Archivos Mensuales: abril 2014
Historias no autorizadas de Cuba – Jorge Carrigan
HISTORIAS NO AUTORIZADAS DE CUBA
Jorge Carrigan. Editorial Unos y Otros, Inc., 2012.
Jorge Carrigan, escritor nació en Regla, La Habana, Cuba en 1953, y reside actualmente en Ottawa. Ha escrito más de una docena de obras de teatro, cuenta con una vasta y bella obra poética y en el año 2010 incursionó en la novela con su exitoso libro Bailar con la más fea. Su segunda novela Muñequita Linda se publicó en noviembre de 2011 en Ottawa. En el 2012 apareció su última obra Historias no autorizadas de Cuba de cuya crítica me ocuparé en este artículo.
¿Qué es la literatura si no un arte? Es decir una visión sensible del mundo que busca transmitir —por medio de la palabra— calidad estética en lo que comunica. Como todo arte necesita de mucho esmero, de talento y de gran conocimiento para alcanzar a cautivar los sentidos, las emociones y/o las mentes de los lectores. Esta última obra de Jorge Carrigan está muy lejos de haber tocado ese nivel, y es sin duda la menos afortunada de sus tres recientes publicaciones. En su defensa podríamos aducir que no se puede comparar una serie de relatos con una novela —como lo son sus dos primeras obras— lo cual es parcialmente cierto, de modo que evitaré volver a hacerlo. Concentrémonos entonces en sus relatos, un género literario caracterizado por un número de páginas poco extenso donde pueden obviarse los momentos de tensión, a diferencia del cuento y la novela. Estas características son relevantes para la apreciación de esta obra ya que si no las tomáramos en cuenta podríamos juzgar negativamente la falta de un argumento elaborado, la ausencia de indicios, de un nudo y/o de un desenlace en estas historias, lo cual sería injusto porque un relato precisamente puede carecer de todo ello.
Historias no autorizadas de Cuba nos presenta un conjunto de escritos relacionados con la vida de Cuba de la segunda mitad del siglo XX y, por lo tanto, nos ilustra sobre la conducta y el proceder de ese país. Estos dieciocho relatos son estampas que retratan las restricciones a la libertad de expresión bajo el régimen cubano, sus sistemas de control, las particularidades de sus relaciones exteriores, las carencias de productos alimenticios y otros artículos básicos en la vida cotidiana de los cubanos y, finalmente, nos ilustra sobre la ignorancia, la astucia y los encantos de su pueblo. Hasta aquí el libro es interesante ya que cumple con la función de retransmitir extractos de la cultura oral y popular cubana que de otro modo podrían perderse.
El autor recurre a diferentes técnicas que constituyen ya su imprenta estilística. Una de ellas es su buen sentido del humor —probablemente su mejor cualidad— plasmada también a través de diferentes recursos, entre ellos la ironía, la sátira y otros más originales como, por ejemplo, su introducción al cuarto relato que en realidad está constituida por cuatro preámbulos, uno detrás de otro. Muy cómico. Otros atributos de Jorge Carrigan son la riqueza de su vocabulario y la fuerte energía que trasmite en sus escritos; de esta última deriva un dinamismo agradable en gran parte de la obra. Son de apreciar también sus juegos con los tiempos verbales (ocasionalmente habla en presente para referirse al pasado y en futuro para referirse a lo sucedido después de aquel pasado). Usa además un lenguaje lleno de cubanismos y de locuciones típicas de ese país que nos hacen compenetrarnos con la personalidad cubana. Interesante.
La debilidad de este libro no está entonces en su cometido —muy loable por cierto sino en ciertos aspectos de su estilo, en su diagramación y en su gramática.
Empecemos con el estilo, con la parte inconsistente del estilo. En general, Jorge Carrigan parece querer comunicarnos sus historias de una manera espontánea y sencilla, de modo que su lectura le resulte fácil al lector. Esto podría considerarse como una cualidad ya que permitiría que sus escritos lleguen a un público más extenso y cumplan, además, con una función de entretenimiento. No veo allí ningún inconveniente. El problema lo percibo en que dicha preferencia deviene a veces en exceso de simpleza, haciendo sentir que no hay mayor esfuerzo en elevar el lenguaje coloquial a un nivel que —sin que atente contra su naturalidad— lo convierta en literario. Esta contrariedad ocurre solo ocasionalmente, no es algo crítico, pero es un elemento que cuando aparece marca un agudo descenso en la onda en que se va acomodando cada historia.
El dinamismo del autor, al que acabo de referirme positivamente, es por momentos cambiante. A veces parece que la lectura nos quiere atrapar pero de pronto da largas vueltas sobre temas que, además, no parecen ser del todo relevantes o que de serlo podrían presentarse de forma más sintética. Véase, como ejemplo, el primer relato. En sus dos primeras páginas expresa una larga y enrevesada opinión sobre los riesgos de la síntesis en el lenguaje publicitario —entre otros comentarios— antes de dar inicio a la historia propiamente dicha. Ciertamente, el relato trata sobre la síntesis del lenguaje pero no del publicitario, no es obvia la necesidad de tal prolegómeno. Si de hacer una introducción se trataba quizá hubiera sido más pertinente elaborar sobre el intento de hacer inmaculado al régimen comunista o a su líder. Además está el problema de la dilatación, hasta el propio autor parece sentirla cuando anuncia en tres ocasiones que ya va a iniciar la historia. Tal vez no sea justo pero no puedo dejar de evocar a Ricardo Palma, magistral escritor peruano, quien escribiera cuatrocientos cincuenta y tres relatos cortos y satíricos que fueron compilados en la célebre publicación titulada Tradiciones Peruanas. Recurro a este autor como prueba del excelente nivel que puede alcanzarse en este género, incluyendo incluso preámbulos. ¿Podría ser que esta no sea la aproximación literaria que le conviene al autor?
¿Qué problema presenta la diagramación? Algunos y muy serios, suficientes como para causar una mala impresión cuando su función es justamente la contraria: la organización armoniosa de los elementos gráficos. Ejemplos: el texto de la página (p.) 19 es cortado en su primer párrafo –dejando un gran vacío- para continuar en la p. 20; una frase de la p. 10 y otra de la p. 33 son cortadas dando un salto hacia el siguiente renglón; varias líneas son duplicadas al final de la p. 87; el segundo párrafo de la p. 91 es ininteligible, alrededor de una docena de palabras empiezan inmediatamente después de un punto, sin dejar espacio entre ellos, etc. ¿Que este es problema de la editorial y no del escritor? Sí, es posible. Le tocaría al autor determinarlo.
La responsabilidad de los errores gramaticales podría ser también compartida pero me temo que el autor tendrá que hacer un examen de conciencia y asumir la mayor parte de estos, si no todos. ¿Que es difícil revisar un texto o hacerlo revisar antes de enviarlo a imprenta? Es posible que lo sea. Sin embargo, no es una tarea imposible. El avance tecnológico nos brinda un valioso apoyo alertándonos sobre muchos de estos problemas que a veces no denotan ignorancia sino distracción, y que pueden ocurrirle a cualquier escritor. ¿Ejemplos de estas imprecisiones? Los hay variados, básicamente de sintaxis pero también de ortografía, incluyendo la puntuación:
p. 7 “muchos menos” por “mucho menos”.
p. 8 “la gente que la habitan son” por “la gente que la habita es”
p. 9 “frente alguno” por “frente a alguno”
p. 37 “me ha gustado la historia” por “me ha gustado la Historia”
p. 78 “un grupo […] se habían convertido” por “un grupo […] se había convertido”
p. 89 “eso me toca a mi” por “eso me toca a mí”
p. 100 “vidéo” por “vídeo” o “video”; etcétera.
Ninguna de las limitaciones enumeradas constituye un problema gravísimo en sí pero —para decirlo en palabras de Vargas Llosa— “nada deja de tener importancia en el dominio formal y son los pequeños detalles acumulados los que deciden la excelencia o la pobreza de una factura artística”. Es el conjunto de estas particularidades el que nos obliga a clasificar este trabajo por debajo de un nivel medio. Jorge Carrigan tiene potencial de escritor pero debe trabajar sobre estas debilidades si quiere conquistar tal título.
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Paisajes después de la batalla – Juan Goytisolo
PAISAJES DESPUÉS DE LA BATALLA
Juan Goytisolo. Editorial Palabras Mayores, 2013.
Juan Goytisolo nació en Barcelona en 1931. Su madre murió por un bombardeo realizado bajo el gobierno franquista cuando él tenía apenas siete años; con el tiempo sus obras fueron prohibidas bajo dicho régimen. Goytisolo se autoexilió en París (1956) y en Marrakech, Marruecos (1996). Su vasta obra –más de cuarenta novelas, ensayos, entre otros escritos– recorre desde el lirismo hasta la crítica de la sociedad, cultura y religión de España. Se le considera el escritor más importante de los llamados “hijos” de la guerra civil española.
Paisajes después de la batalla es un rompecabezas cuyas piezas se escapan por un mundo a veces imaginario, a veces introspectivo, a veces irónico, a veces social, a veces político, a veces degradante, y hacen de esta obra un laberinto en el cual el lector no sabe dónde está el comienzo o el final, no puede precisar con facilidad de qué trata ni cuáles los mensajes que el autor nos quiere transmitir.
Después de un gran esfuerzo de comprensión llegué a clarificar apenas algunas cosas. Se ambienta a inicios de la década de los ochenta en El Sentier, un barrio parisino atípico ya que en él viven judíos, portugueses, árabes, afganos, paquistaníes, bangladesíes, turcos, etc., estos últimos llegados después del golpe militar en Turquía. El protagonista vive en el séptimo piso de un edificio de ese barrio. Este hombre, extranjero también, es un misántropo, se ha aislado de todos sus amigos e incluso de su mujer —la cual vive en un departamento vecino. Tiene hábitos desagradables —como orinar en el lavabo, por ejemplo—, practica el onanismo, declara que le gustan sexualmente los animales, y contesta anuncios eróticos con fantasías pervertidas utilizando el seudónimo de El Reverendo. Para colmo, es un sátiro que mira y seduce niñas. En su lado menos sórdido colecciona artículos de periódico con noticias particularmente interesantes, contribuye con un periódico al que envía artículos que denotan preocupación por asuntos de carácter científico como la acumulación de dióxido de carbono y el calentamiento global, y ama la poesía sufí.
Aparte de este perfil medianamente claro, todo lo demás es desordenado, enmarañado, satírico y sarcástico. El libro se compone de setenta y cuatro artículos que —como el mismo autor lo admite— son una narración “mal hilvanada y dispersa”, “confusa y alambicada”. Por ejemplo, en uno habla de discriminación racial, y a otro lo titula Charles Lutwidge Dodgson (más conocido como Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas) para hablar de su debilidad hacia las niñas. Después trata de teologismo (sic) dialéctico mofándose de Albania, país revolucionario y perfecto. Enseguida se centra en el egocentrismo democrático a través de la ridiculización de la gordura de un dictador. De pronto se interesa en visitar a un vidente, o se aparece en un café donde le entregan propaganda altamente subversiva e ilegal para su difusión; después asiste al cine para ver películas pornográficas. Enseguida hace una parodia de los intereses mercantilistas o cuestiona la Península Ibérica —se puede suponer que a España en particular— por asumirse como el centro del mundo. En otro momento, la policía lo cita, desnuda y acusa de conspirador esperando que haga la revelación de todos los secretos de su organización. Más tarde dos raptores adhieren una carga explosiva a su pecho y le exigen que confiese todas sus verdades. En un acto derivado tal vez de ese momento donde las horas de su vida están contadas, ya hacia el final de la obra el autor parece querer aclarar las cosas y nos habla de su ser fragmentado que lo jala hacia diferentes caminos (ideas, sentimientos, pulsiones), de su desdoblamiento como escritor, narrador y personaje (¿en la obra habla el protagonista o habla él?, ¿el colaborador de El País que escribe sobre ciencia es realmente un presunto homónimo o es él mismo?), nos cuenta que ha inventado a su esposa y que todo el barro que ha echado sobre él —al parecer el protagonista de este libro es el álter ego de Goytisolo— es para develar lo peor de su ser, despertar toda la antipatía y desdén posibles. Ha querido tocar el fondo del abismo. ¿Para qué? ¿Para representar mejor a un ser marginal que además de ser extranjero es víctima de persecución política cuando es el último representante de una comunidad asolada a la cual solo quería defender? ¿Para que al desnudar su ser se vea la complejidad del ser humano? Su excentricidad —así lo dice el mismo autor— es una defensa contra la normalización de la época.
Lo cierto es que el libro anuncia hace treinta años lo que iba a pasar con el París de hoy, donde los inmigrantes penetran paulatinamente a la ciudad, la toman, la revolucionan y dejan paisajes de guerra y alteración detrás de ellos. París desaparece, se transforma. La obra nos deja, además la sensación de decepción sobre los problemas políticos de este mundo, nada parece serio, todo parece absurdo, ridículo, equivocado. Los seres humanos no parecemos saber cómo gobernarnos a nosotros mismos.
Siendo Goytisolo el famoso escritor que es, no es difícil encontrar entrevistas y declaraciones suyas, y conocer a través de ellas sus intereses y pensamientos. Eso puede ayudarnos a entender su obra. Habla el árabe dialectal del norte de Marruecos, conoce y reconoce el mestizaje entre las culturas islámica e ibérica. Defiende los derechos de los inmigrantes. Critica los nacionalismos religiosos y políticos. Cree que España debería ser el puente entre Europa, Latinoamérica y el mundo musulmán pero que en lugar de asumir esa parte de su identidad rechaza el mundo árabe, no por ignorancia sino por discriminación. Está convencido de que la amalgama de culturas gesta una forma de vida alternativa, siempre más creativa que la que puede ofrecer una sola cultura.
Es extraño que un hombre que se expresa con tanta claridad oralmente enrede tanto sus pensamientos cuando escribe. Solo se explica de una manera: lo hace intencionalmente. Y esta no es una interpretación personal sino una declaración propia del autor, aquí lo cito: “A mí solo me interesan los libros que me provocan un desafío. Lo que procuro no es tener un gran número de lectores, sino el mayor número posible de relectores”, “porque una obra literaria de enjundia obliga a volver sobre ella y a releerla”. “Tú no puedes contradecir Paisajes después de la batalla porque en él están todas las ideas y al mismo tiempo la negación de estas ideas. Es la duda total. Es enseñar al lector a dudar”.
Aquí llegamos al punto final de nuestras primeras reflexiones sobre este libro. Y me veo en la encrucijada de decidir si el libro es recomendable o no lo es. Supongo que para un intelectual ávido de retos de erudición y reflexión sí lo es, y óptimamente. Para mí, que en la literatura busco arte, solaz e inquietud –no terremoto– intelectual, no lo es. Tengo una regla muy clara: si debo leer tres veces una obra, no para entenderla del todo sino para comprender al menos sus mensajes principales (¡y quién sabe ni siquiera llegue a esa comprensión!) entonces ese libro no es para mí. Y lo que no recomiendo para mí, no puedo recomendarlo para otro. Confieso, sin embargo, que el autor logró su cometido. Este será un libro inolvidable, me llenó de preguntas y me dejó la sensación de que debería abrir otras puertas en mi camino. Goytisolo merece toda mi admiración pero preferiría nutrirme de él a través de sus conversaciones —inteligibles todas— antes que de sus intrincados escritos.
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Sin remedio – Antonio Caballero
SIN REMEDIO
Antonio Caballero. Alfaguara, 2004.
Antonio Caballero Holguín, bogotano, nacido en 1945 en el seno de una familia adinerada y prestigiosa, fue educado en España, Colombia y Francia. Es escritor, periodista y caricaturista, trabajó en los periódicos El Tiempo, El Espectador y las revistas Alternativa y Semana (Colombia), Cambio 16 (Madrid), la BBC y The Economist (Londres). Es considerado como uno de los críticos políticos colombianos más agudos. Sus caricaturas políticas le merecieron el premio Simón Bolívar en 1994. Incursionó en la novela en 1984 con la obra Sin remedio de la que nos ocupamos en este artículo.
Si usted es capaz de sobrevivir a la primera parte de este libro donde se encontrará con un personaje deprimente e indeseable(abúlico, vividor, pusilánime, apático,cobarde, insensible, cínico, zángano, mediocre, algo escatológico, con una sexualidad superficial y fácil de exacerbar, además de consumidor de marihuana y cocaína) no se arrepentirá de haber continuado leyéndolo.
Ignacio Escobar, que así se llama el susodicho, acaba de cumplir treinta y un años, se mantiene con el dinero que le da su madre cada que él se lo pide, y se recuesta en la mujer con la que vive, cuya presencia le ofrece un cierto orden en su vida. Pasa la mayor parte de sus días tirado en la cama, donde se confronta a la infelicidad de no hacer nada y, lo peor, de no querer nada. La mujer lo abandona. Su rutina se altera pero su vida continúa siendo desdichada. Cuando se ve obligado a salir, deambula. Incapaz de dirigir su destino y con dificultades para negarse a hacer lo que no desea, suele dejarse llevar por lo primero que se le presenta, y es así como le suceden cosas…
La novela tiene un eje y múltiples contenidos. El eje está constituido por las reflexiones filosóficas de Escobar ─simplistas pero profundas─ que nos acompañan a través de toda la novela. Son de corte existencialista (sobre el sentido o el absurdo de la condición humana, la constatación de que las actividades de la vida se repiten por inercia o por costumbre pero que a fin de cuentas son inútiles) y nihilista (Escobar es incapaz de encontrar o darle un sentido a su vida, se resiste a dejarse guiar por alguna ideología para no enajenar su capacidad de reflexión, no reconoce ninguna autoridad, tampoco tiene una fe salvo que creer en la nada sea una, siente que todo está muerto en él, y tal vez desea desaparecer de la vida).
Entre los temas está el retrato de la sociedad colombiana en la década de los setenta (las clases sociales, la izquierda marxista, los militares), la ciudad de Bogotá y el desamor. La imagencolombiana es presentada mordazmente. A leer. La ciudad juega dos roles en la novela: insertar al lector en la realidad y servir de marco a la inanición de su protagonista, para lo cual se da una visión de una Bogotá depresiva en la cual llueve y acecha el peligro todo el año, además de estar llena de basura, de olores pestilentes, de bares de mala muerte, etc. En cuanto a las mujeres, vemos a un Escobar que las desea con mucha ligereza, sin necesidad de desarrollar vínculos de amor o de intimidad para tener relaciones sexuales se desprende de ellas con la misma facilidad. Dichos encuentros son descritos sin remilgos pero normalmente son frustrados, lo cual agrega a su vida más pinceladas de fracaso, vacío y desesperanza.
He preferido nombrar la creación poética fuera del listado que acabo de presentar porque la poesía se erige no solo como tema sino que también pretende ser eje. Según Caballero, el verdadero objetivo de este libro era hablar de lo difícil que es escribir poesía y dar a conocer una de sus creaciones: el largo poema que publica hacia el final del libro. De acuerdo al autor ese poema es lo más bello de este libroa pesarque la mayoría de lectores se lo salta. Ciertamente, la poesía se pasea por todos los capítulos de esta obra; en ese sentido parece ser eje en la obra. Pienso, sin embargo, que cuando Caballero escribía este libro su yo y sus intenciones fueron tomados por su inconsciente, y afloraron móviles más fuertes. Es así como la poesía se convirtió en tema, y para desdicha del autor, en tema secundario. Lo que nos ofrece como poesía no es bello (los únicos versos buenos pertenecen al Cantar de los Cantares); no obstante, es muy interesante el testimonio que da sobre el proceso de creación.
¿Y qué podríamos decir de la calidad literaria del libro? Es oscilante. El autor escribe bien pero se equivoca, logra mucho y fracasa en mucho también. Logra en su intento de abarcarlo todo pero no en la armoniosa unión de ese todo, logra en la caracterización de ciertos personajes ─el protagonista, el general Buendía, las empleadas domésticas, etc.─y en lo que pretende que representen, logra capturar la esencia de una ciudad en imágenes cortas e impactantes, logra narrar ciertas historias de una manera ágil y muy emocionante, y logra una tremenda agudeza en los comentarios de su protagonista. Sin embargo, su narrativa en general es lenta y repetitiva (excepto que esto haya sido hecho intencionalmente); muchos de sus personajes o hechos carecen de credibilidad (lo cual podría ser algo positivo si se confirmara que su propósito era hacer una sátira de estos, algo muy probable viniendo de un caricaturista; por ejemplo, no parecen reales las reuniones de los trotskistas, tampoco la Hena que comparte su cuarto ni la de la carta ─que no responde a su educación, aunque qué bella esta última Hena). Fracasa en describir a los personajes dejando ese trabajo más bien a la imaginación del lector. Pierde cuando intenta hacer poesía sin ser poeta, y sobre todo pierde hacia el final de la obra cuando después que esta se le ha extendido varios cientos de páginas y le ha tomado doce años de trabajo, parece haberlo cansado y se precipita en acabarla permitiendo que se imponga la falta de lógica en varios detalles, dejando cabos sin atar y un cierto sabor a inconsistencia.
Todas estas críticas podrían quedar de lado si se considera que este libro tiene el estilo de la literatura posmoderna europea, que trata justamente de ser fragmentaria, priva a sus personajes de una psicología profunda y escudriña en la identidad y la muerte. Lo que también es cierto, aunque parezca paradójico, es que esta obra entra en la categoría de la denominada novela total, que ambiciona tratar la realidad en la mayor parte de sus manifestaciones posibles. De ahí que despierte tanto interés. Unos la seguirán por sus preocupaciones metafísicas, otros por sus momentos eróticos, otros por su creación poética, otros por su crítica a la aristocracia o la ridiculización de los grupúsculos marxistas de la época al punto de confundirlas con el objetivo de la obra, etc. Cada lector atrapará el libro por donde más lo necesite.Léalo, encontrará de dónde asirse.
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Un viejo que leía novelas de amor – Luis Sepúlveda
UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR
Luis Sepúlveda. Tusquets Editores, S.A., 1993.
Luis Sepúlveda, escritor, periodista y cineasta chileno nacido en 1949. Encarcelado en dos ocasiones por el régimen de Pinochet, fue finalmente liberado por las presiones de Amnistía Internacional. Producto de su exilio ha vivido en Argentina, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Holanda y Alemania. Actualmente reside en Gijón, España. Participó del movimiento ecologista llegando a trabajar para Greenpeace. Su interés por el medioambiente se ve reflejado también en su literatura.El libro del que nos ocupamos en este artículo fue su primera novela, producto de una convivencia de siete meses con los shuar gracias a un proyecto subvencionado por la UNESCO. Esta obra recibió el premio Tigre Juan 1988 y ha sido traducida a treinta y tres idiomas.
Los shuar son un pueblo amazónico que habita la selva ecuatoriana y peruana, y que cuenta con unos ochenta mil habitantes. El Idilio, en cambio, es un pueblo imaginario asentado en la cuenca del río Nangaritza en la provincia de Zamora (Ecuador) ─una de las zonas con más biodiversidad en nuestro planeta─y es el lugar donde se desarrolla la historia de esta novela. Ambos elementos ─los shuar y El Idilio─ son muestra de lo que nos depara esta novela ya que mucho de lo escrito en este libro se sustenta tanto en la imaginación como en el conocimiento y la experiencia de vida del autor. En efecto, Luis Sepúlveda convivió con los indígenas shuar del Ecuador en 1978, allíconoció a Miguel Tzenke, dirigente indígena shuar,a quien le dedica la novela en agradecimiento a sus enseñanzas. Esta obra trasmite la fuerza de esta realidad, lo cual constituye sin duda su aporte más valioso.
Un día los shuar llevan el cadáver de un hombre rubio de unos cuarenta años ante el alcalde de El Idilio, este interpreta que los mismos shuar lo han asesinado y pretende detenerlos por ello. Antonio JoséBolívar, un lugareño de más de sesenta años, a quien el autor se refiere como «un viejo» en el título de la obra, interviene explicando con sabiduría la verdadera causa de la muerte, exculpando así a los shuar. Esta sapienciaproviene de su larga convivencia con los shuar, gracias a la cual aprendió los secretos de la vida en la selva.
Los personajes centrales de la obra están resumidos en el párrafo anterior y representan a los indígenas shuar, a la autoridad de los colonos (el alcalde), a las figuras híbridas (colonos identificados con los shuar) y a los extranjeros(cazadoresy buscadores de oro).Estos personajes muestran diferentes formas de actuar y pensar que responden a sus respectivos conocimientos, prejuicios o intereses; en consecuencia, su actitud hacia la selva así como su entendimiento de esta difiere tantoque bien podríamos hablar incluso de polaridades: la barbarie o el salvajismo frente a la civilización. Lo curioso de esta última afirmación es que mientras para los personajes «civilizados» (alcalde y visitantes) los salvajes son los shuar, para el autor es lo contrario. Y así se encarga de transmitírnoslo. Lo hace a través de los actos o comentarios de sus personajes, donde con frecuencia se demuestra que quienes conocen la selva, la cuidan y la respetan son los shuar, mientras que los demás no solo ignoran casi todo de ella sino que atentan contra la naturaleza de su hábitat, su gente, sus animales, etc.
Hacia el final de la historia el señor Bolívar necesitará enfrentar a la hembra de un tigrilloenloquecida de dolor por la muerte de sus cachorros y la herida mortal de su macho,secuelasde la intervención de un cazador sin escrúpulos. Este duelo mortal conformará un episodio magistral en esta obra. En ese encuentro, hombre y bestia se comunican en un mismo nivel. Selva, animal y ser humano se perciben en armonía a pesar del inevitable combate. Y esto por oposición al ultraje de las personas foráneasque enfrentanla selva,la atacan y la destruyen innecesariamente, sin analizar o evaluar las consecuencias de su intromisión.
¿Y a qué viene el título de la novela? Difícil de precisar, pero a juzgar por el final de la obra, lo que quiere decir es queel viejose refugia en la lectura para no confrontar la triste realidad de ver el mundo de la selva ─que es el suyo propio─ maltratado y destruido. Además, curiosamente, la reacción de la hembra del tigrillo herido proviene del amor, y su penúltimo acto demuestra la grandeza de ese sentimiento. Aprecio esa escena como si fuera la más notablehistoria de amor que “lee” el viejo. Él anticipa su importancia y su resultado le causará pesar. Podríamos verla como una metáfora de los sentimientos que la selva despierta en él, y el dolor que le causa su destrucción.
Es una novela tan corta que parece un cuento largo en el cual el manejo de la atmósfera selvática es soberbio. En ese ambiente amazónico, aunque la mayoría de los personajes no son shuar, serespirael sentir indígena. Y ese es el tributo de este libro: hacernos identificarnos con los indígenas, impresionarnos con la ignorante invasión de la «civilización», inducirnos a amar la selva, provocarnos el deseo de conocerla más, inquietarnos al punto de desear saber qué hacer para protegerla. La obra sintetiza sus mensajes con tal intensidad que podemos aventurar que si la lee, no la olvidará.
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Apuntes sobre la Amazonía
– La Amazonía es la selva tropical más extensa del mundo y abarca nueve países: Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Surinam, la Guyana y la Guayana Francesa.
– Ha sido denominada como una de las siete maravillas naturales del mundo.
– La Amazonía brasileña posee alrededor de un 63% del total de la Amazonía.
– La Amazonía peruana es una de las regiones de mayor riqueza biológica del mundo porque posee diferentes pisos altitudinales debido a su unión con la Cordillera de los Andes.
– En una hectárea de selva colombiana se cuenta una cifra de especies arbóreas semejante a la que puede haber en todos los bosques templados de Norteamérica.
– La deforestación en la Amazonía destruyó un área casi tan grande como el Reino Unido entre 2000 y 2010.
– Los principales culpables de la deforestación son la tala ilegal, la construcción de carreteras, las industrias minera, agrícola y ganadera, la construcción de presas hidroeléctricas y la perforación y exploración de yacimientos de petróleo y gas.
– Cerca del 80% de las áreas en uso legal de la Amazonía brasileña son utilizadas actualmente para la cría de ganado vacuno. Los desmontes con fines especulativos y para crear tierras de pastoreo para ganado son la principal causa de deterioro y deforestación.
– Las actuales medidas para la conservación del bosque lluvioso amazónico son:
- Rehabilitación e incremento de la productividad de tierras deforestadas
- Expansión de las áreas protegidas
- Desarrollo basado en los conceptos del uso sostenible en algunos de los bosques existentes
- Reforma a las políticas de tenencia de la tierra
- Cumplimiento de la ley
La palabra – Pablo Urbanyi
LA PALABRA
Pablo Urbanyi. Editorial Catálogos, 2013.
Pablo Urbanyi nació en Hungría en 1939, país del que emigró a los siete años de edad para radicar en Argentina. En 1977 se vio obligado a vivir en el exilio y así terminó instalándose en Canadá, Ottawa. Ha escrito trece libros en la lengua castellana, algunos traducidos al inglés, francés y al húngaro, entre los cuales se destaca Silver ya que fue finalista del Premio Planeta, Argentina.Obtuvo también el Premio Somos 2004, reconocimiento a la Expresión Literaria, Latin American Achievement Awards entre otras menciones de honor. La palabra es su última obra, presentada públicamente en octubre de 2013 en la UNAM.
Una novela valiente, tenebrosa e inteligente. El doctor Ricardo Ignacio Palmatieri ─protagonista de la obra─ se enfrenta con su probable muerte, episodio crítico de sus días en que hace una revisión honesta y descarnadade su vida. Siendo la muerte un tema tabú en la sociedad occidental de donde se le expulsa de la vida cotidiana ocultándola e ignorándola, debemos otorgar a este escritor un primer reconocimiento por su atrevimiento a confrontarla. El valor del libro se ve duplicado cuando se sospecha que la aparente novela podría ser en parte la autobiografía del autor, y hasta una forma de decirnos adiós. Pablo Urbanyi es un hombre que piensa, que tiene el coraje de escribir sobre los hechos tal cual los ve y los evalúa, que es capaz de compartir sus debilidades, sus frustraciones y sus anhelos perdidos aunque para eso use al doctor Palmatieri y este a su alter ego el Hungarito para expresarse. Una joya de libro si consideramos ─como dice el protagonista─que las palabras nos permiten entrar en el interior de un ser, compartir su intimidad, esa profunda realidad que tan celosamente nos escondemos los seres humanos los unos a los otros. No es una obra para divertir, no es una obra que provee entusiasmo, alegría ni emociones vivificantes, a pesar de que el humor nos ayuda a transitarla. Es una obra para meditar, para reflexionar, para conectar al ser humano con el drama de su existencia, su soledad y su falsedad. Si de emociones se tratara, nos trasmite resquemor, pesadumbre, desconcierto y perplejidad.Hay que estar preparados para leer una novela así.
El doctor Palmatieri es un célebre profesor nacido en Argentina, exiliado a raíz de ciertos acontecimientos políticos ocurridos en dicho país. Se refugia inicialmente en Estados Unidos de donde pasa a residir en Ottawa, Canadá. Allí trabaja como chairman del Departamento de Español de la Universidad de Ottawa. Da la vuelta al mundo dando conferencias sobre lingüística, se le reconoce internacionalmente, y podría considerársele un hombre exitoso. Un día, sin embargo, decide volver a Buenos Aires, cansado de una vida que le parece falsa, ya que siente que anda corriendo detrás de un estatus sin saber si eso es lo que realmente desea para su vida. Una vez en Argentina no solo no obtiene el puesto de investigador que había aceptado con carta certificada sino que es internado en un sanatorio. Desde su cama de enfermo hace un balance de su vida.
Las reflexiones del doctor Palmatieri tienen mucho de sarcasmo, de autocrítica, de búsqueda. Se pregunta dónde están las cosas que perdió, si las tuvo alguna vez, quién es él, de qué le sirvieron tantas palabras. Siente un vacío que lo amenaza, no sabe si vivió, no sabe qué es la vida, no se ubica. Echando mano a la burla y al humor negro despliega una ácida crítica de la sociedad norteamericana en particular (su comida, o más bien su falta de culinaria, su creencia de que los grandes problemas de la vida personal se pueden resolver con cursillos semanales o películas cortas, su predisposición a explicarlo todo con estadísticas, su hipocrecía, su ignorancia, su intolerancia a la diferencia, la califica como un lugar cruel donde los seres humanos no se reconocen ni se escuchan ni saben si existen, donde reina la mentira y el miedo) y de la sociedad capitalista en general (que define a los seres humanos por su afán de comprar, su necesidad de ostentar, de acumular dinero aunque tengan que aplastar a los demás o humillarse para obtenerlo, es decir que los desaparece convirtiéndolos en clientes y consumidores, adorándose a sí mismos a través del dinero). Muy interesante. ¿Y sus bemoles? En más de una oportunidad se refiere a la homosexualidad innecesariamente, con el solo afán de insultar a quienes llama maricones. Reniega de las feministas y no deja bien parada a ninguna mujer. ¡Qué triste imagen de nosotras señor Palmatieri! ¿Le tocó lidiar con la peor parte? ¿No estaba listo usted para la revolución femenina? ¿O realmente no ve usted mujer digna de su respeto? A pesar de todo usted anhelaba encontrar a una mujer, ¿verdad?, tal vez hecha a su medida pero esa esencia le faltaba, el amor de una mujer que lo renovara. Usted no puede esconder el deseo varonil de la ternura. Hermoso.
Si este personaje es provocador, peor lo es el Hungarito. Este dice todo lo que ni el doctor Palmatieri se atreve a expresar. Difícil no ver en el doctor Pamatieri y en el Hungarito al alter ego de Pablo Urbanyi. ¿Dos alter ego? Sí, uno que se parecería mucho a él y otro que llevaría al extremo todas sus osadías, rechazos y temores. O, como dije al comienzo, el Húngaro podría ser el alter ego del doctor Palmatieri, da lo mismo.
Hablemos ahora de la forma. Este libro está escrito con un lenguaje culto, un vocabulario exquisito y altamente apropiado, con pocas imprecisiones de orden gramatical. Técnicamente es interesante porque se desliza en los tiempos de una vida que ocurre en diferentes ambientes ─sin restringirse a la línea temporal que podría exigir esa historia─ cuando al fin y al cabo todo ocurre en el lecho de muerte y los recuerdos del protagonista. Este recorre esos espacios temporales y físicos, yendo y volviendo de ellos como lo dictan sus emociones, sus ansias, sus dudas, sus decepciones y sus dolores. Un enfoque realista. El único peligro de esta aproximación tan natural ─y a mi modo de ver es aquí donde radica la mayor debilidad de esta novela─es que no intenta codificar este proceso para que el público lector lo entienda con cierta facilidad. Esto se percibe desde el primer largo párrafo que escribe el autor ya que allí aparece media docena de personajes, además del protagonista, sin que quede claro dónde está este o por qué, se ubica en el presente al igual que en el pasado, en el mundo externo así como en el interno, hace preguntas incoherentes, etc. ¿Por qué hace esto Pablo Urbanyi? ¿Sacrifica lectores por autenticidad? ¿Le interesa más el monólogo que la comunicación? ¿La complejidad antes que la simplicidad? ¿Es su manera de retar al lector?
Les dejo dos informaciones adicionales que son importantes. La primera, en la novela hay dos personajes que supuestamente van a escribir la biografía del doctor Palmatieri: Enrique, un discípulo argentino, y el Hungarito, un colega y compatriota argentino. La segunda, el título del libro viene del hecho de que el doctor Palmatieri ha coleccionado durante su vida una palabra en miles de idiomas y dialectos, incluyendo lenguas muertas, una palabra que siempre quiso gritar sin atreverse a hacerlo. Ya verá usted cómo este libro responde a ese afán si se anima a leerlo. ¿Se atreverá usted?
Pecados inmortales – Juan Roberto Salcedo
PECADOS INMORTALES
Juan Roberto Salcedo. Editorial Planeta Colombiana, 2012.
Juan Roberto Salcedo nació en Florencia, Colombia y reside actualmente en Ottawa donde ha vivido la mitad de su vida. Es médico especialista en medicina interna y cardiología. Se hizo acreedor de un premio con su relato «El pueblo embrujado» en un concurso patrocinado por el Consulado General de Colombia en Montreal por iniciativa de la cónsul Martha Lucía Piñeros de Camacho. Pecados inmortales es su primer libro.
Pecados inmortales es un libro que combina diferentes momentos y espacios concertando una altísima belleza poética, una intensa reflexión filosófica y teológica en búsqueda de respuestas, una íntima confesión de sentimientos personales y un despliegue de convicciones ajenas al status quo. Técnicamente el libro es complicado porque está fragmentado. Consta de un fabuloso cuento, un diario corto, una obra de teatro, un cuento cortísimo y una historia personal que pretende ser el hilo conductor, aunque me temo que se queda en el intento. Cada segmento tiene su estilo propio.
El cuento inicial desborda de estética e imaginación, y constituye la mejor parte del libro literariamente hablando. Si la novela tuviera que reducirse a esta primera cincuentena de páginas tendríamos que reconocer en esas hojas un gran valor creativo y lírico, así como la utilización de un vocabulario exquisito empleado con toda precisión. Esas páginas bastarían para confirmar el talento de Juan Roberto Salcedo como escritor. El autor no solo ama las palabras sino que ─parafraseando lo que dice hacia el final a propósito de un personaje que se le parece─ «juega con las palabras […] las recoge y combina sus ritmos, haciendo contrastes de colores, matizando la tenuidad de sus luces» (p. 264-265).
Salcedo sabe cómo hilar temas muy diferentes y llevarnos mágicamente a otros lugares a través de puentes invisibles contribuyendo así al interés de la lectura, pero si tuviera que enriquecer en algo ese primer capítulo moderaría la destemplanza con que transita de un tema a otro. Además preguntaría: ¿se puede decir que un texto se excede en arte?, ¿se puede decir que tanto encanto o atractivo pueden embriagar al lector impidiéndole proseguir fluidamente a través de las palabras ya que está constantemente invitado a ilustrase con la terminología, a descifrar metáforas, alegorías y toda suerte de figuras que invaden cada hoja del libro? Si así fuera puede que Juan Roberto Salcedo se haya excedido en hermosura. Cito como prueba unas líneas que se dejan ver más tarde y que parecen poesía dentro de la novela:
«Gracias […] por dejarme oír el ruido de la Luna cuando sale y percibir la amalgama de colores que tiene la noche en sus soledades […] las huellas que el viento impregna sobre las rocas y por el zumbido de luz que derramas sobre las flores y, en especial, por los éxtasis ensordecedores de silencios» (p. 142-143)
Para quienes se interesan en el tema de ese capítulo el protagonista es Alejandro Amaral cuyo padre, Santiago Amaral, acaba de morir. Este último al enamorarse de Virginia Hernández la persigue y le cuenta la increíble historia de su pueblo, un lugar que parece encantado porque allí se relataban incansablemente historias fantasiosas, exageradas, descabelladas, falsas o imposibles como recurso para vencer el aburrimiento. El pueblo parece embrujado. La narración también.
El diario corto que le sigue lo escribe una mujer que nunca se identifica y que, lejos de tener una personalidad definida, se asemeja al narrador omnisciente que hasta allí hemos conocido ya que utilizan las mismas cadencias al narrar. Después descubriremos que ella se parece más aún a Alejandro, no solo por estilo de hablar sino por el análisis que hace de la vida a través de su interior y su pasado.
Los siguientes capítulos nos presentan al protagonista, Alejandro: su nacimiento, sus primeros años, sus abuelos, sus sentimientos, sus experiencias amorosas, su búsqueda interna, su deseo de morir, su internado en un monasterio, su experiencia universitaria. Una vez más el narrador y Alejandro parecen ser uno; hablan con belleza y hondura ciertamente, pero sin mucha diferenciación entre ellos. Mi impresión es que estamos frente a los alter ego del autor, hablan parecido porque en el fondo son él, como Alejandro mismo dice: escribir es «descubrir la intimidad de uno ante otros; por más que uno quiera ocultar los sentimientos estos salen a flote» (p. 188).
Luego llega la pieza teatral con una entrada algo forzada. Esto hace sospechar que el autor buscaba un pretexto para introducirla en el libro. ¿Habrá sido un escrito completado en el pasado y guardado en algún archivo hasta que aquí encontró la posibilidad de cobrar vida? El texto semeja a un auto sacramental y su contenido pareciera ocupar un inmenso espacio en el interés del protagonista a juzgar por el abismo al que se asoman sus reflexiones. No parece de esta época, ni creo que podría montarse exitosamente en un espectáculo debido a la complejidad de su temática; incluso por escrito cuesta mucho seguirla. ¿Su argumento? Daniel habla con Dios, interlocutor que nunca responde. Se trata entonces de un monólogo donde Daniel habla de su soledad, de sus tentaciones y busca anhelante comunicarse con un Dios cuya existencia llega a cuestionar. ¿No se parece Daniel a Alejandro? Temo que sea un tercer alter ego. En otra escena Daniel hará preguntas que serán contestadas por el Loco y el Mudo. El Loco será agresivo y hasta blasfemará; el Mudo será sabio y propondrá un cierto equilibrio. Citaré al autor y haré míos nuevamente extractos de un diálogo que Alejandro sostiene con Cristina ─la compañera con la que conversa sobre sus escritos─: «Este es un libro sin cabeza ni pies. No tiene un argumento conciso. Es un cúmulo de pensamientos disgregados.» (p. 157), «[lleno] de términos rebuscados y exageraciones en un diálogo extraño» «…tengo un lenguaje un tanto ampuloso… muchas veces me he intoxicado de belleza […] cuento cosas descabelladas, desatinos que no entiendo ni yo mismo […] mis oscuridades son intensas. […] Mi libro no es creíble» (p. 244-245). A lo que yo añadiría: no es inteligible, inteligente sí, pero tal vez demasiado inteligente. ¿De qué nos habla realmente?, ¿del conocimiento?, ¿de la fe?, ¿del silencio?, ¿de la sabiduría?, ¿del amor?, ¿del destino?, ¿de la felicidad?, ¿del vacío?, ¿del deseo de descubrir? Es difícil discernir cuál es el tema principal de los secundarios. Lo único que queda claro es que hay una búsqueda, pero no se puede precisar exactamente de qué. La contraportada del libro dice que este se inscribe en la literatura del autodescubrimiento pero juzgo que va más allá. La prueba está en dicha dramaturgia dedicada más a Dios que al hombre, ubicada más cerca de la filosofía que de la psicología. Es, sin duda, el trozo más complicado de esta novela y el que probablemente alejará a los lectores que buscan solaz en la lectura. No es a eso a lo que nos invita el libro sino a pensar, a reflexionar sobre algunas de las grandes incógnitas de la vida.
Aunque el tema del pecado aparece como un tormento permanente, no puedo aventurar por qué el libro se titula Pecados inmortales ni mucho menos por qué la carátula nos muestra una mujer desnuda siendo el protagonista un hombre y sus cuitas más bien filosóficas y místicas. La combinación de ambos ─título y portada─ abre la posibilidad de que sea una decisión de mercadeo. No la más acertada para un libro tan trascendente.
Si va a leer este libro hágalo rodeado de silencio, con sosiego, con tiempo y con la mente lista para ausentarse de este mundo. Para entenderlo, vuélvalo a leer intensificando estas mismas condiciones.
¿RECOMENDARÍA LEER ESTA OBRA?
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¿Quién mató a Palomino Molero? – Mario Vargas Llosa
¿QUIÉN MATÓ A PALOMINO MOLERO?
Mario Vargas Llosa. Seix Barral, 1986.
Mario Vargas Llosa, novelista, ensayista y dramaturgo, nacido en Perú el 28 de marzo de 1936. Ha recibido alrededor de un centenar de premios y distinciones. ¿Quién mató a Palomino Molero? fue publicado en 1986, y desde entonces ha sido traducido a diecinueve idiomas.
¿Quién mató a Palomino Molero? es una obra inspirada en un hecho real acontecido en Perú allá por el año 1978, y que invitó a Vargas Llosa a trabajar en un género que no le es propio: la novela negra o policiaca. ¿Pero qué categoría literaria le es propia a este autor? Veamos su evolución: sus primeras tres novelas tocaron temas políticos y problemas sociales, enseguida ingresó al ámbito humorístico y al autobiográfico, después retomó la seriedad escribiendo una novela histórica para sorpresivamente tocar temas eróticos, y con posterioridad regresar a varios de los enfoques literarios ya mencionados. Así visto no es posible entonces encasillar a Vargas Llosa en ningún género literario. Es más, tampoco podríamos decir que lo policiaco le es estrictamente nuevo ya que algunas de sus novelas cuentan con elementos de criminalística. La ciudad y los perros, por ejemplo, trata de la muerte de un cadete en el colegio militar Leoncio Prado. En Conversación en la Catedral un periodista escudriña para entender un asesinato que involucra a su familia. Sin embargo, en ¿Quién mató a Palomino Molero? hay una particularidad: Vargas Llosa elabora más el aspecto de la investigación criminal lo que, a mi modo de ver, constituye el primer valor de esta obra.
Antes de elaborar más en otros aspectos de contenido o estilísticos, introduzcámonos en la temática de la novela. La trama consiste en la investigación del homicidio de un avionero que trabajaba en una base militar de la ciudad de Talara, en el norte de Perú. El cadáver encontrado da muestras de un asesinato brutal pero no ofrece ninguna pista acerca de quién podría haber cometido tan horrendo crimen. Dos investigadores, el teniente Silva y el guardia Lituma,miembros de las fuerzaspoliciales de Talara,se encargan de hacer las averiguaciones para resolver el misterio. En este intento descubren que el crimen está relacionado con miembros de la Base Aérea. Paralelamente se desarrolla un relato secundario que da cuenta del deseo del teniente Silva de poseer a una mujer casada, en sobrepeso y mayor que él ─ al punto que podría haber sido su madre. Esta mujer lo rechaza sistemáticamente hasta que esa historia alcanza su propio desenlace.
Vuelven a aparecer en esta novela tres de algunos de los temas recurrentes en la obra de Vargas Llosa: los militares, los prejuicios sociales y un prostíbulo. Los militares ocupan un lugar protagónico, los prejuicios constituyen la base de la historia, y el prostíbulo es anecdótico. El protagonismo de los militares, sin embargo, es triste, como suele suceder en la obra vargallosiana. En este caso los militares se ven envueltos en un crimen sustentado en la discriminación y acompañado de corrupción. No todos los uniformados pierden: la policía representa el lado de la justicia, la honestidad y el cuestionamiento de la marginalización. Es bueno recordar la existencia de estos prejuicios raciales en un país que, como Perú, no ha terminado de reconocer el grave problema de racismo que cubre todo su territorio.
Es decir, que la tal novela policial no lo es realmente; en el mejor de los casos se diría que esta obra es una novela híbrida que combina lo policial con la denuncia de severos problemas sociales. No ha faltado quien diga que si de eso se trataba, Vargas Llosa habría fracasado en todo porque no logra crear ni un buen ambiente policiaco ni presentar o examinar a fondo ningún problema social. Cierto. No es una novela que elabora en ninguna de estas dos áreas sino que pasa a través de ellas con cierta ligereza.
En cambio, la obra es fascinante. ¿Por qué? Lo atribuyo a dos hechos. Uno, el haber logrado lo que Vargas Llosa buscaba al escribir esta historia. Y dos, a la técnica de su escritura. Detengámonos en el primer punto por un momento. Vargas Llosa mismo lo ha dicho: él nunca intentó escribir una novela policiaca. ¿Qué es lo que pretendía entonces? En mi interpretación el autor quería utilizar este crimen y la aproximación detectivesca para hacer que el lector quede inquieto, hacerlo participar de alguna manera en la trama, que al terminar el libro este quede con la sensación de necesitar intervenir en una sociedad que no marcha bien. Más aun, parece que consciente de no ser experto en el género prefirió romper sus leyes. ¿Y cuáles son las reglas de la novela policiaca? Lassiguientes: cuenta con un orden social, este orden es infringidomediante un crimen,aparecen el detective o los detectives encargados de desenmascarar el misterio y hacia el final lo logran, restaurando así el orden perdido de acuerdo a la moral establecida en nuestras sociedades. De estos cinco pasos Vargas Llosa cumple apenas con tres. La trama parece desenredarse muy pronto, antes de la mitad del libro, aunque la verdad no queda del todo destapada ni al terminar la obra; mucho menos se le deja al lector la sensación de haberse logrado justicia sino todo lo contrario. Estaríamos entonces frente al género antipoliciaco donde más importante que el suspenso y las técnicas de investigación es el hecho de que un crimen quede impune. Esto, ligado al interés de Vargas Llosa de denunciar la violencia, la discriminación y la corrupción militar, se vuelve un solo objetivo. ¿Y qué rol cumple la historia que relata, a través de toda la obra, la atracción sexual que vive el teniente Silva? Justamente desmitificar al detective, hacer que el lector se acerque más a la realidad.
La segunda explicación del éxito de esta obra reposa en las técnicas literarias del autor, las cuales hacen un trabajo de hipnotismo literario. Expondré solo un ejemplo, de lo más elocuente sin embargo: el enfoque del narrador con sus más refinados secretos. Para explicar esto escogí al azar una página del libro (la primera del capítulo III) y observé lo siguiente: el autor abre un diálogo que más bien es un monólogo (el teniente Silva habla con Lituma pero este no le contesta); enseguida el narrador entra en la mente de Lituma para describir lo que piensa y observa; de pronto sale de ella y el que escribe es el narrador omnisciente; este hace preguntas; dice que Lituma no tiene las respuestas; intentando explicar el problema, cita un diálogo entre Silva y Lituma ocurrido en el pasado como prueba de veracidad (una frase no escrita previamente); pasa a la descripción mirando hacia otro lado (un tercer personaje es aludido); vuelve al diálogo actual y menciona el contexto de ese encuentro (tanto presente, como el de las expectativas mediatas e inmediatas). Es decir que el narrador aparece y desaparece, y cambia de formas de narrar a su antojo. ¡Y todo esto en solo una página! Estamos frente a un escritor mayor, dueño de un alto tecnicismo al escribir, de ahí la atracción de su narrativa. No gratuitamente Vargas Llosa fue ganador del Premio Nobel de Literatura en el 2010.
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Señores, ¡yo no me dedico a eso! – Antonio Llaca
SEÑORES, ¡YO NO ME DEDICO A ESO!
Antonio Llaca Busto. Editorial Horizonte C.A., 2013.
Antonio Llaca nació en La Habana, Cuba en 1953. Médico cirujano, activista político y sindical, despliega sus dotes de escritor en la revista Desafíos ─medio informativo de la organización Solidaridad de Trabajadores Cubanos (STC)─ escribiendo desde Venezuela, país al que había emigrado. Escribe posteriormente artículos de opinión y trabajos literarios que se publican en diferentes países tales como Venezuela, Estados Unidos, Costa Rica, Argentina, Suecia, España, etc. Señores, ¡yo no me dedico a eso! es su primera novela recientemente presentada en el local de la Universidad Nacional Autónoma de México en Hull, Canadá.
Los libros ─como cada persona─ tienen la posibilidad de introducirnos a mundos simples, cultos, sofisticados, humorísticos, fantasiosos, realistas, etc. con un manejo del lenguaje que se pasea por todo lugar, no teniendo límites cuando de estilo se trata. Lo que Antonio Llaca nos ofrece en Señores, ¡yo no me dedico a eso! es espléndido: un viaje a La Habana ─permitiéndonos acercarnos a su historia e identidad─, una mirada profunda a la condición de ser mujer, la inspección de los monumentos de la Habana y referencias a la obra de García Lorca, la observación de algunos experimentos sociales cubanos y un vistazo a la relación entre Constitución, sistema legal y justicia en Cuba. Bastante más de lo que podría esperarse de un escritor no célebre.
La obra trata de un juicio realizado en el Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana contra Martica, una hermosa mujer acusada de jineterismo (prostitución), escándalo público, actividad económica ilícita, ocupación ilegal de una vivienda, etc. El juicio nos es presentado etapa por etapa poniendo al descubierto todas las triquiñuelas con que viene envuelto un tal proceso.
La Habana se nos presenta por medio de un lenguaje natural, lleno de regionalismos que capturan con frescura el modo de ser cubano y que no despistan al lector ya que se le ofrece al pie de página sus significados en español castizo. Aparecerán así su modo de transporte, sus viviendas, sus creencias, su economía, los ciudadanos más pintorescos, sus turistas, etc. creando la impresión de estar adentrándose a la idiosincrasia de La Habana.
La descripción de los monumentos cubanos aporta la sensación de estar caminando por las calles habaneras, y las referencias a la obra de García Lorca amplían la mirada hacia el mundo. Aparecen así la estatua de José Martí, de Cristóbal Colón, de Neptuno, de la Giraldilla, las que decoran el Capitolio de La Habana, la fuente de las Ninfas, de la India, de los Leones, etc. tanto en fotografía como en los detalles de su construcción, y se insertan en el texto de una manera tal que casi no interrumpen el discurso. Mostrando un gran apego por la obra de García Lorca cita oportunamente la Yerma, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, etc. Ambas decisiones contribuyen a hacer de la lectura de este libro un deleite.
El lenguaje utilizado por el autor es apropiado, rico, sin afectaciones innecesarias y responde en general a una gramática adecuada. No está exento de errores ─como casi ningún libro que no haya sido revisado por un editor profesional lo está─ pero son descuidos menores que no afectan el evidente refinamiento de la prosa de Antonio Llaca. Más notorio e inconveniente, a mi particular parecer, es el hecho de que el autor escriba respetando las reglas de ortografía tradicionales en lugar de las modernas. No podemos señalar esto como una falta, de ninguna manera, hace solo cuatro años que se han cambiado las reglas ortográficas de nuestro idioma (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa, 2010).Estimo que la asimilación de estas nuevas normas tomará al menos una nueva generación. Sin embargo, son justamente los editores, los periodistas, los profesores de español, los escritores, etc. quienes deben estar a la vanguardia de los cambios en el uso de la lengua y asumir la responsabilidad de difundir el actual manejo de nuestro idioma. Puede que nadie más lo advierta pero ese es justamente el problema: que nadie se entere de los cambios acordados por las Academias. ¿Algunos ejemplos de las novedades en el uso del español? La eliminación de la tilde en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos (este, esta, aquella, etc.), la escritura de los prefijos que deben aparecer unidos a la base (ex, pre, pro, super, etc.), la prescindencia de la mayúscula en las profesiones u oficios (juez, fiscal, abogado, ministro, presidente, etc.).
Sobre el estilo narrativo podríamos decir que hay agilidad, autenticidad, vida, energía, etc. Es un libro que se leerá velozmente, de esos que capturan por su dinámica. Sin embargo, el autor debería tal vez ─y solo a veces─ frenar tanto ímpetu y echar mano de los puntos seguidos para permitir pausas al lector, y ayudarlo así a seguir una lógica que de tan larga y compleja suele perderse en el camino. Hay párrafos de una extensión con la que es difícil lidiar; porejemplo, el iniciado en la página trece y terminado hacia el final de la página catorce sin un solo punto de por medio a pesar de que empieza hablando del juicio de Martica y termina disertando sobre Cuba y el socialismo.
No quisiera terminar estos comentarios sin hacer una mención a la portada de libro, inspirada en el Interrogatorio, extraordinaria obra de Nicolay Bessonov, y al sobresaliente prólogo escrito por María B. Rivadulla quien enmarca la obra en el sentir cubano, y subraya el rol de la mujer cubana antes de la revolución y después de esta. Hace referencia en particular a las llamadas escuelas del campo y al jineterismo ya que ambos fenómenos sociales tocarán la vida de la protagonista.
Es con una inmensa complacencia que descubrimos y presentamos a Antonio Llaca como un nuevo escritor latino-canadiense en la región Ottawa-Gatineau. Invitamos no solo a los cubanos sino a todos los latinoamericanos a leer este libro que tanto dice de la peculiar manera de ser de nuestras sociedades. Antonio Llaca tiene todas las cualidades de un buen escritor: desborda cultura, observa, investiga, mezcla realidad con ficción, tiene humor, no tiene miedo a experimentar, logra dar vida diferenciada a personajes diversos, despierta la curiosidad, consigue elaborar una trama alrededor de una temática central, sabe conectarse con el lector; en fin, cuenta con todas las herramientas para hacer de la literatura lo que debería ser: un arte.
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