicas. Intenta hacer frente a la crítica recibida entonces de que no  escribía nada que tuviera moralejas. Poe defiende la tesis de que toda novela o cuento las tiene aunque no sean explícitas. Sin embargo, para evitar todo cuestionamiento, escribe el mensaje moral del cuento en su  título. No ha faltado quienes vean en el protagonista de esta historia ─Toby Dammit, un niño irritante─  un posible reflejo del autor, y en el cuento hasta la premonición de su propio destino.

  1. LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA (1842)

Una peste devastadora se lleva la vida de los pobladores de un país imaginario. El príncipe de aquel país, y sus escogidos,  se aíslan de esa enfermedad en el palacio real, el cual está rodeado de una muralla infranqueable. Se dedican a la vida placentera, hasta que la muerte aparece en un baile de disfraces. Los colores de las siete habitaciones iluminadas y decoradas en forma particular, a las que no se puede acceder más que respetando un orden obligado, merecen una interpretación; pero ¿cuál? ¿Los diversos momentos de la vida que conducen inevitablemente al momento final de la muerte? De tiempo en tiempo la muerte se encargaría de recordar su presencia para desesperación de las personas que la escuchan. Sin importar los muros de la fortaleza, la muerte llegará siempre a cumplir su trabajo…

  1. EL POZO Y EL PÉNDULO (1842)

La espeluznante historia de un hombre atrapado y torturado por la Inquisición, se le aterroriza, y es consciente  de la cercanía de su muerte. Los temas que se tocan son los sentimientos de impotencia, de  desesperanza, de terror, así como los deseos de supervivencia.

  1. EL ESCARABAJO DE ORO (1843)

Este cuento de misterio presenta una vez más al detective que hay en Poe pero en un contexto de aventura. Se trata de encontrar un supuesto tesoro. Ya en esa época Poe se interesaba en la criptografía, así que en esta historia introdujo un criptograma. El cuento ganó un premio en un concurso convocado por el periódico Philadelphia Dollar Newspaper. Lo merecía.

  1. EL GATO NEGRO (1843)

El cuento trata sobre el drama de un hombre casado y amante de los animales que se convierte en alcohólico. Antes vivía una vida apacible y feliz  con su esposa. Entre los animales que criaban, había un gato, al cual él amaba especialmente. Con el al alcohol este hombre se volvió irritable y violento, lo que lo llevó a matar a su gato, y buscar a otro que lo reemplace para aplacar su dolor. Sus tormentos se acrecentaron y terminó por cometer otro crimen, en el cual el gato juega un rol crucial.

  1. LA VERDAD SOBRE EL CASO DEL SEÑOR VALDEMAR (1845)

El narrador nos transmite su interés por conocer los efectos de la hipnosis en el proceso de muerte. Un amigo suyo, Ernest Valdemar, diagnosticado con tuberculosis tenía un pronóstico que anticipaba una muerte cercana. El señor Valdemar se prestó para que cuando llegara su momento final, se experimentara con él este procedimiento. El cuento nos relata los pormenores y resultados de esta intervención. La historia trata, pues, de desafiar a la muerte, de medir su poder, de incursionar en ese lugar desconocido, peligroso y tenebroso. Poe la escribió con tal realismo que muchos llegaron a creer que era un caso de la vida real. Se le considera el gran antecedente de la ciencia ficción.

A un inventor, a quien hace nacer algo, no puede recomendársele a medias. A los iniciadores hay que reconocerlos en toda su magnificencia. Que después los que le suceden perfeccionen lo que inventó el maestro es meritorio, pero menos. Edgar Allan Poe tiene más allá de la máxima puntuación que podría dársele a cualquier literato. Me temo,

sin embargo, que para el siglo XXI sus cuentos puedan parecer limitados en aspectos de contenido o hasta técnicos. Solo por eso, me reservo un punto de duda al recomendárselo a ustedes. Pero si quiere acercarse a la genialidad, léalo.

¿RECOMENDARÍA LEER ESTAS OBRAS?

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